jueves, 1 octubre 2020 4:41

Melody Gardot hace salir el sol en la noche de Vitoria

De nuevo el sonido ha sido brillante en esta velada del Festival de Jazz, un sonido que ha conseguido una extraña proximidad a pesar del tamaño del recinto y que por momentos ha conseguido poner los pelos de punta al público que llenaba el pabellón de Mendizorroza.

La música que ha sonado durante más de hora y media está concebida como un todo, con precisión y atención al detalle. Ha destacado una sección rítmica excepcional (percusión y contrabajo) a la que se sumaban una guitarra, vientos, su piano y esa voz extraordinaria.

La voz de esta mujer emociona incluso cuando habla, pero cuando canta consigue la atención instantánea del público. Melody Gardot es una de esas personas cuya vida ha sido tan dura que parece increíble que a día de hoy sea capaz de componer, cantar o subir a un escenario y transmitir tanta serenidad.

Como es sabido, sufrió un accidente a los 19 años que la tuvo meses convaleciente y cuyas secuelas son patentes todavía hoy. Para entonces ya tocaba el piano en clubes de Filadelfia pero fue durante su recuperación cuando se acercó al jazz.

La actitud de esta artista y su idea de lo que representa su música se entiende mejor en sus propias palabras, cuando dice que para ella hay dos tipos de música: “la que se precipita fuera de ti y la que se asienta y te deja acercarte a ella”. Esta es la que prefiere.

Por otro lado, junto a sus referencias latinas, asoma también el blues, tocado un poco a la manera de Tom Waits, con preciosismo y un ritmo espectacular.

Jacky Terrasson ha ofrecido un concierto de menos a más, basado en la estructura de piano (o teclado), contrabajo y batería, a los que se añadían los vientos a veces o la voz de Cécile McLorin Salvant en ciertos temas.

Son los músicos con los que grabó su disco “Gouache” en 2012. Una formación clásica de jazz, con el clarinete de Michel Portal y la trompeta de Stephane Belmondo.

Aunque el disco contiene canciones pop, de Lennon, por ejemplo, o de Amy Winehouse e incluso se ha arrancado con “Bésame mucho”, ha sido el concierto más abiertamente “jazzy” del festival hasta ahora. Y es que la interpretación de los temas, a veces próxima al hard-bop contrastaba con la sencillez de las melodías.

Ha sido muy destacable la voz de Cécile, por su manera de interpretar que podía evocar la delicadeza de Billie Holliday, incluso cantando en francés.

Sin embargo el concierto ha pecado de excesivamente largo (casi hora y tres cuartos) teniendo en cuenta lo exigente de la música que proponía, sobre todo cuando los vientos participaban.

La trompeta de Tomm Harrell quintet y sobre todo el saxo del gran Branford Marsalis con su cuarteto protagonizarán la noche del viernes en Vitoria.

Pablo Madariaga