jueves, 1 octubre 2020 4:39

Depeche Mode o el tecno-pop que nunca muere

Con una actuación cargada de seducción y baile, el vocalista Dave Gahan hizo del escenario su reino particular en la segunda jornada de la cita de Oeiras, a unos 20 kilómetros de Lisboa.

La banda que inyectó el sonido sintetizado al pop hace tres décadas regaló las canciones más emblemáticas de su carrera durante casi dos horas y con pocos olvidos.

La actuación, que atrajo a más asistentes que en la jornada anterior, sirvió también de presentación de su último disco, “Delta Machine”, un ecléctico y minimalista trabajo.

El arranque resultó teatral y solemne con “Welcome to My World”, la canción que abre su más reciente álbum y llamó con eficacia al público que aún se acercaba de los dos escenarios.

Y para el resto del trabajo bastó con dejar a Gahan a sus anchas, con su micrófono como cetro ante un público de súbditos ansioso por devorar algunos de los himnos electrónicos más bailables de las últimas décadas.

La gira, que paró este viernes por el festival BBK Live de Bilbao (España) y recorrerá tres continentes hasta 2014, dejó en Oeiras, a las orillas del río Tajo, una lección de viejas glorias.

En una noche de temperatura ideal, el clásico “Walking in my shoes” empezó a animar a los ya de por si entregados espectadores, a los que el cantante Gahan, sin que pesasen su 51 años, agitó incansable.

En un segundo plano, quedó el compositor, teclista y guitarra Martin L. Gore, quien se dedicó a fondo en algunos temas, como “Judas” o “Home”.

El potencial de los nuevos sencillos de la banda se demostró pronto con el dramático “Heaven” o el fogoso “Should be Higher”, en los que el vocalista siempre contorneaba las caderas e interpretaba sus habituales afeminados gestos.

Pero en una actuación de casi recopilación, Depeche Mode rindió especial tributo a uno de los discos más exitosos de la banda, “Violator” (1990), con “Policy of Truth” o uno de sus más sofisticados temas, “Enjoy the Silence”.

A mitad de concierto llegaron las canciones que marcaron los inicios del grupo de Essex, como “Black Celebration”, que dio nombre a su quinto álbum producido en 1985.

Tampoco faltaron la melancolía de los teclados de “Precious” o las dosis de electrónica de “A Pain that I'm used to”, ambas canciones del álbum “Playing the Angel” (2005).

El público sólo entendió que llegó de verdad su hora cuando sonó el comienzo lento, casi a cámara lenta, del punteo de guitarra de “Personal Jesus”, tal vez la más característica canción del grupo.

Y aunque “Home” calmó a los espectadores, el festival entero se reactivó a continuación con “Just can't get enough”, el tercer sencillo de la banda, o “Never let me down”.

El vigoroso concierto del cabeza de cartel estuvo precedido por sus compatriotas Editors, una banda cuyo cantante Tom Smith reta a la voz profunda del cantante Ian Curtis de Joy Division.

El grupo, que este junio publicó su cuarto álbum “The Weight of your Love”, ofreció un recital sin excesos en el que no faltó la potencia meteórica de sencillos como “Munich”.

Algunas sorpresas de la jornada fueron los portugueses Oquestrada, un pop fresco y divertido aderezado de folclore autóctono.

Y la nota enigmática fue el soul del dúo canadiense y danés Rhye, que supieron aprovechar la intimidad del segundo escenario para presentar su álbum debut “Woman”.

La séptima edición del festival cierra este domingo con la actuación de los estadounidenses Kings of Leon como fin de fiesta y algunos grupos noveles exquisitos como Alt-J, los ganadores más recientes del prestigioso premio “Mercury”.