domingo, 27 septiembre 2020 19:16

Un poeta inglés descansará para siempre en Padua

Desgraciadamente, David Raikes no vivió lo suficiente para contar su vida en un poema. Sí escribió, pese a su juventud, las vivencias de sus compañeros en unos versos llenos de ternura e ironía, y sobre todo, de amor por la vida. En plena Segunda Guerra Mundial, escribía sobre otro soldado: “Era una pena que llevara ese reloj; era bueno, dijo que costaba 20 libras”. Y con esta simple frase Raikes comenzaba una reflexión sobre la fragilidad del ser humano.

Acostumbrado a escribir sobre los compañeros que no volvían, él fue el que un día no volvió. Y aunque en una guerra todas las muertes son un accidente, su caso sí es pura mala suerte. En abril de 1945, apenas diez días antes del final de la guerra, el Escuadrón 18 de la RAF (la prestigiosa fuerza aérea británica) se había instalado en Rimini. Una de sus últimas misiones era volar un puente sobre el río Po, y con este encargo partieron cuatro jóvenes pilotos, ninguno mayor de 21 años. La guerra estaba ganada, los alemanes huían hacia el norte y apenas quedaban focos de resistencia, así que todo parecía sencillo.

Pero no fue así. Los cuatro soldados (el sargento David Raikes, piloto; los sargentos de vuelo David Perkins y Alexander Bostock; y el oficial australiano John Hunt, el cuarto tripulante) se montaron en un aparato llamado Boston. Y fueron derribados en el aire por una de las pocas baterías antiaéreas alemanas que seguían funcionando. Todos fallecieron, en un giro fatal del destino. Y si la desgracia no se hubiera cruzado en su camino, probablemente David Raikes se habría convertido en un reconocido poeta. Pero no fue así, y sus restos ni siquiera volvieron al Reino Unido: se quedaron en Italia.

Pero aunque su vida sí acabó ahí, las peripecias de Raikes no terminaron hasta mucho más tarde. Unos investigadores italianos, miembros del grupo Archeologi dell'Aria, investigaron entre los mayores aquella historia que habían escuchado alguna vez: la de un avión derribado sobre las cabezas de los habitantes de Copparo, cerca de la ciudad Ferrara. Y manos a la obra, acabaron encontrando, en 2011, las pertenencias de los fallecidos.

El trabajo continuó, y rebuscando en los archivos de guerra del Reino Unido y de Australia, por fin pudieron identificar a los tripulantes de aquel vuelo maldito. Entre ellos estaba David Raikes. El pasado jueves, por fin, los restos de esos cuatro valientes recibieron sepultura, 68 años después de su muerte, en el cementerio de la Commonwealth de la bella Padua. En esa ciudad de encanto, muy cerca de la basílica de San Antonio, descansará para siempre un poeta inglés.