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Siempre en blanco y negro, siempre sonriente, siempre vestida con volantes y peinada con tirabuzones. Era el gusto de la época. Y, sin embargo, esa niña tan repipi que fue Shirley Temple forma parte de nuestra memoria colectiva.

La actriz fue la primera niña prodigio del cine y actuó en filmes de los grandes, de los que firmaban John Ford o Walter Lang.

Icono de los años 30 y 40, llevaba desde 1949 retirada del mundo del cine (se hizo diplomática). Hoy ha fallecido en su casa de California, a los 85 años, rodeada de los suyos y por causas naturales.