El mercado inmobiliario es el que más peso tiene en nuestro país. Sin embargo, la oferta no es capaz de dar respuesta a la demanda que hay. Esto sucede en el mercado tanto de venta como de alquiler, por lo que revalorizar la vivienda para darle salida lo antes posible es una de las claves de la venta.
Según portales inmobiliarios expertos, una reforma integral incrementa el valor de una vivienda entre un 35% y un 40%, mientras que las reformas parciales, especialmente en espacios estratégicos como cocinas y baños, la revalorizan entre un 15% y un 20%.
Este potencial ha convertido a las reformas de interiorismo en un tema clave para propietarios e inversores. Lo que hay que tener en cuenta es que no todas las intervenciones aportan el mismo valor.
Para tomar las decisiones más rentables hay que estudiar lo que genera impacto de cara a nuevos compradores y del mercado, pero también saber cómo comunicar esa mejora.
Hacer reformas donde realmente se genera valor
Invertir en los espacios correctos es determinante para aumentar el valor de una vivienda sin gastar de más.
La cocina y los baños siguen siendo las áreas con mayor retorno de inversión. Son espacios de uso diario que, cuando están bien diseñados y modernizados son más atractivos estéticamente, pero siguen siendo funcionales y cuentan con un plus de calidad.
Actualizar una cocina empieza por la sustitución de electrodomésticos y pasa por repensar el flujo de trabajo, optimizar el almacenamiento y elegir materiales duraderos y estéticos. En los baños, la renovación de sanitarios, griferías y acabados puede transformar un espacio obsoleto en uno que responda a las expectativas actuales.
Junto a estas intervenciones puntuales, hay mejoras que, aunque sutiles, elevan la percepción general de la vivienda. Un ejemplo es la renovación de suelos, la pintura en tonos neutros y una iluminación bien planificada.
Trabajar el tema de la eficiencia energética
Una reforma de interiorismo no es simplemente seleccionar muebles de diseño, acabado de alto standing o corregir una distribución defectuosa. Toda inversión que considere la mejora de la eficiencia energética es una apuesta por la rentabilidad y el futuro de la vivienda.
Los compradores valoran aspectos como el aislamiento térmico, la calidad de las ventanas o la eficiencia de los sistemas de climatización. Estos detalles, que solo se podían ver en obra nueva, son fácilmente replicables en viviendas de segunda mano y aumentan considerablemente tanto el valor como la percepción del inmueble.
Al mismo tiempo, una mejor calificación energética se traduce en un argumento sólido a la hora de poner una vivienda en el mercado. Son intervenciones que, más allá de lo funcional, aportan una narrativa de sostenibilidad muy valorada ahora mismo.
Además, no olvidemos que invertir en eficiencia energética también puede abrir la puerta a beneficios fiscales.
Redistribuir el espacio para tener en cuenta la luz y la amplitud visual
En muchas ocasiones no será necesario ampliar metros cuadrados para que una vivienda tenga más valor. Entender cómo se distribuyen los espacios, ver las entradas de luz y trabajar en la sensación de amplitud va a transformar cómo se percibe la vivienda y, por tanto, su valor.
El primer paso será eliminar barreras visuales, conectar espacios de forma fluida y optimizar la entrada de luz natural son estrategias que elevan el valor percibido sin grandes obras.
Del mismo modo, la luz natural debe ser aprovechada al máximo, potenciando ventanas existentes o incluso planteando soluciones para canalizar más claridad a habitaciones interiores.
Contar con asesoramiento profesional
Pensar en términos estratégicos y no improvisar es uno de los consejos que comparten los expertos inmobiliarios. Contar con un interiorista, un arquitecto o un agente inmobiliario con experiencia puede evitar errores y orientar la inversión hacia lo que realmente aporta valor.
Al contar con profesionales como los de SUENH, se obtiene criterio estético y técnico (por supuesto), pero también una visión estratégica del mercado. Su experiencia permite analizar la vivienda desde la perspectiva del comprador, entender qué se demanda en cada zona, identificar las tendencias actuales y optimizar cada euro invertido para maximizar la rentabilidad.
Revalorizar una vivienda no es solo una cuestión de presupuesto, sino de inteligencia a la hora de decidir en qué invertir y cómo presentarlo. Invertir en reformas de interiorismo con criterio, apostar por la eficiencia, cuidar la distribución y potenciar la imagen del espacio son pasos que, juntos, pueden marcar una diferencia notable en el valor final de la propiedad.






