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José Luis Perales: «Que piensen que soy tan bueno… ¡Es una esclavitud!»

Entro por la puerta y me dice: «¿Tú de quién eres?». Quería saber con qué medio charlaría de su disco «Calma» y a mí me recordó a la pregunta popular que hacen los lugareños a los forasteros cuando llegan a su pueblo. Se lo hago saber y él me cuenta que un día, paseando por su pueblo, se encontró a un chico uruguayo que solo venía para conocer en qué paisajes había escrito sus canciones. El escenario era manchego, conquense. En la meseta somos unos fenómenos. 

Cosas impresionantes que pasan, ¿a ti quién te ha emocionado conocer?

Me encantó conocer a Gabriel García Márquez porque he leído toda su obra.

  ¿Ah sí? ¿Y qué te pareció?

Me pareció un intelectual muy añorante de su pueblo, era de Colombia pero vivía en México. Le dije admirado que conocía todos sus libros y me dijo: «Pues, ¿sabes qué? Yo cuando voy aquí en México a comprar a un centro comercial la gente me mira rarísimo cuando me ven en la cola para pagar la compra y llevo algún disco tuyo». ¡Tenía discos míos!

¿Cuál es la canción que hubieras escrito tú?

(Me la canta) «La Bohéme» o «Venecia sin ti» de Charles Aznavour. ¡Esas! O la Quinta Sinfonía de Beethoven. ¡También!

¡Entonces hay muchas! Este disco se llama «Calma» y tú tienes pinta de que no te estresas con facilidad.

Exteriormente, sí. Interiormente soy un hervidero de ideas e inquietudes. No soy tan tranquilo por dentro como aparento por fuera. Procuro dar mi mejor cara pero quizá tienen un concepto de mí de demasiado bueno para lo menos bueno que soy. ¡También es una esclavitud! Manuela (su mujer) me dice: «Tan bueno, tan bueno… ¡Verás el día que hable yo!». (Reímos)

Pues, ¿en qué no eres bueno?

Cuando era niño mi madre decía: «Hay que ver lo bueno que eres y… ¡la guerra que me das!». La gente cree que soy más tierno de lo que en realidad soy.

Da igual, nosotros seguimos pensando que tienes pinta de buena gente aunque creo que todos te hemos odiado por tocar tanto las emociones.

¡Vaya! Lo digo todo de verdad. Soy muy transparente, se me escapa la ternura y la picardía. Y las críticas también, que meto la pullita. Mi mundo es más complejo de lo que parece, pero malo, diría, que no soy.

¡No tienes pinta!

¿Verdad que no, María? Claro, ya me lo dice a mí Manuela: «Si tú eres muy bueno, hasta que yo hable». (Ríe)

La próxima promo que la haga ella contigo, ¿cómo lo ves?

Ella nunca está, nadie sabe quién es y para ella es una felicidad salir a la calle y que nadie sepa que es la mujer de Perales. No le gusta el hecho de salir en los medios, no quiere estar en mi mundo, mi mundo es el mío y ella lo respeta mucho. Si es una buena canción me dice: «Es preciosa», si es mala ella suspira y le digo: «¡Pero bueno, Manuela por favor, pero si está muy bien!». Me enfado mucho, eh. «Pues no», me dice ella, «no está bien, lo puedes hacer mejor». Se acabó, así de dura es.

Solo la gente que te quiere bien es la que te dice la verdad.

Claro, bien dicen lo de «Quien bien te quiere, te hará llorar». Ella no me hace llorar, eh.

¿Y tú a ella?

¡No, nosotros ya no lloramos!

Pensamos que eres bueno por culpa de la canción «¿Y cómo es él?».

¡Mira tú! Encima que se va, le dice «ponte el paraguas por si llueve».

Todos pensamos: «Vaya pringao, ¿cómo le da el paraguas?»

