lunes, 21 septiembre 2020 0:01

Bayreuth espera entre andamios el “Anillo” del 200 aniversario de Wagner

La fachada del viejo teatro sobre la Verde Colina de la ciudad bávara, cuya piedra fundacional ordenó colocar Wagner en 1872, está siendo restaurado, entre toldos que reproducen el edificio original, a cinco días de la apertura de la temporada.

Ahí culminará, como cada año, la peregrinación de devotos del compositor, encabezados por la canciller Angela Merkel -fiel al festival desde sus tiempos en la oposición- y neófitos como el presidente del país, Joachim Gauck.

Que no se haya conseguido renovar la fachada a tiempo para una temporada en que se cumplen 200 años del nacimiento de Wagner (Leipzig, mayo de 1813) y el 130 de su muerte (Venecia, febrero de 1883) es algo que Bayreuth asume sin complejos.

La historia del teatro fue y es convulsa, desde que el compositor logró convencer a su mecenas, Luis II de Baviera, el Rey Loco, de que era el mejor lugar del mundo para escuchar sus óperas.

Ahí inauguró Wagner su primer festival, en 1876, y así se ha perpetuado el culto a sus óperas en tiempos de paz o de guerra, incluidos los años de sumisión entusiasta de los herederos del compositor al Tercer Reich de Adolf Hitler.

Un par de toldos no van a disuadir a quienes esperan hasta seis años para lograr su entrada, menos aún en este Año Wagner 2013.

La apertura será con la reposición del “Holandés errante”, dirigida por Christian Thielemann, a lo que seguirá el estreno del “Anillo del Nibelungo”, con escenografía de Frank Castorf, Kirill Petrenko a la batuta y Aleksandar Denic como responsable del diseño.

Castorf acude con su sello de provocador, tras fracasar los intentos por llevar al festival a los cineastas Wim Wenders y Tom Tykwer.

Katharina Wagner y Eva Wagner-Pasquier, nietas del compositor y codirectoras de Bayreuth, convencieron al dramaturgo berlinés y éste respondió con una apuesta que, como explica en el diario Der Spiegel, tal vez no sea el nuevo “Anillo del Siglo”, como se etiquetó en 1976 al de Patrice Chérau y Pierre Boulez, pero dará que hablar.

Castorf, de 62 años, hace desfilar la tetralogía desde un motel tejano con gasolinera -en “El oro del Rin- a Baku, capital azerí, a las cordilleras de Dakota del Sur, en las piezas siguientes.

El dramaturgo, acostumbrado al Berlín donde se le consiente todo, ha tenido problemas para encajar en la tradicionalista Baviera.

Bayreuth funciona con normas “propias de funcionarios de Correos” y bajo esquemas que semejan los seriales televisivos, bajo reglas propias de la Alemania comunista, lamenta el director en Spiegel.

Las críticas de los artistas son la constante desde tiempos de Wolfgang Wagner, mandamás del festival durante medio siglo, quien ahuyentó con sus ataques de ira a la mezzosoprano más wagneriana y bávara, Waltraud Meier.

Estas situaciones suelen ser la comidilla de los entreactos del festival -una hora de reloj-, que este año presuntamente se repartirán entre comentarios al “Anillo” y a los andamios.

Todo ello cuadra en un festival que tiene hasta seis aspirantes por cada una de las 1.974 plazas del teatro, a lo largo de las 30 galas que la temporada -del 25 de julio al 28 de agosto, este año-.

Bayreuth debe incrementar la venta de entradas -un 67 %, según explicó a Efe Peter Emmerich, su jefe de prensa- y reducir el cómputo de invitados, ya que la crisis hizo mella en los aportes públicos.

El festival rinde cuentas a sus donantes públicos -Gobierno federal, Land de Baviera y la ciudad de Bayreuth-, y a la Sociedad de Amigos de Bayreuth, que exigen transparencia a las Wagner.

La reforma costará unos 50 millones de euros, entre la renovación de escenarios y los espacios dedicados a los ensayos, que la orquesta se ve obligada a hacer en el restaurante vecino al teatro.

Desde 1876, Bayreuth ha sido reformado repetidas veces, pero mantiene el esquema original de representar en exclusiva las óperas de Wagner y de abrir cinco semanas al año, lo que limita la capacidad recaudadora por venta de entradas.

Por Gemma Casadevall