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La historia de nuestros emprendedores de la semana, Gonzalo Manrique, español, y Ariel Quiñones, puertorriqueño, comienza durante un MBA en la prestigiosa Wharton School de Philadelphia (EEUU). Ambos estudiantes, de 30 y 29 años respectivamente, se conocen durante el máster y hablan de un proyecto que tienen en mente, una escuela de programadores de última generación. Así nace Ironhack.

La inquietud emprendedora de ambos -Ariel estudió Políticas y Economía en Harvard y Gonzalo, Ingeniería de Caminos- les viene de familia. El padre de Ariel montó una gran universidad en Puerto Rico y Gonzalo es hijo del presidente de Sacyr. Según nos explica, la idea de montar Ironhack les surgió a raíz de leer un artículo que publicó la Comunidad Económica Europea, en el que se decía que había 700.000 puestos vacantes en el sector de la Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y creciendo en 100.000 al año. “Esto nos llamó muchísimo la atención, porque juntándolo con el paro que hay en el sur de Europa, vemos que hay claramente un error estructural en el sistema educativo”, comenta.

Tras esta reflexión comenzaron una ardua labor de investigación que dio resultados bastante elocuentes: “Entrevistamos a más de 100 alumnos y hablamos con 50 empresas de start ups de distintos países. El resultado fue que nos dimos cuenta de la desconexión brutal que existe entre lo que enseñan en las universidades y lo que se demanda en las empresas. Y no sólo en temas de tecnología y lenguaje de programación, sino en las metodologías de trabajo”, afirma.

A su juicio, la Universidad española “está obsoleta” y la enseñanza “es muy teórica”. “En mi caso, que hice Caminos, estudié prácticamente con el mismo plan de estudios que mi padre… En temas de tecnología están muy desfasados y los profesores son profesores de profesión que no conocen los problemas del día a día de una empresa, que no han liderado equipos tecnológicos, que no saben a qué problemas se enfrenta un programador o una start-up para crecer…”.

En ese sentido, añade: “Es preocupante que un alumno de informática no sepa que si aprende el lenguaje de programación Ruby on Rails, que es el que enseñamos nosotros, pueden ganar unas 30.000 libras en Londres”.

Al ser conscientes del dineral que cuesta a las empresas poner al día a los alumnos, deciden emprender con la organización de cursos que harían esta labor de puente.

CURSO INTENSIVO DE OCHO SEMANAS

“Nuestro curso es muy intensivo y eminentemente práctico. Son ocho semanas de formación (320 horas) con una metodología muy innovadora”, puntualiza.

Los profesores, líderes de start ups propias, enseñan a los alumnos a superar los retos y a trabajar en una empresa tecnológica.

Ironhack ha comenzado a rodar con el primer curso que se puso en marcha en Madrid en octubre de este año. De momento, son 12 alumnos que ya en las tres semanas previas tuvieron que rellenar un formulario, pasar un par de entrevistas y realizar una serie de ejercicios para equipararse en nivel.

“Nosotros lo que buscamos son alumnos con cierta base tecnológica y un montón de motivación”, explica Gonzalo.

CON SALIDA EN EL MERCADO LABORAL

El precio del curso es de 5.900 euros, pero hay buenas perspectivas de colocación: “La inmensa mayoría se va a colocar porque trabajamos sobre perfiles muy demandados. De aquí salen con dos perfiles muy claros: programadores junior y product manager para empresas tecnológicas europeas”, matiza.

De momento, la cosa marcha y los próximos cursos de Ironhack ya tienen fecha: a partir del 20 de enero en Barcelona y un segundo en Madrid, el 6 de febrero.

El proyecto ha partido de un capital de 25.000 euros que han aportado entre ambos con posibilidad de ampliarlo y dar entrada a más socios.

Y lo peor han sido, sin duda, los trámites burocráticos para llevarlo a cabo: “A mi socio se lo han puesto complicadísimo por ser extranjero. Sacar el número de identificación fiscal ha sido un auténtico calvario, yendo de comisaría en comisaría, donde no le hacían ni caso y le juntaban con otros inmigrantes que iban por temas distintos… No hay ninguna facilidad a un extranjero que quiera invertir y eso preocupante”, finaliza.