Quantcast

La emotiva despedida de Carlos Iglesias a Ángel de Andrés

Ángel de Andrés y Carlos Iglesias no solo formaron una genial pareja televisiva dando vida a Manolo y Benito en la mítica serie de finales de los 90, 'Manos a la obra', sino que ese tan solo fue el punto de partida de una bonita y larga amistad. Además, Iglesias ha contado en numerosos medios de comunicación que tenían un proyecto teatral entre manos que les volvería a unir.

Por eso, Carlos Iglesias ha querido despedir a Ángel de Andrés, que falleció este miércoles 4 de mayo. Primero lo ha hecho a través de las redes sociales, y después con una emotiva carta publicada en el diario El Mundo.

«Ángel de Andrés López ha fallecido… Muy pocas cosas me han causado más dolor en esta vida… Te quiero compañero», reza el tuit de Carlos Iglesias, que va acompañado de un dibujo del actor fallecido.

En la carta de despedida que le ha dedicado, recuerda su época trabajando juntos en 'Manos a la obra': «Nos conocíamos tanto y tan bien que la mayor parte, casi la mitad, del guión de Manos a la obra surgía en el instante justo del encuentro. Casi todo improvisado. Y, sin embargo y pese a tanto tiempo él como Manolo y yo en la piel de Benito, lo mejor vendría después».

«Hemos sido amigos a pesar de todo; hemos compartido paseos, bromas, dudas, alegrías, comidas y más comidas… Quizá el hecho de vivir tan cerca el uno del otro, los dos en la sierra de Madrid; tal vez la simple inercia de todo lo vivido; quizá la bondad de los gorditos. Sencillamente, era imposible no amar la bondad de un hombre que, por encima de todo, amaba la vida«, relata Iglesias.

Carlos Iglesias también habla sobre el momento en que la serie llegó a su fin, y admite que «en buena parte» fue su culpa. «Vi claro que llegado a un punto en que todo está pagado y los niños en el colegio correcto, era el momento de intentar nuevos caminos. Tenía claro que quería rodar 'Un franco 14 pesetas'. A él me consta no le sentó bien. Él sabía que una serie así, con el público tan entregado (eran cuatro millones y medio cada jueves frente al televisor), debía continuar. Como actor vocacional y persona buena se sentía en deuda con el cariño demostrado por la audiencia. Y hasta se enfadó conmigo. Pero, claro, no podía durar. Él era, por encima de todo, bueno. Recuerdo que justo después de ver la película en la que literalmente me había dejado la piel, me abrazó y me dijo: «¡Qué jodío! Ahora lo entiendo todo». Me quedo con ese abrazo. Me quedó con su amistad. Me quedó con la bondad de un hombre por encima de todo bueno«.