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Sí, hace ya más de dos meses desde que vi Cincuenta sombras de Grey, pero no ha pasado tiempo suficiente para olvidar lo que viví aquella noche, la del estreno por todo lo alto. La expectación que había levantado la popular saga en su adaptación a la gran pantalla era motivo suficiente para pagar la entrada. Muchos no lo hicieron, de ahí que no puedan criticarla con conocimiento de causa.

De hecho, para los que esperen un juicio voraz sobre el film, ya les adelanto que no lo van a encontrar en estas líneas. Las personas son libres para elegir sus prácticas sexuales y Cincuenta sombras de Grey no deja de ser una película, sin más. De hecho, el contenido no es más explícito que muchas películas españolas. Sin ir más lejos, 'Mentiras y gordas' llega a ser más obscena.

Lo que me hizo sentir vergüenza ajena no fue el contenido de la película, sino más bien mis compañeras de sala. Con todos mis respetos, mujeres que rozan o superan el medio siglo no deberían alterarse cuando ven un pezón, un torso desnudo o un azote en el trasero. Y sí, se alteraron.

Pero el 'show' comenzó mucho antes. Legiones de amigas abarrotaron el cine al más puro estilo Benidorm con el imserso. El 13 de febrero era su día más esperado del año y sus mejores galas no podían quedarse en el armario. De repente, gracias a Grey, habían regresado a su más tierna adolescencia cuando bebían los vientos por un jovencísimo Alejandro Sanz, por ejemplo.

Estaban más nerviosas que cualquier madridista o rojiblanco en la final de Lisboa y para matar la espera encontraron…¡UN CARTEL DE LA PELÍCULA! Como si fuese lugar de culto, allí que desembarcaron en busca de todo tipo de selfies con un mismo destino: Facebook.

Allí nos 'regalaron' un amplio repertorio de posturas -con las que sacarnos los ojos-. Simular que Grey las ata las manos, que las azota con su fusta, que le seducen con un botón desabrochado…No importaba que decenas de personas estuviesen delante. De hecho, seguro que muchas de esas imágenes acabaron en Twitter, Facebook o Instagram. Pensar en que las verían hasta su vecino del quinto no era digno de tan alocado momento.

Abiertas las puertas de la sala, tonto el último no se vayan a quedar sin sitio. Ríete tú de los empujones en el metro para conseguir un sitio en plena hora punta.

Durante los trailers, todo tipo de comentarios sobre lo que íbamos a presenciar. Comenzada la película, no se te ocurría hacer un comentario a tu pareja porque podías morir en el intento. Shh, shh, shh y más shh por todos los lados. Eso sí, tanto silencio no duró más allá de la primera escena.

Una vez que Jamie Dornan apareció en la pantalla, la sala se llenó de comentarios. De verdad, incluir una cámara oculta durante el estreno de Cincuenta sombras de Grey hubiese rellenado infinidad de minutos de televisión o radio.

La primera imagen de Grey provocó un aluvión de risas nerviosas. Por fin veían en acción a ese hombre que consiguió trasladarlas -entre página y página- a un mundo paralelo en el que olvidaban que su marido, el de carne y hueso, perdió su tableta de chocolate en algún rincón del sofá.

Allí, delante de la pantalla, decenas de cuarentonas y cincuentonas me llevaron de repente a una corrida de Jesulín de Ubrique, pero en sus buenos tiempos. Como si estuviesen ante la mejor faena del señor Grey, todo tipo de piropos y murmullos se escuchaban por la sala. Faltaron los sujetadores voladores, y seguro que para más de una no fue por ganas.

Cada una de las escenas en las que Dakota Johnson y Jamie Dornan se quitaban la ropa estaban acompañadas de comentarios, gritos y risitas. Que le enseña los múltiples juguetes sexuales de la sala roja, “no seas tonta, disfruta”. Que se quita la camisa y muestra sus abdominales, “madre mía, no dejaba ni las migas”. De ese nivel, y alguno un poco más soez, fueron los comentarios que se escucharon en la sala, sumados a las confesiones en petit comité a las que mi teniente oído afortunadamente no llegaba.

Acabada la película, los corrillos se trasladaron a los pasillos y al baño, como no. También los grupos de WhatsApp dieron buena cuenta de las pasiones que levantó el señor Grey en la gran pantalla.