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Conocí a Miguel Llamas en 1991, en un despacho de abogados de Murcia en el que empecé mis prácticas. Al tiempo que aprendía mi profesión, sin darme cuenta también aprendí a querer sus trabajos. Tanto que las esculturas y cuadros de Miguel empezaron a llenar mi despacho y mi casa. Miguel aparecía siempre en el momento justo con una escultura entre sus manos y te envolvía con sus explicaciones entus…