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Getaria (Gipuzkoa), 18 mar (EFE).- Además de maestro indiscutible de la técnica del corte y el patronaje, Balenciaga fue un mago de los materiales, especialmente del encaje, un tejido delicado al que la creatividad innovadora del modisto guipuzcoano convirtió en estrella de la moda contemporánea.

El museo dedicado al diseñador en su localidad natal, Getaria, ha presentado hoy “Balenciaga a través del encaje”, una muestra que da cuenta de su relación con este tejido transparente y etéreo que está presente ya en sus primeros trabajos en el taller de San Sebastián

En total son más de 60 piezas, entre vestidos y complementos, las incluidas en la muestra con la que el Museo Balenciaga celebra su quinto año de andadura y marca su primera colaboración internacional, ya que la exposición está coproducida por la Cité Internationale de la Dentelle de Calais.

Según ha explicado la directora del Museo, Miren Vives, la muestra se exhibió en dicho centro de Calais el pasado año y ha sido adaptada a los espacios de Getaria para la ocasión.

Se trata de uno de los “grandes activos” del programa “Conversaciones” de la Capitalidad Cultural de San Sebastián, como ha señalado el director general de San Sebastián 2016, Pablo Berastegi, quien ha participado en la presentación junto con el viceconsejero de Cultura, Joxean Muñoz, y el diputado de Cultura, Denis Itxaso.

En un recorrido por tres salas, el visitante puede contemplar cómo el encaje cuenta con una presencia constante en la labor de Balenciaga desde sus inicios hasta su apogeo en los años 50 y 60.

En los desfiles de París de 1952, de hecho, superó incluso a Christian Dior en el uso de este tejido, ha explicado el comisario asociado Igor Uria.

Al igual que en otros ámbitos, Balenciaga derrochó innovación y revolucionó también el mundo del encaje al utilizarlo como base de vestidos camiseros, túnicas y chaquetas en lugar de restringirlo a los diseños para la noche como se hacía hasta entonces.

Para ello supo aliarse con la industria, entonces encarnada en las grandes casas de Marescot, Brivet, Hurel y Dognin, para innovar en los diseños y los materiales y buscar así nuevos motivos que decoraron los vestidos y dotaron en ocasiones de volumen a elementos que siempre habían sido planos.

Como ejemplo, un vestido de novia confeccionado en plena Segunda Guerra Mundial, cuando Calais era una ciudad bombardeada y sus telares estaban inservibles por lo que el modisto ideó unas pequeñas piezas sobrepuestas que otorgan un efecto de volumen.

Una de las vitrinas más espectaculares es la que incluye varios modelos de “coctail” en negro y rojo que reflejan los cerrados códigos de las élites de los años 40 o 50, cuando una mujer debía acudir a una celebración de día con los hombros cubiertos.

Esta era la oportunidad para diseñar toreras, una de las prendas emblemáticas de Balenciaga, o pequeñas aplicaciones de encaje, que posteriormente se podían quitar y dejaban asomar un vestido “palabra de honor” apto para una noche de ópera o una cena, ha explicado la conservadora de la Cité de la Dentelle et de la Mode de Calais Shazia Boucher.

Tampoco faltan exponentes de sombreros, guantes, tocados y demás complementos así como piezas de encaje hecho a mano en el siglo XVIII, pertenecientes a la colección personal del modisto y que en ocasiones colocaba sobe sus prendas.

La muestra ofrece además espacios didácticos que se enmarcan dentro del empeño del museo por generar un público sensibilizado y una “cultura de la moda”, ha explicado Miren Vives.

Son tres zonas que impulsan la participación en la que los visitantes podrán conocer las cualidades de un tejido como el “chantilly”, entre otros, mediante el tacto así como probarse réplicas de piezas multiusos como una falda que se hace capa.

Paneles explicativos sobre el modo de elaboración del encaje, conferencias, una “master class” dedicada al análisis de tejidos, cursos y visitas guiadas completan la oferta de esta muestra que permanecerá abierta al público desde mañana hasta el 18 de septiembre. EFE

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