241 escalones para tocar la campana tres veces: la ermita sobre el mar que protege a los marineros (y a los fanáticos de series)

Este icono de la costa de Bizkaia ha pasado de ser un refugio de fe para pescadores a un fenómeno turístico mundial tras su aparición en televisión. Superar su vertiginoso acceso es el precio a pagar para cumplir un ritual que, según la leyenda, garantiza suerte y protección.

En plena costa de Bizkaia, la ermita, perteneciente al municipio de Bermeo, se alza un islote que desafía la fuerza del mar y el paso del tiempo. No es solo un paisaje de postal; es un desafío físico que exige subir 241 escalones tallados en la roca para alcanzar la cima. Esta ermita dedicada a San Juan Bautista se ha convertido en uno de los destinos más codiciados de España, atrayendo tanto a devotos que buscan cumplir una promesa como a viajeros que desean pisar el mismo suelo que sus héroes de ficción.

Aunque la belleza del lugar es indiscutible, la afluencia masiva ha obligado a las instituciones, como la Diputación Foral de Bizkaia, a regular el acceso para proteger este biotope protegido. Ya no basta con llegar y aparcar; la planificación es crucial para no quedarse en la entrada. Sin embargo, más allá de la logística y las fotos para redes sociales, existe un secreto vinculado a los naufragios que explica por qué esta construcción sigue siendo sagrada para las gentes del mar, un detalle que muchos visitantes pasan por alto al subir.

Ermita: De refugio de piratas a fortaleza de dragones

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La historia de este lugar es tan abrupta como su geografía. Durante siglos, el islote sirvió como bastión defensivo, sufriendo ataques de corsarios, incendios y saqueos que obligaron a reconstruir el templo en múltiples ocasiones. Sin embargo, la fama global de esta ermita explotó cuando la cadena HBO decidió transformarla en Rocadragón.

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Desde que los personajes de Juego de Tronos caminaron por su puente de piedra, el turismo se disparó exponencialmente. Fans de todo el mundo viajan al País Vasco esperando ver dragones, aunque lo que encuentran es la brisa salada del mar Cantábrico y una arquitectura fascinante. Es curioso cómo la ficción ha revitalizado una ermita que ya era legendaria mucho antes de que Daenerys Targaryen "llegara" a sus costas.

El ritual de la campana: tres toques para la fortuna

El esfuerzo de subir la escalinata tiene una recompensa que va más allá de las vistas panorámicas. La tradición dicta que, al llegar a la puerta de la ermita, es obligatorio tocar la campana tres veces consecutivas. No es un simple juego para turistas; es un rito ancestral para ahuyentar a los malos espíritus y pedir un deseo.

Antiguamente, los arrantzales (pescadores vascos) realizaban giros con sus embarcaciones frente al islote antes de salir a faenar en las peligrosas aguas del norte. Hoy, el sonido del bronce resuena constantemente, mezclando las plegarias silenciosas con la euforia de haber completado el ascenso a la ermita. Se dice que si escuchas el eco de la campana, tu petición ha sido escuchada por el santo.

✅ Guía práctica para no quedarte en tierra

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Visitar San Juan de Gaztelugatxe ya no es una excursión improvisada de domingo. Debido a la alta demanda, el Gobierno Vasco y la Diputación han implementado un sistema estricto de control de aforo. Si planeas ir, asegúrate de cumplir con estos requisitos para evitar una decepción:

  • Reserva obligatoria: Debes sacar un ticket gratuito en la web oficial de la Diputación. Sin él, no podrás pasar el control de acceso.
  • Calzado adecuado: Olvida las sandalias o tacones; el camino es irregular, empinado y a menudo resbaladizo por la humedad del Cantábrico.
  • Horarios de acceso: El horario suele ser de 10:00 a 19:00, pero varía según la temporada. Revisa el calendario oficial antes de salir.
  • Agua y protección: No hay fuentes ni comercios arriba junto a la ermita. Lleva tu propia hidratación, especialmente en verano.

El impacto en Bermeo y el entorno local

El "efecto Gaztelugatxe" ha transformado la economía de la zona, especialmente en la villa de Bermeo. Muchos visitantes aprovechan el viaje para disfrutar de la gastronomía local en el puerto viejo después de la caminata. Degustar un buen marmitako o unos pintxos tras bajar de la ermita es casi tan obligatorio como tocar la campana.

Sin embargo, este éxito también plantea retos de sostenibilidad. El desgaste de las piedras y la presión sobre el entorno natural preocupan a los ecologistas y a los vecinos. Por ello, respetar las normas y no salirse de los senderos marcados es vital para que esta ermita siga vigilando el horizonte durante otros mil años.

¿Has logrado subir los 241 escalones o te quedaste en el mirador? Cuéntanos si pediste tu deseo tras tocar la campana y si, por casualidad, se cumplió.

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