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Según Qiao Runling, subdirector del Centro de Desarrollo Urbano de China, “casi cada localidad de grande o mediano tamaño tiene planes de erigir una nueva ciudad” en sus afueras, apostando por una rápida urbanización para estimular el crecimiento económico.

En muchos casos, las ciudades de nueva planta son incluso mayores que las de los ayuntamientos que las han promovido, y a veces están casi o completamente vacías, subrayó Qiao, cuya institución depende de la Comisión Nacional de Reforma y Desarrollo (equivalente a un ministerio de economía).

“China tiene actualmente una excesiva oferta de ciudades”, aseguró Qiao en un foro sobre desarrollo urbano celebrado en la provincia oriental de Jiangxi.

Famoso es el caso de Kangbashi, una ciudad de la región septentrional china de Mongolia Interior pensada para albergar a 1,5 millones de personas (la vecina Ordos, promotora del proyecto, tiene una población aún menor).

Kangbashi sólo ha atraído a unas decenas de miles de compradores, pese a contar con faraónicos parques, teatros y museos, así como una plaza central que en nada puede envidiar a la pequinesa de Tiananmen.

Según estadísticas oficiales, el suelo urbanizado en China aumentó un 83,41 por ciento entre 2000 y 2010, mientras que la población urbana sólo ascendió en ese periodo un 45,12 por ciento.

El Gobierno central chino está preocupado por la gestión económica de muchos ayuntamientos locales, fuertemente endeudados, y recientemente anunció una masiva auditoría de las deudas estatales a todos los niveles, que se inició el pasado 1 de agosto.