"Solo quería bajar 3 kilos y acabé en la UCI": El drama de Carlos (42) con la dieta del ayuno que casi le cuesta un riñón

Carlos, un madrileño de 42 años, ingresó en la UCI con fallo renal agudo tras practicar ayuno seco durante cinco días sin supervisión profesional. Su caso revela cómo la obsesión por perder peso rápido puede transformarse en una emergencia médica grave cuando se ignoran las señales del cuerpo. Los especialistas alertan: la deshidratación severa combinada con restricción alimentaria extrema puede dañar órganos vitales en menos de una semana.

Lo que comenzó como un plan inocente para perder tres kilos antes del verano terminó en una situación de vida o muerte para Carlos, un profesional de 42 años sin antecedentes médicos previos. Tras leer sobre los beneficios del ayuno prolongado en redes sociales, decidió aplicar la modalidad más estricta: el ayuno seco, que elimina tanto comida como agua durante períodos extendidos. A los cinco días, los síntomas de deshidratación le obligaron a solicitar asistencia médica de urgencia.

El equipo médico encontró niveles críticos de creatinina en sangre y signos evidentes de daño renal agudo por deshidratación severa. Los riñones de Carlos habían dejado de filtrar adecuadamente los desechos del organismo, acumulando toxinas que amenazaban su supervivencia. Su caso ilustra un patrón cada vez más frecuente en urgencias hospitalarias: personas sanas que desarrollan complicaciones graves tras seguir protocolos de ayuno extremo sin ningún tipo de control profesional.

El ayuno seco y sus consecuencias inmediatas

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El ayuno seco elimina completamente la ingesta de líquidos durante el período de restricción, una práctica que los nefrólogos consideran extremadamente peligrosa. Mientras el cuerpo humano puede sobrevivir semanas sin alimento, la ausencia de agua durante más de 72 horas genera un deterioro rápido de las funciones vitales. Los riñones, órganos que requieren hidratación constante para filtrar la sangre, comienzan a fallar cuando los niveles de líquido corporal descienden drásticamente.

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En el caso de Carlos, la combinación de ayuno total y deshidratación provocó una cascada de eventos adversos. Su organismo empezó a descomponer masa muscular para obtener energía, liberando sustancias tóxicas que los riñones ya no podían procesar adecuadamente. Los análisis revelaron niveles elevados de ácido úrico y creatinina, marcadores típicos de insuficiencia renal aguda. Además, experimentó calambres intensos, pérdida de memoria temporal y alteraciones del ritmo cardíaco por deficiencias de magnesio y potasio.

Los especialistas advierten que el ayuno seco aumenta significativamente el riesgo de cálculos renales e insuficiencia orgánica. Sin supervisión médica, estas prácticas pueden causar daños irreversibles en órganos vitales. Por ello, ningún protocolo de salud reconocido recomienda eliminar la hidratación durante períodos de restricción alimentaria, independientemente de los supuestos beneficios metabólicos que prometen ciertos influencers en redes sociales.

Cuando la pérdida de peso se convierte en emergencia

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  • Carlos perdió 6,5 kilos en cinco días, una velocidad de descenso que garantiza pérdida de agua y masa muscular en lugar de grasa
  • Los síntomas iniciales incluyeron mareos constantes, mal aliento extremo y dolores de cabeza intensos que ignoró pensando que eran "normales"
  • Al cuarto día desarrolló dificultades para concentrarse y episodios de confusión mental que su familia atribuyó al cansancio
  • La orina se volvió oscura y escasa, señal clara de deshidratación crítica que él interpretó como "desintoxicación"

Los médicos que atendieron su caso explican que cualquier pérdida superior a un kilo por semana sin cirugía bariátrica resulta altamente riesgosa y no constituye una reducción saludable de peso. El descenso acelerado indica que el cuerpo está consumiendo sus propias proteínas estructurales y eliminando líquidos esenciales. En situaciones de ayuno extremo, el organismo entra en modo de supervivencia, ralentizando el metabolismo y preparándose para acumular grasa cuando se reanude la alimentación normal.

Señales de alarma que nunca debes ignorar

Los profesionales de la salud identifican síntomas específicos que indican que una dieta restrictiva está causando daño orgánico. La deshidratación produce cambios súbitos de ánimo, desde irritabilidad extrema hasta estados de apatía profunda. Los calambres musculares frecuentes, especialmente nocturnos, señalan desequilibrios peligrosos de minerales esenciales como magnesio y potasio que regulan la función cardíaca.

La pérdida de cabello acelerada y las alteraciones en el crecimiento de las uñas manifiestan que el cuerpo está sacrificando tejidos no vitales para mantener órganos principales. Los desmayos o episodios de visión borrosa indican que el cerebro no recibe suficiente glucosa ni oxigenación adecuada. Cualquiera de estos signos durante un protocolo de ayuno exige suspensión inmediata y valoración médica urgente.

Carlos reconoce ahora que ignoró múltiples advertencias de su organismo, convencido de que el malestar formaba parte del "proceso de limpieza" que prometían los vídeos que había visto. Esta percepción errónea, alimentada por información no verificada en redes sociales, casi le cuesta la vida. Los expertos insisten en que el cuerpo humano no necesita "reseteos" ni "desintoxicaciones" extremas: los riñones e hígado realizan estas funciones constantemente cuando se les proporciona hidratación suficiente y nutrientes básicos.

Alternativas seguras para perder peso de forma sostenible

Perder tres kilos de forma saludable requiere entre tres y seis semanas con un déficit calórico moderado y supervisión nutricional. Una dieta hipocalórica bien planificada reduce la ingesta entre 300 y 500 calorías diarias sin eliminar grupos alimentarios esenciales. Este enfoque permite que el organismo utilice reservas de grasa gradualmente mientras mantiene la masa muscular y la función de órganos vitales.

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Los dietistas registrados recomiendan mantener una hidratación de 800 a 1000 ml diarios como mínimo absoluto durante cualquier protocolo de restricción calórica. El agua no aporta calorías pero resulta imprescindible para que los riñones eliminen los productos de desecho del metabolismo de las grasas. Incluso en ayunos intermitentes supervisados, la ingesta de líquidos se mantiene constante para prevenir complicaciones renales.

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