martes, 29 septiembre 2020 20:39

El rap colosal de Snoop Dogg narcotiza el cierre del Cruïlla Barcelona

Como emana su nombre, el Cruïlla (cruce) es una eclosión de estilos musicales imprevisibles. Si en su primera jornada las enormes instalaciones del Fórum se llenaron de sibaritas del pop y el rock internacional para degustar Rufus Wainwright, Suede y Cat Power, entre otros, en su segunda noche los pantalones anchos y las gorras colmaron el escenario principal para reverenciar al siempre excéntrico Calvin Broadus, conocido popularmente como Snoop Dogg.

Tras su peregrinaje por Jamaica, el rapero californiano sacó a relucir su perfil más Dogg dejando de lado su nueva faceta 'reggae' con la que ha perfumado su último trabajo “Reincarnated”.

Las 'rastas' de Broadus se ganaron Barcelona desde el minuto uno. Tuvo suficiente con engalanarse con una camiseta del Barcelona, con el número 10 y su nombre, para recibir los primeros aplausos de un público que venía con ganas de juerga.

Acompañado por tres raperos -indispensables para animar la platea y ayudar a completar muchos de sus temas-, la fiesta empezó sin contemplaciones, con uno de sus últimos temas “You might be alone” que sirvió de aperitivo para servir una apabullante versión de “P.I.M.P.”, de 50 cent, momento en el que apareció un hombre disfrazado de perro fumando lo que parecía un cigarrillo de marihuana de proporciones considerables.

Snoop no tuvo suficiente con versionar a 50 cent y se sacó de la chistera una de sus colaboraciones con Justin Timberlake para interpretar “Signs”, uno de sus temas más funky que se pudieron escuchar durante la hora y media de actuación.

La interacción entre artista y público fue constante. Las palabrotas -todas en inglés- y las continuas invitaciones a contestar sus rimas permitieron que su propuesta convenciera, no sólo a los más incondicionales, sino también a los ateos de su 'rap' de la costa oeste.

Así, uno de los colofones de la balada se vivió con la sensual versión “I wanna fuck with you” de Akon, en el que salieron a la palestra las figuras de tres bellas bailarinas que bailaron al son de un Snoop Dogg que no les quitó el ojo en toda la canción.

Broadus guardó, intencionadamente, su faceta más 'reggae' hasta el final, momento en el que reverencio a uno de sus ídolos, Bob Marley, con una versión de “Jammin” que acabó de extasiar el litoral barcelonés.

Más pausada y menos festiva fue la actuación de previa de Morcheeba. El trío liderado por la fina voz de Skye Edwards hizo levitar, por momentos, algún que otro espectador que se dejó llevar por el 'groove' electrónico con el que la formación estalló a finales de los 90.

Edwards, escudada por Pablo y Godfrey Ross con los que volvió a reunirse en 2010 tras unos años de receso, deslumbró con su pose angelical con el que desgranó, no sólo temas de su último disco “Blood like lemonade”, sino de toda su discografía.

Su pócima calmó a las fieras que esperaban Snoop Dogg a base de guitarras finas y 'loops' rítmicos que alimentaron temas como “The Sea”, “Trigger hippie” y la celebrada “Rome wasn't build in a day”, una de las perlas de su carrera.

El atardecer barcelonés se convirtió en una fiesta sin control con Goran Bregovic y su banda de 19 músicos -guitarras, acordeones, trompetas y un largo etcétera de instrumentos del mediterráneo balcánico- que hicieron saltar, reír y sudar al auditorio que llenaba el escenario principal del Fórum.

Bregovic -compositor de cabecera del cineasta Emir Kusturica- bebe de todo lo que le da la cultura popular de su región: católicos, ortodoxos, musulmanes y gitanos. Le da igual la procedencia, porque su misión no es otra que encandilar a todo tipo de audiencia; y en el Cruïlla lo consiguió.

La actuación de Fermín Muguruza y la sesión Nasty Mondays de los conocidos DJ's Madmaz y Sören pusieron el broche de oro a un festival que, como el buen vino, sigue mejorando año tras año.

Víctor Martí