lunes, 28 septiembre 2020 21:47

El escritor Fernando Delgado aprecia en los perros virtudes humanas pero ningún vicio

“No es un libro normal, porque tengo la impresión de que soy el transcriptor o el traductor de Lucas. A veces me asalta la duda de si no lo ha escrito él”, comenta Fernando Delgado al hablar de “Me llamo Lucas y no soy perro” (Editorial Planeta), una fábula sobre la amistad; o mejor, un cuento para adultos.

En realidad, el periodista y escritor canario se puso a trabajar en este texto con la idea de hacer un cuento para niños, siendo consciente de la dificultad del empeño dado que no conoce bien el mundo de los más pequeños, “quizás -reconoce- por no haber sido padre”. “Cuando en la editorial leyeron la primera versión lo tuvieron muy claro: era un libro para mayores”. Y como tal acaba de llegar a las librerías.

Lucas, el protagonista de esta historia “triste”, la califica su autor, es también el nombre del labrador de Fernando Delgado, dueño además de una galga, Fara, que adoptó después de que fuera abandonada en Córdoba. “Siempre me gustaron los perros. De niño no pude tenerlos pues vivía con mi abuela y a ella lo que le gustaban eran los gatos. No me dejó nunca tener un perro”.

Ya mayor, tuvo su primer perro, que no le pudo acompañar cuando una oferta profesional en la Expo del 92 le llevó a Sevilla. “Tengo muy mala conciencia por aquello. Era un chucho maravilloso al que quise mucho. Aunque lo dejé al cuidado de gente de confianza, murió. Siempre lo he llorado”.

Del mismo modo que de niño hablaba sólo, “me inventaba personajes que hablaban a través de mí”, una costumbre que puede ser el origen de su vocación literaria, Fernando Delgado conversa mucho con Lucas y Fara, allí en ese pueblo de la costa levantina, frente al Mediterráneo, donde el escritor vive desde hace unos años.

“A estas alturas de mi vida, hay veces que prefiero la compañía de un perro a la de un ser humano”, afirma quien no entiende el trato “tan injusto” que muchas veces sufren los animales en general y los perros en particular. Maltrato que, advierte, comienza por el lenguaje.

“¿Por qué -se pregunta- cuando alguien nos mira con una mala cara, una cara horrenda, decimos que tiene cara de perro?. Cuando la cara bondadosa y extraordinaria del perro para sí la quisieran muchos personajes públicos”.

“Se dice también que un determinado personaje no habla, sino que ladra, cuando el ladrido de mi perro es mucho más armónico que la inmensa cantidad de vulgaridades que se escuchan en la sociedad española de hoy, enormemente vulgarizada, ordinaria y soez”, destaca Delgado.

De los perros le gustan muchas cosas, pero ante todo su generosidad. “La capacidad que tienen -dice- de percibir los sentimientos, los estados de ánimo. De ser una presencia silenciosa y de convertirla en una agradable compañía. Y, por encima de todo, su disposición a darlo todo por ti”.

Y envidia su ternura, su memoria extraordinaria, su fidelidad… “Tengo claro que el perro puede ser el mejor amigo del hombre, lo único elogioso que se dice de ellos, pero no tanto que el ser humano lo sea del perro. En muchos casos llega a ser su peor enemigo”, considera quien desconfía de aquellos que son crueles con los animales.

Fernando Delgado nunca tendría un perro para que le cuidara la casa -“para eso están los servicios de seguridad”- y no oculta que sí, que, en su caso, sus perros se parecen a él. “Si entraran a robar, lo más valioso que tengo son mis perros, porque son insustituibles”.

Ni Lucas ni Fara pueden hablar -“aunque su mirada muchas veces diga lo contrario”-, pero el Lucas personaje de su libro sí disfruta de esa facultad exclusiva de los humanos. “Si viera los informativos de la televisión y los personajes que aparecen en ellos quizás llegaría a la conclusión de que no le conviene tanto ser un niño”, bromea su “padre” literario.

“Porque naturalmente es mucho más bello ser perro que muchos de los personajes que vemos en la vida pública, verdaderos iconos de la excrecencia. Vivimos -opina Delgado- en una sociedad sometida al abuso y a su propio derrumbe. Hoy cualquier persona decente puede ser antisistema”.