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Garbiñe Muguruza ha estrenado su palmarés en lo que a Grand Slam se refiere al convertirse en campeona de Roland Garros después de batir con solvencia a Serena Williams, número 1 del mundo, en dos sets, 7-5 y 6-4.

La pupila de Sam Sumyk ha mostrado su mejor tenis en la tierra batida de la Philippe Chatrier. Agresiva desde el primer punto de la final, Garbiñe ha dejado patentes las prometedoras condiciones que tiene para convertirse en la futura líder del ranking WTA. Tanto con la derecha como en el revés, la española hacía sufrir a Serena en los intercambios, quien en todo momento se encontró incómoda con el alto ritmo que emprendía a sus golpes Muguruza.

Acostumbrada a enfrentarse a rivales con mucha menos potencia que ella, Williams se desquiciaba, cometiendo numerosos errores no forzados que ayudaron a que Muguruza se despegara en el marcador. Hasta cinco bolas de partido necesitó la hispanovenezolana para levantar la Copa de los Mosqueteros, un trofeo que no levantaba una jugadora española desde el año 1998, fecha en la que Arantxa Sánchez Vicario reinó en París.

Ni las dobles faltas (ocho en el haber de Muguruza) ni los recuerdos de la pasada final de Wimbledon, donde Serena batió a la española, han impedido que Garbiñe ya forme parte de la historia del tenis español. La defensa (espectacular el globo final para llevarse el torneo) y la mentalidad, un punto donde ha mejorado mucho en los últimos meses, han sido claves a lo largo del torneo, impredecible por la lluvia y las sorpresa en el cuadro, para que la tenista española haya ganado Roland Garros.

El próximo lunes, Muguruza saldrá en el ranking WTA en el puesto más alto de su carrera, el número 2, una victoria que reforzará, sin ninguna duda, su moral de cara al próximo gran objetivo: Wimbledon.