Resulta que el ex líder venezolano era un espectador habitual –y bastante crítico– del magacín matinal de Antena 3. No se limitaba a verlo. Según contó la propia Susanna Griso, Maduro tenía la costumbre de hacerle llegar mensajes a través de intermediarios, riéndose o burlándose de sus comentarios.
La noticia de la detención de Nicolás Maduro acaparó toda la atención mediática durante el fin de semana, disparando las audiencias. Este lunes, los programas de actualidad volvían sobre el tema con más calma, buscando ángulos diferentes. ‘Espejo Público’ lo hizo con la perspectiva personal de su presentadora, quien aprovechó para recordar una animadversión mutua de larga data. No era la primera vez que hablaba de ello, pero sí la primera que detallaba ese hábito casi cotidiano de Maduro de seguir su programa y reaccionar a él.
La anécdota va más allá del simple cotilleo. Habla de la influencia de la televisión internacional, de cómo un programa español se convierte en un referente informativo para miles de venezolanos, y de la obsesión puntual que un hombre de Estado podía desarrollar por una periodista a miles de kilómetros de distancia.
“Nos veía habitualmente y se mofaba de mí” comenta Susanna Griso

La revelación llegó en un momento de conversación aparentemente distendido, durante la intervención de la periodista venezolana Gipsy Almeida. Se hablaba de cómo figuras como el cantante Carlos Baute, abiertamente críticos con el régimen, no podían volver a Venezuela.“No puede ni él ni yo”, espetó Griso de manera espontánea, introduciendo su propia experiencia en la ecuación.
Fue entonces cuando soltó la bomba, dijo: “Que sepáis que nos veía habitualmente. A través de personas interpuestas me hacía llegar mensajes. Cuando no se reía, se mofaba de mí con una parodia bastante mala”. Uno puede imaginarse a Maduro viendo la televisión internacional en algún despacho, molestándose con los comentarios y encargando a alguien que transmitiera su desagrado.
Griso añadió más detalles que confirmaban esta fijación. “Después de ese programa, de vez en cuando, no voy a decir quién, me decía: ‘A Maduro le ha molestado lo que has comentado, a Maduro no le ha gustado…’”, continuó. La presentadora admitió que nunca llegó a entenderlo del todo. “Yo decía: ‘Pero este hombre, ¿qué hace siempre viéndonos?’”. La pregunta queda en el aire, pero la respuesta la dio la misma Gipsy Almeida: Antena 3, a través de su señal internacional, era “un referente de todos los venezolanos para podernos informar”. Por esa ventana entraba ‘Espejo Público’, y también otros formatos como ‘Zapeando’ o ‘Aquí no hay quien viva’, a los hogares –y quizás al palacio– venezolanos.
Un conflicto que viene de lejos: el editorial de 2017

Esta obsesión no nació de la nada. Tiene un origen claro y documentado. Hay que remontarse a 2017. En ese año, Susanna Griso fue especialmente crítica con la situación en Venezuela en varios de sus editoriales. Su dureza llegó a oídos de Maduro, quien en una comparecencia pública decidió responderle directamente. En tono burlón, imitó a la presentadora diciendo: “La presentadora decía que Maduro volvía a arremeter contra España, que Maduro volvía a arremeter contra Antena 3. Tiene una obsesión con España”.
En su programa, se dirigió a él con estas palabras: “Señor Maduro, siento decepcionarle, pero yo no le voy a responder. Solamente le voy a descubrir una cosa que posiblemente va a herir su orgullo, y es que los que le ríen las gracias no son amigos ni fieles; posiblemente se las ríen por miedo, como también se las rieron posiblemente a Calígula. Pero no vamos a responder. Van a responderle sus propios actos, sus propios muertos, porque hace unas horas su policía mató a un chico de 22 años en las calles de Caracas y ya van 75 desde que empezaron las protestas. Su país no está para imitaciones; la violencia, las colas, el caos, las generaciones perdidas no merecen una mala imitación. Siento decirle, señor Maduro, que la historia no le absolverá”.
Al margen del conflicto con el expresidente, Susanna Griso quiso dejar claro que su relación con Venezuela es profunda y anterior a toda esta polémica. Explicó que se siente “muy ligada” al país porque parte de su familia vivió allí. “Allí estuvo viviendo mucho tiempo mi hermano, pero también mi padre, que emigró hasta el país sudamericano”, contó.
Expresó un agradecimiento sincero y una cierta nostalgia. “Solo tengo palabras de agradecimiento a Venezuela y es un país al que amo. Pero ahora tendría sumamente complicado hacer turismo”, admitió. Es un sentimiento compartido por muchos que vieron en Venezuela un lugar de oportunidades y que ahora observan su crisis con tristeza.
La anécdota del chándal de Nike: una crítica simbólica

En el programa también hubo espacio para el análisis y hasta para un punto de ironía. Al comentar las imágenes de Maduro detenido, a Susanna Griso le llamó la atención un detalle aparentemente menor: su ropa. “Me llama la atención que un bolivariano se compre ropa en Nike. Estás todo el día criticando el imperialismo yanqui, pero luego te compras...”, comentó.
Al final, lo que revela esta historia no es solo la susceptibilidad de Nicolás Maduro. Es, sobre todo, un testimonio del poder transversal de la televisión. Un programa que se hace en Madrid puede molestar a un hombre poderoso en Caracas. Puede generar tal irritación que sienta la necesidad de responder, de imitar, de mandar mensajes.







