sábado, 26 septiembre 2020 6:40

Canogar reivindica la pintura como alternativa de vanguardia

“Creo que es el momento de rescatar la pintura, de recuperar su dimensión poética y metafórica, su capacidad de ilusionarnos, de enamorarnos, de vibrar de nuevo con la buena pintura y su capacidad de comunicación” dice Rafael Canogar (Toledo 1935) en una entrevista con EFE en uno de los dos estudios que tiene en Madrid y rodeado de grandes oleos, color y emoción elevada.

Creador de El Paso en 1957, cuando tenía 22 años, junto con Saura, Millares, Chirino, Rivera, Feito y otros artistas de la generación de los años 50 que revolucionó el arte y abrió las fronteras de España a la abstracción, Rafael Canogar lanza su propuesta, arriesgando como siempre, ante el momento de confusión que vive el arte, que ha negado en los últimos años, dice, la pintura como herramienta de trabajo.

La exposición en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), titulada “La abstracción en la pintura de Rafael Canogar”, se abrirá a mediados de noviembre y en ella se podrá ver el universo abstracto de este pintor, desde las primeras obras informalistas de 1957 hasta sus últimas pinturas, las que más le interesa mostrar. “Creo que se ve un hilo conductor muy claro”, dice el artista.

Aunque no estarán las obras de la etapa realista (de 1965 a 1975) ni toda la serie de cabezas homenaje, por razones de espacio, la exposición permitirá analizar la trayectoria abstracta de este artista que ha investigado el espacio, el color y con materiales diversos, desde el cristal a la piedra, y que aparece ahora con una gran coherencia.

– Pregunta. ¿Cómo definiría su pintura de hoy?

— Respuesta.”Me gustaría pensar que mis cuadros de ahora son pintura, sin concesiones, una pintura desnuda, esencial, ¡nada más! ¡Y nada menos!. Me parece que ya es suficiente elemento como reflexión y como actitud, pero es cierto también que ya alguien dijo que una pintura es como un rincón de la naturaleza visto por un temperamento. Quizás no se trate solo de recuperar la pintura, también es la ética, lo trascendente, lo sublime: reinventar la pintura quizás”.

P.- ¿Se puede saber si una obra es arte o no es arte? Por ejemplo, los tiburones en formol de Damien Hirst o los toboganes, el arte entretenimiento?

R.- Voy a decir algo que a lo mejor no debería, pero decimos los pintores, ciertos pintores: 'es que de arte somos muy pocos los que sabemos'. Los que compran, los que manejan, los agentes culturales muchas veces están movidos por modas, por una circunstancia que no es la verdadera importancia del valor creativo. De todos modos, Hirst no es un artista totalmente vulgar, tiene cosas que no están mal, pero no desde luego lo que se le ha querido dar.

Como el lenguaje plástico es a veces de difícil entendimiento, se busca el espectáculo, algo que llame la atención, salga en la prensa y tenga un precio en el mercado. Creo que efectivamente hay una enorme confusión y la cultura empieza desgraciadamente a medirse por la capacidad de sorprender, por el espectáculo más que por lo que expresa.

Aunque una obra de arte necesita un tiempo para insertarse en la cultura. Estoy pensando en Marcel Duchamp, que quiso hacer gestos de ruptura con todo, pero realmente la influencia de esas acciones suyas ha sido enorme.”

P.- ¿Morirá la pintura?

R.- Creo que lo que estoy haciendo es una respuesta a lo que está ocurriendo. Ya no se enseña a pintar en las facultades de Bellas Artes, aprenden a manipular cosas y crear objetos, posiblemente porque ni los profesores saben ya pintar. Pero creo que se volverá a la pintura, históricamente las crisis son algo cíclico.

P.- ¿No cree que después de la generación de los 50 no ha surgido un plantel de artistas como aquel?

R.- Hay que ponerse en la piel de los jóvenes, lo primero que tienen que hacer es matar al padre. Lo que sirvió para El Paso no sirve ahora, no es fácil, tendría que pensar, aunque la recuperación de valores que han sido muy importantes, la honestidad, la honradez ante la obra de arte, me parece muy fundamental. El arte abstracto tenía una poética que era uno de los ingredientes más importantes de esos momentos. Ahora a lo mejor no es la misma poética, pero la tiene también.

Canogar recuerda la forma en que pintaba sus obras informalistas, directamente con las manos, sobre la tela, y después colocaba el cuadro en el suelo y echaba pintura liquida que se iba introduciendo por esos surcos: “Como castellano, como toledano, quería trabajar el cuadro como el hombre trabaja la tierra, roturándolo, que también era una llamada a dos elementos, lo líquido y lo sólido, que era también la tierra y la lluvia. En mi obra hay una serie de elementos que eran esto, en otros artistas otra cosa”.

“Nosotros -destaca Canogar- estábamos haciendo algo en lo que creíamos a fe ciega. Y teníamos muy cerca las fantásticas pinturas del Museo del Prado, que yo creo que fue el armazón de nuestra obra, las raíces de nuestra pintura, y por eso aunque era un lenguaje universal siempre se hablaba de que era un arte muy hispánico. Aquella sociedad quería libertad y nuestra pintura era eso, un grito de libertad”.

P.- : El Paso y la Generación de los 50, en la que están también Tapies o Chillida, tuvo un peso muy específico en el arte internacional, ¿no?

R.- Se hacían exposiciones de arte europeo y siempre estábamos cuatro o cinco artistas españoles. En las publicaciones, entre los 100 mejores del mundo había también tres o cuatro españoles. Había un buen plantel de artistas y estábamos bien situados.

P.- ¿El arte está dominado hoy por el mercado?

R.- El valor de lo económico es muy potente hoy en la sociedad, en la literatura, en la pintura, en la escultura, en el cine… Parece que lo que cuenta es lo que hace dinero.

Hay una crisis de valores, no hay un horizonte utópico y no hay nuevas ideas, todavía estamos viviendo de lo que surgió después de la Segunda Guerra Mundial.