En estas fechas, el ambiente digital se impregna de ese cosquilleo de fin de año que Spotify, con su ya icónico resumen 'Wrapped', ha logrado convertir en una tradición. Sin embargo, a diferencia de años anteriores, la anticipación por el recuento musical anual se está viendo opacada por una creciente ola de indignación entre su base de usuarios.
La plataforma de streaming musical más grande del mundo cada vez está más cuestionada, no por sus éxitos, sino por una serie de fallos técnicos, tácticas comerciales cuestionables y la confirmación, aunque sea parcial, de una inminente y drástica subida de precios.
Mientras la competencia, con Apple Music, YouTube y Amazon Music a la cabeza, afina sus ofertas de audio de alta calidad y precios estables, Spotify parece haber optado por una estrategia de doble filo: exigir más dinero a la vez que ofrece una experiencia de usuario mermada por la inestabilidad. Una antesala que maquillará el Wrapped 2025, pero sin dejar atrás la crítica pública por el servicio.
Fallos en la función más básica: reproducir contenido
Y es que, en primer lugar, la fiabilidad es el pilar de cualquier servicio de suscripción, y en el caso de una aplicación de streaming, que se caiga el servicio equivale a un cierre de persiana. Recientemente, Spotify experimentó un fallo crítico que paralizó la experiencia de miles de usuarios, especialmente aquellos que utilizan la plataforma para consumir podcasts.
Al intentar darle al botón de reproducción a un podcast, a través de internet o descargado en nuestro dispositivo, la aplicación se cerraba de forma súbita, devolviendo al usuario a la pantalla de inicio del dispositivo. Este fallo no era intermitente, sino recurrente y generalizado, afectando a usuarios en diversas plataformas móviles (iOS y Android).
Los mensajes de error eran variopintos. Uno decía que Spotify se ha cerrado debido a que la aplicación tiene un error e invitaba a actualizar la aplicación después de que el desarrollador proporcione una solución para el error. Otro, invitaba a limpiar el caché de la propia app en los ajustes del teléfono. Nada funcionaba y, posteriormente, simplemente saltaba un pop-up con el texto"esta canción no está disponible", y se volvía a cerrar la aplicación.

Las redes sociales, en particular X (antes Twitter), se llenaron rápidamente de quejas y capturas de pantalla que atestiguaban la incapacidad de la aplicación para realizar su función más básica: reproducir contenido.
"¿Alguien más no puede acceder a la app de Spotify? Se cierra automáticamente. Actualicé, reinicié el móvil y nada...", se queja Daniela. "Tengo el mismo problema, he hecho de todo y no se resuelve. Tocará esperar", apunta José Martín.
¿La respuesta oficial de Spotify? Una de serie: "Hola, lamentamos que estés teniendo problemas con tu app, entra en contacto con nosotros aquí para poder ayudarte", comentan, enlazando a la web de asistencia de la plataforma. En inglés, preguntas como si se tratara de casos aislados y no de un error generalizado en usuario de Android.
Este tipo de fallos en el funcionamiento de la aplicación no solo irrita, sino que mina la confianza en la ingeniería de la plataforma. Para muchos, Spotify no es solo es su aplicación para escuchar música, es también el principal reproductor de podcasts. Impedir el acceso a este contenido, incluso por unas horas, genera un porcentaje de traslado de los usuarios a plataformas alternativas.
Evidentemente, Spotify tiene mucho mercado ganado, pero la inestabilidad percibida en la aplicación en vísperas de 2026 ha empezado a despertar en algunos usuarios si vale la pena pagar una suscripción por un servicio cuyo rendimiento es tan impredecible. Más aún cuando la usabilidad de la app se ha vuelto mucho más torpe, con videopodcasts que se reproducen automáticamente (minando los datos y la batería de los dispositivos) y promocionando contenido en el que el usuario no está interesado.
La triquiñuela con Spotify Premium
Si los fallos técnicos representan un problema, el segundo punto de fricción es una cuestión de ética y estrategia comercial: el uso de lo que muchos han denominado un "cebo Premium".
