martes, 22 septiembre 2020 3:21

El desgarro amoroso de Yourcenar en “Fuegos” pone en pie a Mérida

Estado fluido porque, como ella misma dice en “Fuegos”, ese es el que corresponde a los ausentes, que cuando se hacen presentes se condensan en metales pesados y funden el corazón de quien lo escucha, como ha sucedido, con el Teatro Romano de Mérida puesto en pie, en el estreno absoluto del “invento”, que dirige José María Pou.

Corporeizar la belleza de un texto concebido únicamente para su degustación en solitario y que es un acto de glorificación “y si acaso de exorcización” del amor que Yourcenar sintió por un editor homosexual durante 12 años, es un espectáculo muy particular, al que Pou, junto con Marc Rosich han dotado de estructura teatral para “que pase algo”.

Las protagonistas han logrado conjurar la grandeza y la miseria del amor con la contención y la pasión de quien sabe de lo que habla y con una concentración que varios espectadores se han empeñado en poner a prueba a golpe de flash con sus cámaras ante el enfado del resto del público.

La idea de convertir “Fuegos” en una obra de teatro, destinada al Festival de Mérida, en coproducción con el Teatre Romea de Barcelona, pero que también se representará en el Grec (26 de julio) y en San Javier (3 de agosto), sorprendió a la editorial propietaria de los derechos, Gallimard, que nunca pensó que pudieran interesar de esa forma y que accedió por ser Pou quien es.

Para dramatizar estas “quince reflexiones en voz alta” sobre el desamor y “lo aburrido que sería haber sido feliz” y que Yourcenar (1903-1987) escribió en 1936, Pou escogió tres: las que protagonizan María Magdalena (Guillén Cuervo), Clitemnestra (Poza) y Safo (Torrent).

Para “contextualizar”, Rosich, responsable de la dramaturgia, ha puesto en boca de Machi (Yourcenar) reflexiones de la escritora francesa extraídas de cartas, entrevistas y libros, especialmente “Las caridades de Alcipo”.

Son “prosas líricas” ligadas por la noción del “amor total”, el que se impone a quien lo “sufre” como una enfermedad y como una vocación y que Yourcenar expresa a veces crípticamente y otras veces mediante narraciones tomadas de la leyenda o de la historia.

La de Clitemnestra, que incorpora a la Micenas homérica una Grecia rústica correspondiente al conflicto turco-griego de 1924, es la historia la reina del Peloponeso casada con Agamenón, el soberbio general de los griegos en el sitio de Troya, y el relato que ha hecho Poza de su tortura amorosa y del crimen que comete ha sido espeluznante.

Guillén Cuervo ha estado coqueta, animosa y enérgica en el desarrollo del personaje de María Magdalena, basado en una Leyenda Áurea que la convertía en novia de San Juan Bautista y luego en enamorada de Jesús, y estremecedora cuando ha dicho aquello de que las manos del Señor no le habían salvado “ni de la muerte, ni del mal, ni del crimen, tan sólo de la felicidad”.

Torrent ha sido una Safo tierna, sencilla y evocadora, presta a contar una historia que Yourcenar traslada a 1.930, convertida la poeta de Lesbos en una trapecista que vive entre el cielo y la tierra.

La sencilla escenografía de Sebastiá Brosa, un mini jardín japonés, se ha puesto al servicio de la palabra, que a veces ha sido un precioso teatro del absurdo a cuatro voces, con una versión muy bella de “Ne me quitte pas” de fondo.

Concha Barrigós.