Los peelings químicos cómo actúan como un tratamiento estético no invasivo que, mediante la aplicación de sustancias específicas actúan, consigue eliminar las capas superficiales de la piel para que esta se regenere. El resultado es un rostro más fresco, uniforme y con menos imperfecciones.
Pero no todos los peelings son iguales, ni sirven para lo mismo. Antes de lanzarte, es fundamental conocer cómo funcionan, qué activos utilizan y qué cuidados exigen antes y después. Te explicamos todo para que, si decides probarlo, lo hagas con toda la información.
Qué son exactamente los peelings químicos y cómo actúan

Un peeling químico es, básicamente, un tratamiento de exfoliación. Pero a diferencia de la exfoliación mecánica que se hace con granulitos, aquí se usan sustancias químicas. Estas sustancias, generalmente ácidos, se aplican sobre la piel con un objetivo claro: provocar una eliminación controlada de las capas más superficiales.
¿Y cómo funciona esto? La explicación es que esos productos generan que la piel se "despegue". Esto no es algo negativo, al contrario. Ese proceso actúa como un estímulo muy potente en la epidermis y la dermis. La piel reacciona activando sus mecanismos de curación y renovación. Las capas que se han ido son reemplazadas por otras nuevas, que salen a la superficie. El efecto final es una tez que se ve más lisa, más tersa y con un tono mucho más uniforme.
Por eso se dice que es un método ideal para refrescar y rejuvenecer la piel que muestra signos de edad. También es una gran herramienta para suavizar cicatrices, especialmente las que deja el acné, y para tratar los poros dilatados. Incluso en pieles muy grasas puede tener un efecto beneficioso, ya que ayuda a regular la producción de sebo.
Los beneficios concretos que puedes esperar
La lista de problemas que un peeling químico puede ayudar a mejorar es bastante amplia. Su principal virtud es que mejora la estructura de la superficie de la piel de una manera global. Al provocar ese desprendimiento y renovación, se eliminan irregularidades y signos del envejecimiento que estaban ahí de forma permanente.
Entre los beneficios más buscados está el tratamiento de las líneas finas, esas arruguitas que empiezan a marcarse pero que aún no son profundas. También es muy efectivo para atenuar el daño solar acumulado a lo largo de los años, que se manifiesta en forma de manchas y pérdida de luminosidad. Para las personas con acné activo, ciertos peelings ayudan a calmar las lesiones y a secarlas, mientras que para las que tienen secuelas de acné, suaviza la textura de las cicatrices.
Otros problemas comunes que se abordan son los puntos negros, los poros muy abiertos y visibles, y los trastornos de la queratinización, que dan un aspecto áspero a la piel. En resumen, es un tratamiento multipropósito que ofrece una apariencia más fresca y rejuvenecida.
Los principios activos: el quid de la cuestión
No todos los ácidos hacen lo mismo. La clave de un buen peeling está en seleccionar el principio activo adecuado para el problema concreto de cada piel. Por eso, un especialista debe elegirlo y adaptarlo de forma individual. Los más comunes son varios.
Uno de los pioneros es el ácido glicólico, que se extrae de la caña de azúcar. Se usa muchísimo, sobre todo en peelings de tipo frutal. Es excelente para tensar la piel y reducir arrugas visibles, por lo que se recomienda para el daño solar, las arrugas y las cicatrices de acné.
Luego está el ácido mandélico, que viene de las almendras. Es una gran opción para pieles envejecidas, con manchas y grasas. Lo que hace es estimular a los fibroblastos para que produzcan más colágeno, mejorando la firmeza. Es especialmente bueno para hombres y para personas con pigmentaciones, poros dilatados y piel sensible.
Para el acné, el rey suele ser el ácido salicílico, derivado de la corteza de sauce. Es bacteriostático y antiséptico, y regula muy bien la actividad de las glándulas sebáceas. Por otro lado, el ácido láctico, conocido desde la época de Cleopatra, es muy suave. Se obtiene de productos lácteos y es ideal para pieles jóvenes o ultra sensibles, dando sobre todo luminosidad.
Finalmente, para casos más intensos como hiperpigmentaciones o cicatrices marcadas, se usa el peeling TCA (ácido tricloroacético). Es un peeling de profundidad media, también muy efectivo como antiedad.
Cuándo NO es buena idea hacerse un peeling

Aunque es un tratamiento seguro, no es para todo el mundo ni para cualquier momento. Existen contraindicaciones que hay que respetar para evitar problemas. La más importante y universal es la exposición al sol. Los especialistas desaconsejan totalmente los peelings en pleno verano si vas a estar al sol con frecuencia. Después de cualquier peeling, la protección solar constante es obligatoria.
Hay otras situaciones que impiden o retrasan el tratamiento. Una infección activa de herpes, o una fuerte tendencia a padecerlo, es una razón para esperar. Tampoco se debe hacer si estás tomando retinoides orales (como la isotretinoína para el acné severo), si te has operado recientemente en la zona, o si tienes una fuerte tendencia a formar cicatrices hipertróficas o queloides.
Si te has hecho crioterapia (tratamiento por congelación), debes esperar al menos 6 u 8 semanas. El embarazo también es un periodo en el que se desaconseja. Y por supuesto, no se puede aplicar sobre una quemadura solar reciente o sobre piel bronceada. Las personas con alta susceptibilidad a la hiperpigmentación postinflamatoria también deben ser muy cautas.
Las reglas de oro antes y después del tratamiento
Los cuidados empiezan antes de la sesión. Pero donde más hay que hincar el rodillo es después. La regla número uno es: no tocar, rascar, arrancar o frotar la piel que se está pelando. Tienes que dejar que se desprenda sola, aunque la tentación sea grande. Forzar el proceso puede causar heridas y marcas.
La regla número dos es el sol. Inmediatamente antes del tratamiento y hasta al menos dos semanas después, debes evitar la exposición solar directa. Si sales, es con un factor de protección solar muy alto y, a ser posible, usando sombrero. Saltarse esto es la manera más rápida de terminar con manchas o cambios de color en la piel.
Y la regla número tres tiene que ver con el sudor y el calor. Después del peeling, no se recomiendan las visitas al gimnasio, la sauna o la piscina. El motivo es doble: la alta carga bacteriana de estos lugares y el aumento de la temperatura corporal, que puede irritar más la piel sensible.







