viernes, 25 septiembre 2020 6:37

Los vestigios del poder de los Omeyas

Hoy día, el yacimiento arqueológico, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1923, se encuentra en una fase de restauración de las zonas excavadas, que tan solo representan el 10 por ciento de toda la extensión de la ciudad, según ha explicado a Efe el director del conjunto arqueológico, José Escudero.

La ciudad la fundó el primer califa de Al-Ándalus, Abderramán III, de la dinastía Omeya, en el 936, siete años después de proclamar el Califato de Córdoba, el de mayor esplendor político, social y económico de la España musulmana y que hizo de Córdoba la ciudad más avanzada de su época.

El principal motivo de su fundación corresponde a las necesidades “políticas e ideológicas”, aclara Escudero, ya que Medina Azahara se convertiría en la sede del gobierno y la residencia del califa.

El esplendor de la ciudad quedó reducido a ruinas menos de cien años después de su construcción al ser “destruido y saqueado durante la guerra civil que puso fin al Califato de Córdoba en 1010”, saqueos que perduraron con la reconquista cristiana y con el “auge elitista” siglos después.

Escudero asegura que los ricos materiales de Medina Azahara fueron utilizados en construcciones tan emblemáticas como la Giralda y el Alcázar de los Reyes Cristianos de Sevilla, mientras que otras piezas también pasaron a formar parte de colecciones privadas y hoy día se pueden encontrar en los catálogos de prestigiosas casas de subastas internacionales.

No fue hasta 1911 cuando comenzaron las primeras excavaciones de la ciudad a cargo de Ricardo Velázquez Bosco, en aquel entonces arquitecto conservador de la Mezquita de Córdoba y que “buscaba en Medina Azahara datos y materiales para reconstruir las portadas de la hoy catedral cordobesa”.

Hasta su muerte en 1923 se logró excavar la residencia real -en la parte más alta de la ciudad-, una serie de zonas dentro del Alcázar y se llevaron a cabo unas catas de norte a sur para delimitar el perímetro de la ciudad.

En ese momento, se creó una comisión cuyo miembro más activo fue Félix Hernández, el “gran excavador” de Medina Azahara, quien logró extraer la parte central del alcázar y acometió las importantes restauraciones del Salón Rico o de Abderramán III, quizás hoy la zona más emblemática del palacio.

Tras 65 años de excavaciones se lograron descubrir cerca de 200.000 metros cuadrados del yacimiento y a partir de entonces las labores, a cargo del arquitecto Rafael Manzano, se centraron en las restauraciones de edificios.

En 1985 la Junta de Andalucía asumió la titularidad y gestión de Medina Azahara y comenzó una fase de actualización y modernización del yacimiento, sin acometer nuevas excavaciones, para adecuarlo a las necesidades museísticas de hoy.

El punto de inflexión respecto a la internacionalización de Medina Azahara llegó en el 2011 con la exposición “El esplendor de los Omeyas cordobeses”, que fue inaugurada por los reyes de España y el presidente de Siria, Bashar al-Asad.

Fue la primera vez que casi trescientas piezas procedentes de numerosos países como España, Qatar, Jordania, Francia, Arabia Saudí, Siria, Marruecos, Túnez, Gran Bretaña, Alemania y Kuwait, entre otros, se mostraron juntas en un espacio que se situó en el mismo contexto cultural e histórico que los objetos expuestos.

Desde entonces, los gestores del yacimiento trabajan para lograr la declaración de Medina Azahara como Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco, aunque existen diversos obstáculos que hacen inviable el reconocimiento por el momento.

La presión urbanística a la que ha sido sometido el yacimiento, con la proliferación de numerosas parcelas ilegales en su entorno, parece controlada con la delimitación de la zona BIC, por lo que la “protección está garantizada con la legislación vigente”, asegura Escudero.

El yacimiento ya cuenta con las infraestructuras básicas de accesos y museísticas que lo hacen atractivo para el visitante, mientras que el principal objetivo es finalizar las restauraciones y conservaciones de los edificios emblemáticos, como el del Salón Rico, antes de iniciar una nueva fase de excavaciones.

Quizás la futura Ley de Mecenazgo que prepara la Junta de Andalucía pueda abrir la puerta a la inversión privada que permita acelerar la recuperación del símbolo del poder Omeya y que Medina Azahara pueda ser de nuevo centro cultural del mundo.

Por Luis Ortega