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“Me gustaría hacer aquí una película con un personaje donde pudiera desplegar todo”, dijo el intérprete catalán en una entrevista con Efe por la presentación de “Riddick”, de estreno el próximo viernes en EEUU, donde últimamente ha trabajado en cintas comerciales como “Noche y día” (2010) o “Colombiana” (2011).

“La gente de la industria conoce mis películas en España. Me gustaría hacer un personaje que dijeran: 'Esto ya no es lo de antes'. Si haces películas de estas grandes, de alguna manera te haces un nombre y tal vez te lleven a esa película independiente americana que puedas levantar. Como le pasó a Javier (Bardem) en 'Ante de que anochezca'. Costaba 4 chavos, pero estaba bendecida y él estaba enorme”, declaró.

Sin embargo y pese a una trayectoria que incluye títulos como “Blow” (2001) -donde conoció a su buen amigo Johnny Depp-, “Dos policías rebeldes” (2003) o “Che: Guerrilla” (2008), Mollà admite que se lanzó a la aventura estadounidense “aterrorizado”.

“Pasó todo tan rápido que si lo llego a pensar dos veces, no lo hago”, confesó.

Mollà recordó que había acompañado a su novia modelo a Nueva York -era su primer viaje a EEUU- y probó suerte con la directora de casting Avy Kaufman, tras lo que recibió instrucciones de volar a Los Ángeles un mes y medio después, el 7 de enero de 2000.

“En el avión, una señora me preguntó si estaba enfermo. No había dormido. Estaba muy asustado”, declaró.

Mollà, de 45 años, cogió el toro por los cuernos y le echó el valor necesario pero, según indicó, tal fue su temor que la noche anterior soñó que se tiraba a una piscina sin agua.

El español se embarca esta vez en “Riddick”, la tercera entrega de la saga de ciencia ficción protagonizada por un Vin Diesel que se encuentra en la cresta de la ola gracias al éxito de la franquicia “Fast & Furious”.

Tras lo acontecido en “Pitch Black” y “Las crónicas de Riddick”, el director y guionista David Twohy crea una nueva historia para el lucimiento de Diesel en el papel de Riddick, un peligroso convicto buscado por todos los cazarrecompensas de la galaxia.

En esta ocasión, Riddick, dado por muerto en un planeta desértico donde debe hacer frente a depredadores alienígenas, se ve forzado a alertar a sus mayores enemigos para que le ayuden a escapar, si bien estos, liderados por Santana, el personaje de Mollà, aparecerán con otras intenciones.

“Es un personaje que quería traerlo a la tierra, a pesar de estar en un mundo de ciencia ficción”, indicó el actor, quien no se separa de su machete en el filme y que, con un par de pinceladas en las escenas iniciales, traza los gustos sadomasoquistas del mercenario al que encarna.

A Diesel lo calificó como “gran profesional”, si bien tuvo que soportar de él su afán de perfeccionismo. “Hasta que no sale lo que él quiere, no para. A veces rodamos 16 horas. Una paliza descomunal. No me gusta hacer muchas tomas”, indicó.

Mollà, como ya ocurriera en muchos de sus proyectos estadounidenses, vuelve a ser el malo de la función, algo que achaca a la manera en que funciona la industria y al “terror” que sienten los productores cuando tienen entre manos “algo que nadie ha visto antes”.

“Lo desconocido da miedo. Por eso se encasillan los actores. Al final, el personaje se come al actor”, reflexionó.

“Si yo tuviera poder, si fuera Tom Cruise o Brad Pitt, daría unos giros que igual me estrellaba. Me arriesgaría. Pero los agentes quieren que hagas dinero. Y si no, fuera. La clave es tener poder para ser libre”, agregó.

Mollà, candidato en cinco ocasiones a los premios Goya, afirmó que hay dos personajes a los que le encantaría hincar el diente: Salvador Dalí y Jesucristo.

“Jesucristo debía ser todo un personaje. Pero que se den prisa, que se me está pasando el arroz”, concluyó Mollà, aludiendo a que se le está pasando el tiempo.

Antonio Martín Guirado