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Lara Malvesí

Nueva York, 22 abr (EFE).- Los documentales “Abortion: stories women tell” y “The Return”, ambos dirigidos por mujeres, han reabierto en el festival de Tribeca sendos debates sobre el derecho a poner fin al embarazado en EE.UU. por un lado y la desmesura de muchas de las condenas carcelarias en el país por otro.

“Abortion: stories women tell”, dirigido por Tracy Droz Tragos para el canal HBO, se introduce en las clínicas de mujeres del llamado “cinturón bíblico” de EE.UU., estados donde las mujeres tienen que ser escoltadas a la entrada de las clínicas por el acoso al que las someten algunos fundamentalistas religiosos que las acusan de asesinato con gritos y pancartas.

Aunque en 1973 la Corte Suprema de EE.UU. declaró el derecho de toda mujer al aborto, desde 2011, estados como Missouri -donde solo queda abierta una clínica que realiza interrupciones del embarazo- han restringido la legislación para dificultar los abortos.

“Hemos querido tratar el asunto de la forma más objetiva posible, dando voz a las mujeres que acuden a las clínicas pero también mostrando a personas creen que el aborto es un asesinato e incluso a mujeres que se dicen arrepentidas años después”, explicó a Efe la directora del documental.

Tragos explicó que fue “complicado” que las mujeres quisieran ponerse frente a la cámara, pero “las podía más el denunciar la situación y quizá ayudar a quienes estén pasando por los mismo”.

“Ojalá este documental sirva para conseguir reabrir el debate y que se pueda hablar sobre el aborto sin vergüenza para que otras mujeres se sientan menos solas”, añadió.

También sensible es el asunto sobre el que gira “The Return”, que denuncia la falta de una cultura de reinserción social de los presos en EE.UU. y algunas legislaciones penales estatales como la “Three Strikes” de California, aprobada en 1994 y que puede incluso llegar a encerrar de por vida por un delito menor si reincidió tres veces.

La iniciativa Proposition 36 consiguió en ese estado recortar algunas penas y permitir la salida anticipada de centenares de presos, el punto de partida para el documental dirigido por Kelly Duane de la Vega y Katie Galloway.

Entre esos presos estaba Bilal Chapman, que pasó once años en prisión por intentar vender droga por valor de 200 dólares (176 euros) a un policía encubierto.

En conversación telefónica con Efe, Chapman explicó que su mayor miedo al salir de la cárcel fue el de no conseguir un trabajo porque fuera vetado por sus antecedentes.

“Nadie piensa que alguien que sale de prisión pueda convertirse en su mejor trabajador, solo piensan que para que arriesgarse habiendo otros candidatos que seguro que no dan problemas”, explicó Chapman, que tres años más tarde ha ascendido en su empresa y tiene veinte personas a su cargo en la empresa que le empleo.

La otra obsesión de Chapman al salir fue conseguir que su madre, la única en su familia que sigue tratándole tras la entrada en prisión, viera su evolución para que “se pueda sentir tranquila sobre que sus esfuerzos por darme valores han tenido frutos”.

Señala que para él fue clave en no volver a reincidir tras su último largo periodo en prisión el no volver a su barrio, “donde hubiera vuelto a caer en lo mismo”, y empezar de cero en un “centro de transición” donde está incluso prohibido el alcohol y gracias a los recursos públicos y privados recaudados por sus gestores reciben orientación laboral y social algunos presos al salir de prisión.

De la Vega y Galloway contaron a Efe que se decidieron a realizar el documental porque llevaban tiempo involucradas con el asunto y pensaron que había que hacer algo que además de denuncia pudiera ser un llamamiento de esperanza, gracias a los presos que podían salir antes de tiempo por la Proposición 36.

Destacaron que para entender el por qué de un sistema tan “terriblemente punitivo e inhumano”, en palabras de Galloway, hay que retrotraerse a la lucha contra la droga emprendida por el presidente Richard Nixon con la que se extendieron duramente las penas especialmente para los delitos relacionados con los estupefacientes más comunes entre los afroamericanos.

“Los crímenes de sangre tienen mucha notoriedad pero son simbólicos en número. La mayoría de presos, muchos de ellos afroamericanos, están en prisión por crímenes de drogas”, añadió.

De la Vega destacó el desconocimiento de gran parte de estadounidenses sobre la realidad de las prisiones por lo que respecta a “trato inhumano y respeto a los derechos fundamentales”.

Las cineastas dijeron mostrarse esperanzadas en que las futuras administraciones se conciencien sobre la importancia de encarar las penas de prisión a la resocialización “porque es lo mejor para la persona pero también para la sociedad”, apuntó Galloway. EFE