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La vida infinita de un botellín de cerveza

La planta de reciclaje que se ocupa de todo el vidrio que depositamos en los contenedores de Madrid se encuentra en un polígono industrial en una carretera algo perdida entre las localidades de Ajalvir y Torrejón. Cuesta un poco llegar hasta allí. Sobre todo para una urbanita carne de metro, que desconoce la intrincada maraña de carreteras que rodea Madrid. Pero una vez en el sitio no hay duda: el tintineo de los cristales, el polvo y un suelo repleto de añicos que crujen a nuestro paso nos indican que estamos en un lugar especial.

Ésta es una de las 14 plantas de reciclaje que colaboran con Ecovidrio en toda España. En funcionamiento desde 1997, esta entidad administra el sistema de gestión integrado que se encarga de la recogida y el reciclaje de todos los envases de vidrio en nuestro país.

Sus resultados son para sacar pecho: en un país en el que la cultura del reciclaje brillaba por su ausencia hace apenas diez o quince años, la tasa de reciclaje de envases de vidrio se sitúa ahora por encima del 70%. España, con 15,5 kilogramos de residuo reciclado por habitante, se encuentra por encima de la media europea, que está en el 60%. Y, sin embargo, aún hay margen de mejora: nos cuenta Emiliano López, del departamento de comunicación de Ecovidrio, que en Bélgica se llega a reciclar el 100%.

La mayoría de los esfuerzos se encuentran ahora concentrados en los bares y restaurantes que pueblan España. El llamado canal HORECA, que genera el 50% del residuo. Y es que no son pocos los bares en España.

COMPRAR, USAR, ¿TIRAR?

Comprar, usar, tirar. Comprar, usar, tirar. El vidrio rompe la cadena del consumo y la convierte en círculo perfecto: comprar, usar, reciclar, reutilizar. Con un presupuesto de 64 millones de euros nos cuentan que como empresa lucrativa sería un negocio ruinoso. Pero en esta cuenta habría seguramente que incluir el impacto medioambiental que, claro, también tiene sus números: gracias al reciclaje de vidrio en España en el último año se ha logrado evitar la emisión de 485.000 toneladas de CO2 a la atmósfera, 870.000 toneladas de materia prima y 1.956.000 MWh de energía. Una cuenta que agradece el planeta.

Comprar, usar, reciclar. Pienso en ese botellín de cerveza que me tomé el viernes y en que seguramente esté ya aquí. El entorno es hostil: un trasiego constante de camiones que llegan cargados, se pesan, y posteriormente vierten toda su carga en la tolva. El tintineo es ya un ruido atronador; me han dado unos tapones por si no puedo más. Todos los trabajadores aquí llevan protección acústica. Quizás sueñen con este ruido.

La maquinaria es impresionante: un gran circuito en el que los residuos de vidrio se van limpiando de otros tipos de desperdicios que no deberían estar ahí, y se va también triturando hasta constituir un polvo grueso llamado calcín.

El itinerario es como sigue: de la tolva todos los residuos pasan a una cinta transportadora. Un simple vistazo basta para comprobar que no reciclamos tan bien cómo creemos. Hay papeles, tapones, briks de leche, platos y hasta ladrillos. Nos explican desde Ecovidrio que lo peor es la loza, la porcelana y la cerámica. Muchos creen que hay que tirar los platos rotos al contenedor de vidrio. Y no. Tampoco las copas, por cierto. El problema de las porcelana y la cerámica es que funden a una temperatura mucho mayor que el vidrio. El del cristal de una copa que, lo mismo que el cristal de las ventanas o de una luna de un coche, pueden llevar otros materiales en su confección , como metales pesados, que requieren otro sistema de reciclado. Solo el vidrio de envases, tarros, frascos y botellas es vidrio.

Apunto todo esto en mi cuaderno diciéndome que por fin lo tengo claro antes de entrar en las entrañas de la máquina. El ruido es aún mayor y hay fragmentos de vidrio por todas partes. Hay que tener cuidado al caminar. Aquí la cinta transportadora va siguiendo un circuito en el que corrientes de aire expulsan papeles y corchos, y mallas metálicas van rompiendo el vidrio. La mecánica logra buenos resultados, pero al final el ser humano sigue siendo necesario (menos mal) y son operarios quienes visual y manualmente hacen el último triaje de elementos que los filtros anteriores no hayan eliminado. Otra vez los platos.

En esta planta de Madrid aún hay un luego otro filtro basado en sensores ópticos que separan el vidrio blanco del resto de los colores porque hay fundiciones que lo prefieren así. Miro a mi alrededor y me parece que tanto el terreno como la máquina son pequeños, los esperaba más grandes. Los botellones madrileños se quedan en poco… Quizás es también que los residuos entran, salen y circulan por la cadena a gran velocidad.

Llegamos al final del recorrido. Las partes más ruidosas han ido quedando atrás. Pero el polvo de vidrio sigue impregnando todo. Hay como una neblina al mirar. El vidrio triturado y limpio, ya convertido en calcín, se vuelve cargar y recoger. Comprar, usar, reciclar. Esto no para. Mi botellín reducido a polvo. A punto de revivir de sus cenizas como el ave Fénix. De volver a ser botellín. Tal vez el próximo viernes sea el mismo que tiré hace un mes. Tal vez cada tres semanas sea siempre el mismo, que va y viene. La próxima vez le guiñaré un ojo (antes de tirarlo al contenedor verde). Yo estoy aquí de paso.

El reciclaje de vidrio en España en cifras:

724.000 toneladas de envases de vidrio reciclados en España.

– Cada español recicló 15,5 kilogramos por habitante, 59 envases.

– La tasa de reciclado en el España es del 67,4%.

– El 78% de los españoles declara separa el vidrio siempre.

– La capital de Comunidad Autónoma que más recicla es Pamplona, con 27,7 kilos por habitante.

– En España hay más de 200.000 contenedores, 1 por cada 230 habitantes.

– Gracias a las medidas de prevención y ecodiseño promulgadas por Ecovidrio se ha logrado reducir en más de un 12% el peso medio de los envases de vidrio.