sábado, 19 septiembre 2020 5:44

Añúa presume de que el Festival de Jazz de Vitoria sobrevive “sin coquetear con otras músicas”

A sus 70 años, son ya 35, la mitad de su vida, los que lleva al frente de este certamen y sin embargo se sigue considerando ante todo un aficionado al jazz, según ha confesado en una entrevista concedida a Efe.

Su pasión empezó a los doce años, cuando al escuchar “Basin Street Blues”, interpretada por Louis Armstrong para la banda sonora de “The Glenn Miller Story” (Música y Lágrimas), se cayó del caballo, “como San Pablo”.

Aprendió de una emisión sobre jazz que hacía su hermano Javier con Luis Abaitua en Radio Vitoria a mediados de los años 50 y se hizo cargo del certamen dos años después de su creación.

La experiencia adquirida en estas tres décadas hace que sepa sortear las dificultades. A esta crisis hay que sumar la de los años precedentes y “también una crisis tremenda que hubo en 1998 y otra en 1985 de la que no se habla” pero que afectó a los organizadores de festivales porque “el dólar de repente se puso a 200 pesetas”, comenta.

El recorte de 67.000 euros en el presupuesto, que ha quedado reducido a 760.000 euros ha obligado a suprimir una jornada de la programación, pero eso no impedirá ofrecer 60 conciertos, de los que 45 serán gratuitos.

Además, mantendrá la calidad con nombres como el trompetista Ibrahim Maalouf, el guitarrista Bill Frisell, el pianista Jacky Terrasson, la vocalista Melody Gardot y Brandford Marsalis, para él “el mejor saxo soprano del mundo”.

El concierto que más le ha costado cerrar es sin duda el de la velada de clausura con Paco de Lucía y Chick Corea, en el que la organización del festival lleva dos años trabajando por la dificultad de compaginar las dos agendas.

Su devoción por el guitarrista es patente: “Lo que era el flamenco hace unos años y lo que es hoy en día se lo debemos todo a Paco de Lucía”.

Fue él quien introdujo un bajo eléctrico, una flauta, un saxo, un cajón, una armónica o un teclado eléctrico y por eso, tanto “el jazz como el flamenco le deben mucho. Su universalidad no la tiene ningún otro músico español”, señala.

Pero al tener que contar con menos presupuesto, lo que ha hecho Añúa es prescindir de “picnic de Nueva Orleans, del Seminario, de los conciertos para los niños y de los de Falerina, que daban un toque de distinción” al festival.

Pese a todo, se muestra optimista sobre la pervivencia de tres eventos tan próximos como son los festivales de Getxo (Bizkaia), Vitoria y San Sebastián, por las diferencias entre ellos.

El de Vitoria mantiene su prestigio porque es el único festival español perteneciente a la IJFO (International Jazz Festivals Organisation), que agrupa a doce certámenes europeos (uno por país) y cinco en Estados Unidos y Canadá.

Eso permite a Vitoria tener un lema un tanto ambicioso, “el mejor jazz del mundo”, al que Añúa añade con sorna “disponible en este momento”.

Aunque muy orgulloso de la programación del polideportivo de Mendizorroza, donde tienen lugar los grandes conciertos, cuando le brillan los ojos es al hablar del Jazz del Siglo XXI del teatro Principal.

“Ahí es donde yo programo realmente lo que me da la gana.” Este año destaca la reunión de Javier Colina con Kirk Lightsey y sobre todo el concierto en formato de piano solo de Craig Tabor, en quien dice tener una confianza absoluta.

También la TBC Brass Band, que amenizará las calles vitorianas durante la semana, es para Añúa la mejor banda de Nueva Orleans del momento. Una formación que, como otras posteriores al huracán Katrina, sin perder las raíces sureñas practica un sonido más funky.

Pese a las críticas de algunos puristas, el presidente del Festival cree que incursiones al blues, al gospel o a la música brasileña son habituales en un certamen de jazz y cree que el de Vitoria puede presumir de haber “coqueteado poco con otras músicas”.

Constata que “hay muchos estilos nuevos dentro del jazz”, que está en constante evolución “mirando hacia un lado y hacia otro”, pero ésa es precisamente su grandeza, la libertad. Y es que para Añúa “si hay una palabra que define al jazz es libertad”.