El nuevo mercado clandestino digital: los algoritmos de AliExpress y Shein no frenan productos ilegales y anuncios disfrazados

¿Quién vigila realmente lo que compramos cuando navegamos por las grandes plataformas online? Entre ofertas, anuncios camuflados y vendedores externos, productos ilegales logran colarse sin apenas control en gigantes como AliExpress o Shein. El resultado es un mercado clandestino digital que opera a plena vista, mientras los algoritmos miran hacia otro lado.

Las grandes plataformas de ventas online asiáticas se encuentran en el ojo del huracán europeo desde el año pasado y no es para menos. ¿De verdad sabemos qué estamos comprando cuando hacemos clic en “añadir al carrito” en plataformas como AliExpress o Shein? ¿Quién controla lo que se vende en las grandes plataformas cuando todo parece barato, rápido y aparentemente inofensivo? El escándalo de Shein en Francia ha vuelto a poner el foco en una realidad incómoda, el comercio digital también tiene un lado oscuro.

La indignación no llegó solo por el tipo de productos detectados, sino por cómo llegaron hasta los consumidores. Muñecas sexuales con apariencia infantil, armas y contenidos prohibidos se colaron entre vestidos, camisetas y ofertas relámpago, sin que los filtros automáticos saltaran a tiempo. O sin que saltaran en absoluto.

Lo ocurrido no es un caso aislado ni un fallo puntual. Es la consecuencia de un modelo que prioriza volumen, velocidad y precio, y que ha terminado creando un mercado clandestino digital a plena luz del día.

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Cuando el algoritmo mira hacia otro lado

Cuando el algoritmo mira hacia otro lado
Algunos artículos no solo incumplían la normativa comercial, sino que podían constituir delitos graves. Fuente: Agencias

Las plataformas como Shein, Temu o AliExpress no funcionan como tiendas tradicionales, sino como enormes mercados donde miles de vendedores externos ofrecen productos a diario. El control no es previo, sino reactivo, algo se retira cuando alguien lo denuncia o cuando el escándalo ya es inevitable. Mientras tanto, el producto ha circulado, se ha comprado y ha cumplido su función.

En Francia, las autoridades detectaron que algunos artículos no solo incumplían la normativa comercial, sino que podían constituir delitos graves. Aun así, habían superado los filtros automáticos sin problemas. Esto plantea una pregunta incómoda: si los algoritmos son tan eficaces para recomendarnos lo que “nos gusta”, ¿por qué fallan tanto a la hora de frenar lo ilegal?

La respuesta tiene más que ver con incentivos que con tecnología. Cuantos más vendedores y más referencias haya, más beneficios se generan. El control exhaustivo ralentiza el negocio y encarece el sistema. Y en ese equilibrio, la vigilancia suele perder.

De la web al escaparate: el conflicto estalla

De la web al escaparate: el conflicto estalla
Francia no se quedó ahí y anunció denuncias contra AliExpress y Joom por hechos similares. Fuente: Agencias

El caso de Shein explotó definitivamente cuando la marca abrió su primera tienda física en París. Lo que debía ser una celebración comercial se convirtió en un foco de protestas, pancartas y presencia policial. Mientras dentro se vendía ropa a precios bajos, fuera se gritaba “vergüenza” y se acusaba a la marca de complicidad.

La reacción del Gobierno francés fue contundente, iniciar los trámites para suspender temporalmente la web de Shein hasta que demostrara que cumple la ley. No se trata solo de retirar productos concretos, sino de cuestionar todo el sistema de control de la plataforma. Por primera vez, el conflicto digital tenía consecuencias físicas, políticas y económicas inmediatas.

Este movimiento también marcó un precedente. Francia no se quedó ahí y anunció denuncias contra AliExpress y Joom por hechos similares. El mensaje es claro, el “lejano oeste digital” ya no es tolerable, especialmente cuando afecta a menores y a la seguridad de los consumidores.

Europa despierta ante un problema estructural

Europa despierta ante un problema estructural
Afecta a Temu, Wish y a cualquier plataforma que base su crecimiento en miles de vendedores anónimos y controles. Fuente: Agencias

La Unión Europea lleva tiempo intentando poner orden en este terreno con la Ley de Servicios Digitales, una ley que dicho sea de paso ha generado muchas polémicas a su paso. De momento, Shein fue designada como “Plataforma de Muy Gran Tamaño” en 2024, lo que implica obligaciones más estrictas en vigilancia, trazabilidad y protección de usuarios. Sin embargo, los hechos demuestran que la normativa, por sí sola, no basta si no se aplica con firmeza.

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Los eurodiputados debatirán el caso y todo apunta a que pedirán una investigación más profunda a la Comisión Europea. El objetivo ya no es solo castigar, sino evitar que estos productos vuelvan a aparecer. Porque cuando se retiran tras un escándalo, el daño ya está hecho.

Este debate va más allá de una marca concreta. Afecta a Temu, Wish y a cualquier plataforma que base su crecimiento en miles de vendedores anónimos y controles suaves o inexistentes en algunos casos. También interpela a los consumidores, que muchas veces priorizamos el precio sin preguntarnos qué hay detrás, de hecho los consumidores de estas grandes plataformas se caracterizan justamente por seleccionar este tipo de compras, priorizar el precio por encima de calidad o el origen del producto.

Lo cierto es que el comercio digital ha cambiado nuestra forma de comprar, pero también nos obliga a replantearnos qué estamos dispuestos a aceptar como normal. Quizá este sea el momento de exigir más responsabilidad a quienes dominan el mercado online y de dejar de mirar hacia otro lado cuando lo barato sale demasiado caro.

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