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El Open de Australia, y la historia, esperaban a Rafa Nadal. El número 1 del tenis mundial solo tiene un título 'assie' y demostró que quiere sumar en su cuenta particular camino de seguir batiendo récords. Es verdad que se enfrentó a un Federer fallón que tras perder el 'tie break' con el que se resolvió la primera manga, perdió el rumbo del partido. Y es verdad, también que en la final le espera la potencia y agresividad de Wawrinka, agarrado como está a un servicio monstruoso. Pero la mentalidad de Rafa a prueba de bombas y llagas le empuja a unos niveles desconocidos.

Pese a una molesta llaga en su mano izquierda que le obligó a solicitar asistencia médica, Nadal pudo desplegar su mejor tenis y superar a un excesivamente errático Federer en el trigésimo tercer duelo histórico entre ambos.

Había mucha expectación por el encuentro, el trigesimotercero de una de las mejores rivalidades de la 'Era Open', pero el manacorí levantó un 'muro' impenetrable a Federer, que llegaba con muy buenas sensaciones, pero que, prácticamente desde el principio, no encontró la fórmula para tener opciones o para alargar un partido, que se fue declinando hacia el lado del español a medida que este fue creciendo en su tenis.

Nadal supo aguantar el primer set, el más igualado, donde puso un cerrojo a su saque y a partir de ahí comenzó un recital de golpes para dominar completamente al de Basilea, al que su habitual ineficacia cuando juega con el español con su revés, unió un mal día también con el 'drive' y con su saque, tampoco excesivamente demoledor.

El 'drive' del manacorí hizo mucho daño y su revés a dos manos también le funcionó, sobre todo cuando Federer se asomó en la red, escenario donde pese a dejar muestras de su clase tampoco encontró la solución, siendo víctimas de algunos 'passings' majestuosos del primer favorito.

Con su habitual táctica de cargar el juego sobre el revés del suizo y solidez en el servicio, se mantuvo sin excesivos problemas en el set, aunque tampoco ofreció su mejor tenis, también con excesivos errores no forzados (15), nada comparables con los 24 de su rival, 13 de ellos con su peor golpe.

Sin embargo, las mejores opciones fueron para Nadal, que gozó de tres bolas de 'break' entre el séptimo y noveno juegos. Federer las logró salvar y llevar el partido a una 'muerte súbita' que supuso el principio del fin para el partido. El balear la dominó, ayudado por los fallos del de Basilea, y le sirvió para asentarse definitivamente en la pista.

NADAL SUBE EL NIVEL

Así, los largos peloteos comenzaron a caer siempre del mismo lado, el del número uno del mundo, que alargó poco a poco su cuenta de 'winners' minimizando la de errores no forzados, que se quedaron en diez más en el resto del partido. Federer no pudo seguir el ritmo del español y continuó sufriendo con su saque y sin poder inquietar en el resto.

Con todo, tiró de lo mejor de su repertorio para salvar tres bolas de 'break' en el cuarto juego, pero este apuro fue el preludio de lo que finalmente sucedió, la rotura a favor de Nadal, que realizó un magnífico sexto juego para tomar una delantera que ya no perdió para poner el partido muy cuesta arriba al pupilo de un Stefan Edberg, un tanto cariacontecido desde el palco.

El tercer parcial no trajo la remontada de Roger Federer, en parte porque el manacorí no bajó su nivel. El número uno del mundo volvió a romper en el tercer juego, pero, en su decimotercer servicio, su rival por fin encontró un resquicio que no desaprovechó. No le sirvió de impulso porque el campeón de 2009 volvió a lograr el 'break' en el séptimo y con un tenis ya de altísimo nivel y ante un rival desesperado puso la directa hacia la final donde intentará hacer valer su racha ante Stanislas Wawrinka.

El próximo domingo, el balear buscará el decimocuarto 'Grand Slam' de su carrera y segundo en Melbourne, donde ya se coronó en 2009 y perdió la final en 2012 ante el serbio Novak Djokovic.