Alea iacta est. Como decían los romanos, la suerte está echada. Desde este 1 de enero, la baliza V16 conectada ha pasado de ser una recomendación a un hecho consumado en las carreteras españolas.
La Dirección General de Tráfico (DGT) ha impuesto este dispositivo como el único medio legal para señalizar una avería o accidente, jubilando a los tradicionales triángulos de emergencia. Sin embargo, lo que se vende como un salto tecnológico hacia la seguridad vial nace con graves deficiencias técnicas que muchos expertos y conductores empiezan a denunciar con fuerza.
A pesar de que la Guardia Civil ya puede sancionar con 80 euros a quienes no hagan uso de este equipo, la realidad a pie de asfalto es muy distinta a la de los despachos de la calle Josefa Valcárcel. La baliza V16 no solo es un instrumento de control conectado, sino que, en condiciones adversas, podría dejar al conductor en una situación de vulnerabilidad extrema.
LA BALIZA V16, UN DISPOSITIVO QUE 'TEME' A LA LLUVIA
Parece una broma de mal gusto, pero los datos técnicos no mienten. La baliza V16 no está preparada para afrontar un temporal de lluvia intensa. Según las especificaciones de la propia DGT, estos dispositivos solo deben cumplir con un grado de protección IP54. Para quienes no estén familiarizados con la normativa de estanqueidad, esto significa que el aparato tiene una protección nivel 5 contra el polvo y un escaso nivel 4 contra el agua.
En la práctica, un nivel 4 de protección contra líquidos solo asegura resistencia frente a "salpicaduras de agua desde cualquier ángulo".

O lo que es lo mismo, no garantiza, en ningún caso, que el dispositivo soporte la acción directa de una lluvia torrencial o el chorro de agua que levanta un camión al pasar por el carril contiguo. Es decir, el dispositivo diseñado para salvarnos la vida en las peores condiciones posibles -cuando la visibilidad es nula y el clima es adverso- es técnicamente permeable. Si la placa electrónica se moja, la baliza se apaga, y con ella, la geolocalización que avisa a los servicios de emergencia.
LA TRAMPA DE LA AUTONOMÍA: 30 MINUTOS FRENTE A UNA HORA DE ESPERA
El segundo gran fallo de este sistema obligatorio radica en su fuente de energía. La normativa establece que las pilas de la baliza deben asegurar un funcionamiento mínimo de tan solo 30 minutos. A simple vista podría parecer suficiente, pero las estadísticas de asistencia en carretera dibujan una realidad mucho más cruda.
Actualmente, debido a la saturación de los servicios de grúa en días de alta siniestralidad o climatología adversa, el tiempo medio de espera en España oscila entre los 45 minutos y la hora de duración. Esto crea un "vacío de seguridad" de al menos 15 o 30 minutos en los que el vehículo queda totalmente invisible en mitad de la vía. Sin triángulos (que Pere Navarro recomienda no colocar para evitar atropellos) y con una baliza que ha agotado su pila, el conductor queda desprotegido en el momento más crítico.
¿SEGURIDAD O CONTROL REDUNDANTE?
Muchos conductores se preguntan si la V16 no es, en realidad, un accesorio redundante. Hoy en día, todos los vehículos modernos cuentan con intermitentes de emergencia (clashers) mucho más potentes y visibles que una pequeña luz LED sobre el techo. Además, el botón de auxilio SOS es obligatorio en todos los coches nuevos desde hace años.

La principal diferencia es que la baliza V16 envía datos de posición directamente a la plataforma DGT 3.0. Este entorno conectado, aunque prometedor sobre el papel para avisar a otros conductores a través de sus navegadores, despierta recelos sobre la privacidad y el control de los movimientos del ciudadano. Si a esto le sumamos que apenas se ve durante el día -donde la luz solar anula la potencia de sus humildes diodos-, el balance entre beneficios y carencias resulta, cuanto menos, preocupante.
Con todo esto, la baliza V16 llega a nuestras vidas envuelta en una obligatoriedad que ignora sus debilidades operativas. Hasta que la DGT no exija estándares de estanqueidad superiores (como el IP67) y baterías con una autonomía real acorde a los tiempos de asistencia, el consejo de muchos veteranos de la carretera es claro: no tires los triángulos todavía. Quizá la ley diga una cosa, pero la física y el sentido común en una noche de lluvia dicen otra muy distinta.







