miércoles, 30 septiembre 2020 6:16

Los vientos de Randy Brecker roban protagonismo a la guitarra en Córdoba

El jazz, esa música tan antigua e insobornablemente moderna pase el tiempo que pase, ha tomado hoy cuerpo y sonido en un Gran Teatro que presentaba una entrada muy buena, y lo ha hecho de la mano de un músico de casi 70 años, que debajo de su inseparable boina, sus gafas de sol, su camisa hawaiana y, sobretodo, su trompeta, ha escrito algunas de las más memorables páginas de un género inmarchitable.

Randy Brecker llegaba a Córdoba con una banda continuadora de la que más éxito le dio, la Brecker Brothers Band Reunion, y con su discurso de siempre: jazz polirítmico, de marcado carácter funk y desarrollos prodigiosamente largos, que siempre suelen acabar en éxtasis sónico.

Considerado uno de los más imaginativos trompetistas de todos los tiempos, y dueño de un sonido que lo hermana con Lee Morgan y una afición por la búsqueda de sonoridades extrañas que lo conecta con Miles Davis, Brecker ha mostrado hoy sobre las tablas del Gran Teatro su poderoso conocimiento de un estilo, el hard bop, y su indiscutible manejo de la trompeta.

Ha comenzado su concierto con un tema precisamente llamado “First Tune Of The Set” -La primera canción del set-, y a partir de ahí, y salvando los problemas técnicos de las dos primeras canciones, ha retratado cuarenta años de música genuinamente norteamericana.

Entre los momentos más evocadores, las alusiones musicales a Art Blakey -con quien colaborara-, Thelonious Monk y, sobre todo a su fallecido hermano, Michael Brecker, al que ha dedicado la preciosa “Eulogy For Michael”.

No venía sólo Randy a un festival tan específico como el de la guitarra, ya que contaba con la impagable ayuda del espasmódico guitarrista Dean Brown, un músico prodigioso, que ha trabajado con los más grandes del género, y que se ha tomado 45 minutos de concierto antes de ofrecer dos solos de guitarra verdaderamente prodigiosos.

Además, también se ha jaleado a la italiana Ada Rovatti, que ha aportado una importante dosis de calidez a su saxo, al teclista George Whitty, que ha machacado con brío los rhodes, y al baterista Dave Weckl, perfecto a la hora de marcar el ritmo durante todo concierto.

Todos ellos perfectamente sincronizados y dirigidos por la batuta de Brecker, que lo hace todo tan fácil que quizá haya sido el músico que menos ovaciones y aplausos ha cosechado de todos los que le acompañaban esta noche.

En cualquier caso, el público ha respondido de manera fenomenal al último tema, el mítico “Skunk Funk”, y al bis de puro rythm & blues que ha sido “Inside Out”, con el que han puesto punto y final a una hora y media del mejor jazz, ese que sigue sonando insobornablemente moderno a pesar de los años.

La endiablada rítmica y la poderosa vitalidad de este concierto ha contrastado con la otra gran cita musical de la noche, que ha protagonizado en el Teatro Góngora la portuguesa Lula Pena.

Pena, con su voz que oscila entre Tom Waits y Leornard Cohen, es una de las más grandes cantantes en lengua portuguesa en la actualidad y artista de culto, fruto de su particular trayectoria y de su muy original propuesta artística, en la que la voz, el texto y su sola presencia toman todo el protagonismo.

Así ha sido en el Teatro Góngora, que ha presenciado cómo Pena, a solas con su guitarra y ante una multitud de fantasmas, se ha entregado a su personal interpretación del fado, cantada en varios idiomas.

Juan Velasco