El modelo de negocio de Spotify se basa en la restricción de funcionalidades para las cuentas gratuitas, empujando a los usuarios a la suscripción de pago (o Premium). Una de las barreras más notables para las cuentas sin coste es la imposibilidad de seleccionar canciones de forma ilimitada y la reproducción aleatoria obligatoria, especialmente en móvil.
Sin embargo, en un movimiento sorpresivo y de corta duración, Spotify activó la funcionalidad de selección de canciones ilimitada para una porción de sus usuarios de cuentas gratuitas. Durante un breve periodo de tiempo, estos usuarios pudieron disfrutar de una de las características estrella del plan de pago, experimentando la libertad de elegir exactamente lo que querían escuchar, cuando querían. La alegría, no obstante, fue efímera.
Al poco tiempo, al intentar acceder de nuevo a la selección de temas, los usuarios se encontraron con el mensaje descorazonador: "Para disfrutar de esta función, suscríbete a Premium". Esta estrategia es vista por muchos como una "triquiñuela" de marketing manipulativa. No se trata de un error, sino de un cálculo diseñado para demostrar el valor del Premium y generar frustración en el momento de su retirada. Darte algo para que lo valores y luego quitártelo para que lo compres.
La consecuencia directa de esta táctica, sin embargo, es la erosión de la confianza. Los usuarios perciben que la plataforma no busca ofrecer una mejor experiencia, sino exprimir la suscripción a través de la privación artificial.
Este teasing comercial, sumado a los fallos de estabilidad, pinta un panorama donde Spotify está menos enfocada a mantener la lealtad y la satisfacción de su base actual. La sensación generalizada es que los usuarios de las versiones gratuitas son vistos como una reserva de dinero a explotar, en lugar de un ecosistema que debe ser nutrido, porque para ello reciben montones de publicidad.
¿Cambio de precio a la vista?
El tercer gran punto de descontento, y quizás el más preocupante a largo plazo, es el inminente cambio en la estructura de precios y planes. Tras años de rumores y retrasos, y tras la subida de este año, Spotify ha comenzado a implementar una nueva jerarquía de suscripciones en mercados seleccionados, y los datos no son alentadores para el consumidor global.
La nueva estructura incluye, al menos, tres niveles diferenciados: Premium Lite, Premium Standard y Premium Platinum. El plan Platinum es la gran novedad, ofreciendo finalmente la ansiada calidad de audio sin pérdidas (Lossless o Hi-Fi), además de funciones exclusivas potenciadas por inteligencia artificial (DJ de IA o herramientas de playlist avanzadas).

El problema radica en la reestructuración de los costes. Según los informes de los cinco mercados de prueba (que incluyen India, Indonesia, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Sudáfrica), el plan que actualmente equivale al Premium tradicional, ahora denominado Premium Standard, ha visto su precio aumentar considerablemente, en algunos casos, hasta un 43 % por encima de la tarifa anterior. Por su parte, el nuevo nivel Premium Platinum, con audio de calidad (hasta FLAC de 24 bits/44,1 kHz), cuesta más del doble del precio del antiguo plan Premium Individual.
Esto se traduce en una doble subida de precios camuflada. Primero, una subida del precio base para los usuarios que quieran mantener el mismo nivel de servicio sin las nuevas características de audio de alta calidad, que tendrán que pagar significativamente más por el plan Standard. En segundo lugar, el audio Hi-Fi a un coste prohibitivo, puesto que para acceder a la calidad sin pérdidas, una característica que competidores como Apple Music y Amazon Music Unlimited ya incluyen en sus planes estándar, los usuarios de Spotify deberán pagar un sobreprecio.
La estrategia de Spotify parece ser desegmentar el servicio para luego resegmentarlo a precios más altos, cobrando por una mejora tecnológica que, como decimos, otros servicios ofrecen como estándar. El lanzamiento en estos cinco mercados actúa como un globo sonda, preparando el terreno para una inminente extensión global que probablemente golpeará duramente los bolsillos de millones de suscriptores Premium en Europa y América.
Y, con todo, la conversación acerca del Wrapped 2025 servirá como escudo para una Spotify que cada vez tensa más la cuerda.







