Doraemon es, sin duda, uno de los iconos más grandes de la animación japonesa, acompañando a generaciones enteras de niños en sus meriendas televisivas. Sin embargo, detrás de los inventos mágicos y las aventuras inocentes, existe una leyenda urbana que ha circulado por internet durante décadas, oscureciendo la historia alegre que todos recordamos. Se trata de un supuesto final alternativo, nunca emitido oficialmente en televisión, que cambia por completo el sentido de la serie y la transforma en un drama psicológico.
Según esta teoría, que ha aterrorizado a miles de fans en todo el mundo, nada de lo que vimos fue real. Todo sería producto de la mente de un Nobita enfermo, postrado en una cama de hospital y soñando una vida mejor para escapar de su dolorosa realidad física. Esta historia cobró tanta fuerza en su momento que, supuestamente, la productora japonesa tuvo que intervenir públicamente para calmar a una audiencia conmocionada que exigía explicaciones inmediatas.
El origen del mito sobre la enfermedad
El comienzo de este oscuro rumor se remonta a los primeros años de la expansión masiva de internet, propagándose rápidamente a través de cadenas de correo electrónico y foros especializados en anime. La narrativa es devastadora: Nobita no sería un niño torpe y perezoso con mala suerte, sino un paciente terminal que ha pasado años en un estado vegetativo irreversible. En este escenario dantesco, todos los personajes que conocemos, desde Gigante hasta Shizuka, serían meras representaciones de personas que conoció fugazmente o idealizaciones de amigos que nunca pudo tener en la vida real.
Lo más impactante de esta versión es la naturaleza de Doraemon, quien dejaría de ser un sofisticado gato robot enviado desde el siglo XXII para ayudarle. En la cruel realidad de este final apócrifo, Doraemon sería simplemente un peluche inanimado que le regalaron a Nobita para que no se sintiera solo en la fría habitación del hospital. Al despertar de su coma o justo antes de morir, el niño descubriría entre lágrimas que todas sus aventuras fantásticas fueron solo un mecanismo de defensa mental complejo, diseñado por su cerebro para sobrellevar el sufrimiento físico y su profunda soledad.
Impacto social y supuesta censura
La difusión masiva de esta historia provocó una histeria colectiva en Japón, llegando a tal punto que se generó una verdadera crisis de relaciones públicas para los creadores de la franquicia. Se cuenta que las oficinas de la cadena televisiva TV Asahi recibieron multitud de cartas y llamadas de padres angustiados, quienes aseguraban que sus hijos no podían dejar de llorar tras escuchar el rumor en el patio del colegio. La presión social fue tan intensa que la leyenda creció sola, añadiendo detalles sobre una supuesta censura gubernamental para proteger la salud mental de los menores ante un final tan crudo.
Entre las consecuencias más citadas por los seguidores de esta teoría, destacan varios puntos clave que alimentaron el mito urbano durante años:
- Manifestaciones de fans indignados frente a la sede de la productora en Tokio exigiendo la retirada del supuesto guion.
- La creación de manga fanmade muy realista que visualizaba gráficamente la muerte del protagonista en la cama.
- Un comunicado oficial negando rotundamente la existencia del capítulo para detener el pánico generalizado.
- El aumento exponencial de la venta de merchandising debido a la controversia generada en los medios.
La realidad sobre el final de los autores
Para entender la verdad, debemos recordar que el dúo de autores, conocido artísticamente como Fujiko F. Fujio, nunca llegó a escribir un final definitivo para la serie antes del repentino fallecimiento de uno de ellos en 1996. La obra estaba diseñada desde el principio para ser un ciclo continuo de aventuras sin un desenlace dramático, manteniendo la esencia infantil y optimista que la caracteriza. Por tanto, la versión del coma es técnicamente imposible dentro del canon oficial establecido por los creadores originales, quienes siempre buscaron transmitir valores positivos de amistad, esfuerzo y superación, no de tragedia.
Existe, sin embargo, un final que sí goza de cierta aceptación entre el fandom y que es mucho más conmovedor, conocido popularmente como el de la batería agotada. En esta historia, Doraemon se queda sin energía y Nobita debe elegir entre cambiarle la batería (perdiendo su memoria) o esperar a que la tecnología avance. Esto motiva al niño a estudiar hasta convertirse en un científico brillante en el futuro para reparar a su amigo sin borrar sus recuerdos, cerrando el ciclo de una manera emotiva y heroica, muy lejos del trauma hospitalario que propone la leyenda urbana del coma.
Por qué nos fascinan las teorías oscuras
A pesar de los desmentidos constantes por parte de la editorial, la fascinación por convertir historias infantiles en tragedias adultas responde a un fenómeno psicológico muy habitual en la cultura pop moderna. Al igual que ocurre con otras series míticas como Oliver y Benji (donde también se dice que el protagonista soñó todo tras ser atropellado por un camión), estas narrativas oscuras buscan romper la inocencia nostálgica del espectador. Nos atrae morbosamente la idea de que algo tan puro esconda un secreto terrible, transformando un recuerdo feliz de la infancia en algo complejo y perturbadoramente real.
Hoy en día, internet y las redes sociales siguen reciclando estas historias, y cada cierto tiempo aparecen nuevas generaciones que descubren el mito del coma y lo comparten como si fuera una novedad absoluta o un hecho contrastado. Aunque la realidad es que Doraemon sigue emitiéndose y divirtiendo a millones de niños cada semana, la sombra de ese desenlace trágico permanecerá siempre ligada a la franquicia. Es el precio de ser un icono cultural global: la ficción a veces escapa de las manos de sus propios autores para convertirse en folclore digital incontrolable.









