Había una vez una ola dorada, el oro, que estaba transformando a mucha gente en corredores de fondo. No competían por medallas, sino por un poco de liquidez. En la última temporada, el oro ha alcanzado precios históricos, y eso ha hecho que collares, anillos o pendientes, muchos con valor sentimental, se hayan convertido en garantes de préstamos urgentes.
Varias entidades especializadas en el empeño de joyas confirman que el volumen de operaciones se ha disparado. Los datos recientes muestran que la demanda de crédito a través de esta vía ha crecido cerca del 40% en el último año. Esta tendencia recuerda a la observada durante la crisis financiera de 2008 y, posteriormente, durante los picos de incertidumbre económica generados por la pandemia.
CUANDO EL ORO SE CONVIERTE EN UN RESCATE PARA LAS FAMILIAS
La compra de oro en Madrid, en el Monte de Piedad, una de las referencias más grandes de Europa, ha mantenido un ritmo de préstamos notable incluso en momentos de restricción de movilidad. Este movimiento refleja una necesidad urgente de efectivo, ya que la gente acude a pesar de las dificultades. Los Montes de Piedad representan una opción de financiación accesible, ya que solo requieren las joyas como aval y no exigen historial crediticio o notarios. La alternativa se presenta como una tabla de salvación frente a la inaccesibilidad del crédito bancario tradicional.
En 2024, según sus propios datos, cerraron el año con casi 220.000 operaciones por un importe total de 163 millones de euros. Muchas de esas operaciones son préstamos medios de unos 750 euros, lo que revela que no solo los grandes patrimonios están entrando en esta carrera dorada.
La razón principal para empeñar o vender oro se centra en la dificultad para cubrir gastos imprevistos o básicos. Muchos ciudadanos han visto su economía afectada por la falta de ingresos regulares, los retrasos en la recepción de ayudas o la pérdida de empleo.
En esto, la joya familiar se convierte en un salvavidas para el día a día. Los desembolsos que antes se cubrían con la nómina o los ahorros ahora exigen una garantía personal. El dinero se utiliza, por ejemplo, para cubrir gastos esenciales de salud y movilidad, como el pago de facturas médicas, la compra de un nuevo par de gafas graduadas o la reparación urgente del vehículo necesario para poder trabajar.

EL ALZA DEL ORO CAMBIA LAS REGLAS
En situaciones más graves, la liquidez obtenida es necesaria para afrontar pagos críticos de la vivienda, como cuotas de hipoteca o mensualidades de alquiler, que se han vuelto inasumibles debido a la inflación o al aumento de tipos de interés. Para muchos, este dinero es, en última instancia, el único recurso disponible para asegurar la compra de alimentos básicos para la familia.
Con todo, son muchos los que señalan que este aumento en el empeño es un indicador directo de la vulnerabilidad de la población. Vender bienes personales es, para un sector creciente, la última acción desesperada antes de caer en la exclusión financiera total o no poder cubrir las necesidades más básicas.
En ciudades más pequeñas como Castellón, las joyerías también perciben ese cambio: cada vez más personas llevan sus cadenas, collares o piezas antiguas para venderlas o empeñarlas. En Granada, por ejemplo, el Monte de Piedad ha notado un flujo creciente de clientes que prefieren empeñar sus joyas a perderlas, porque con el alza del oro pueden pedir créditos más altos al renovar sus préstamos.

ENTRE LA NECESIDAD Y LA TRADICIÓN
¿Y esto funciona? Pues se deja la joya de oro como garantía, se recibe un préstamo que suele durar un año y puede renovarse mientras se paguen los intereses. En caso de que no se efectúe la devolución, la pieza se subasta. Lo curioso es que, según el Monte de Piedad, el 97% de las personas recupera su joya.
Las joyas que se empeñan muchas veces tienen un fuerte valor sentimental. Desde anillos de boda, collares heredados… y quienes las entregan no lo hacen por un capricho. Porque ante un gasto inesperado -una reparación, una factura grande o simplemente un mes complicado-, se han convertido en la tabla de salvación de muchos.
El resurgimiento de esta práctica indica que el acceso al crédito bancario sigue siendo difícil para las personas con menos recursos, obligándolas a recurrir al patrimonio familiar para solucionar problemas de la vida diaria. La "fiebre del oro" actual es, en realidad, el reflejo de la presión económica sobre la base de la sociedad y un indicador de la falta de ahorro disponible.
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