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El cineasta argentino, que habló con Efe en una visita relámpago realizada a Madrid para promocionar la cinta que se estrena el viernes en España, afirma que “la única responsabilidad de los cineastas es hacer que las películas existan y si uno tiene la voluntad de hacerlo, debe hacerlo, con pasta y sin ella”.

Mitre forma parte de un grupo de profesionales independientes que trabajan “por fuera del sistema” y ayudándose “entre todos”.

“Creemos que en esta época de crisis financiera y cinematográfica mundial, el cine independiente es una postura política. A veces, por trabajar en los esquemas industriales-estatales, que son los que hay tanto en Argentina como en España, acabas produciendo obras demasiado pensadas, con poco riesgo y mucho miedo a la pérdida de dinero”, sostiene.

Conocido por sus trabajos como guionista de su compatriota Pablo Trapero, Mitre ha optado por un thriller político rodado cámara en mano para contar la historia de Roque, un joven apasionado y caótico que encuentra en la militancia política su verdadera vocación.

“Toda la historia es ficción -aclara Mitre-, pero se filmó con estrategia de documental (…) porque para mí era importante que se reflejase mucha vitalidad y mucha verdad; elegimos ese modo de rodaje no solo por cuestiones económicas sino para que ganase realidad”.

Candidato a los Premios Sur (los Goya argentinos) por los guiones de “Carancho”, “Leonera” y “Elefante blanco”, todas ellas dirigidas por Pablo Trapero, no ha sido hasta “El estudiante” cuando Mitre ha recibido cuatro premios: Mejor Ópera Prima, Mejor Guión original, Mejor Actriz Revelación (Romina Paula) y Mejor Actor Revelación (Esteban Lamothe).

“Quería hacer una película que reflejase la vida de Argentina hoy día pero, sobre todo, quería hablar de un proceso de maduración. 'El estudiante', además de ser un film con pretensiones de thriller político, es una especie de retrato de maduración, de cómo el personaje se hace hombre y cómo poco a poco encuentra su vocación”.

La cinta ha logrado el FIPRESCI a la mejor película de Argentina de 2011, que conceden los críticos, y algún comentario menos positivo, como los de la propia Universidad de Buenos Aires:

“La recepción fue un quilombo -dice el director entre risas-; fue muy controvertida, pero ya sabía yo que iba a serlo. Yo me sentí muy deudor de las distintas facciones políticas de la universidad y fue agotador hablar con todos ellos”, reconoce.

De todos los comentarios arrastrados por la cinta, Mitre sólo lamenta “que mucha gente que desprecia la política universitaria la use para decir: 'claro, estos pibes hacen política y no estudian', porque es una idea completamente falsa”, protesta.

La cinta, explica Mitre, trata de “la tensión entre la instancia ideológica y la puesta en práctica de esas ideas” y es también un alegato en favor de la ética dentro de la política: “Yo no he querido decir que la política es esto o lo otro; también hay cosas muy buenas en la película, como la pasión”, apunta el director.

Y no sólo habla Mitre de la pasión dialéctica. El “estudiante” es un tipo que “desea con muchísima fuerza y eso que enfoca primero a las mujeres va migrando al ámbito político, pero con la misma convicción, y eso es que lo hace progresar”.

El final “tiene moraleja… o no -dice Mitre-, se puede interpretar de muchas maneras; si uno es idealista, verá que la decisión del personaje es porque cree que hay que hacer política desde otro lugar; pero si no, si es un poco cínico, puede pensar que decide así porque la política está podrida y no hay nada que hacer”.

Ver esta película, que también es Premio del Jurado en el festival de Locarno, es “tratar de leer por debajo de ese océano de palabras que plantea la política”. Nada menos.

Por Alicia G.Arribas.