¿Verdad? (Ríe) Era una canción para Julio (Iglesias) pero se la enseñé a la gente de la compañía y me dijeron: «No se la des a nadie, es una gran canción». Cuando se lo dije Manuela me dijo: «Pero si tú no reaccionarías así ni por lo más remoto. Toma el paraguas por si llueve y se va con otro señor, pero eso, ¿a quién se le ocurre más que a ti?».

José Luís, de verdad, deseo entrevistar a Manuela, tu mujer es una guasona.

Sí, no lo sabes tú bien, tiene un gran sentido del humor. Nos lo pasamos muy bien, somos muy cómplices.

«En un banco de la calle» es el single, ¿te das cuenta todo lo que pasa en un banco de la calle?

El retrato que hago es la vejez, pero es la persona que asume su momento, su situación de una forma dulce. Este hombre se sienta esperando morir porque es muy mayor pero siente gran felicidad de ver a un crío jugar en la calle, a pesar de que la gente pasa sin echar cuenta.

Al principio eras reacio a cantar, eh. Y mira…

Sí, quería componer, no cantar. Yo soy un contante de cosas, de historias o sentimientos. Date cuenta que cuando me proponen cantar es la aquella época en la estaba Nino Bravo en su mejor momento, con su vozarrón, lo mismo tú no te acuerdas.

Sí, sí me acuerdo… Pero es que yo soy folclórica, ¿sabes?

¿Ah sí? Entonces te gusta la Pantoja.

Siempre he sido más de Rocío Jurado, la verdad.

Yo de las dos, escribí canciones para las dos. Tú has oído esa canción que dice: «¿Qué no daría yo por empezar de nuevo?» (La canta)

«Y pasear la arena de una playa blanca» (Yo también me la canto) ¡Claro que la conozco!

Esa canción es mía. Ella me decía: «¿Cómo es posible que este hombre de Cuenca sepa todo lo que yo hacía de pequeña? No sé, lo imaginaba, date cuenta que estudié en Sevilla y entendí su lenguaje o sus exageraciones. Todas esas cosas tan andaluzas las había visto durante mucho tiempo por eso escribí tan a la medida de Isabel Pantoja o de la Jurado. Soy casi tan andaluz como conquense.

Rocío Jurado era tan sensual contando todo, ¿verdad?

Ella lo era y que voz tan maravillosa… Cuando fui al funeral a dar el pésame a Ortega y Rociíto, me acuerdo que saludé a Ortega y le dije: «¿Y ahora qué hago yo? ¿Dónde encuentro una voz como esta?». Y señalando al féretro me dijo: «Pregúntale a ella». Qué cosa tan bonita… Fue una gran voz de este país.

¿Cuál es el mejor viaje que has hecho?

¡El de novios! (Reímos) Son los mejores, ¿no?

Yo que sé, nunca me he casado.

Ahora en serio, me quedo con un viaje a Egipto porque soy un apasionado de la arqueología.

Nunca jamás Isabel Pantoja cantó un disco como el tuyo, ¿no crees?

Ten en cuenta que «Marinero de Luces» era un disco muy especial, la expectativa de esa mujer recién viuda, desconcertada y sin desear ver a nadie. Para mí era una responsabilidad sin que se interpretara que era un oportunismo. Le di una canción nada más «Pensando en ti» y ella dijo: «No quiero una canción de este hombre, quiero un disco». Y se puso a llorar. Fue un momento importantísimo, para ella y para mí como autor. Cuando hago un disco le doy las canciones y me voy, no cultivo amistad, con la Pantoja pasó igual. El disco le encantó, pero luego ya no la he visto prácticamente hasta el segundo y tercer disco. Los pocos momentos en los que la he visto me pareció una persona que necesitaba mucha protección, a la expectativa de lo que pudieran decir o hacer, un poco temerosa. Quizá no es así, eh, no lo sé.

Nunca sabemos. Yo me voy diciendo: «Ay, ojalá Perales fuera mi amigo».

(Reímos) ¿Sí? ¡No me digas! «¿Quieres que conservemos un hermoso recuerdo de este amor? Pues amémonos mucho hoy y digámonos adiós», decía Bécquer.