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Sentarse en un baño público no es tan malo como pensabas… ¡Por mucho asco que te dé!

En una cafetería, en el estadio de fútbol, en el aeropuerto, en el trabajo… Hay que reconocer que algunas cosas no se hacen en ningún lado como en casa. Es evidente. Aún así la mayor parte de las personas experimenta un rechazo casi insuperable a sentarse en una taza del váter pública. En el caso de un varón esa circunstancia es bastante salvable -al menos hasta que deja de serlo- pero en el caso de una mujer la cosa cambia, por motivos evidentes. Pero, ¿es tan peligroso usar un baño comunitario? Puede que hay que poner en tela de juicio esas paranoias que son un poco exageradas.

Un profesor de inmunología podría tener la respuesta ya que la evidencia científica tira por tierra la creencia de que los váteres públicos son pocos menos nocivos que una lechuga de Chernobyl. Debemos admitir que puede haber un montón de bichos acechándonos en los baños públicos, de los dichosos estreptococos pasando por los estafilococos, E. coli, virus de hepatitis A, hasta el virus del resfriado común, además de varios patógenos de transmisión sexual. Pero… vayamos por partes.

La OMS explica que la falta de higiene es uno de los factores principales de riesgo para adquirir enfermedades infecciosas. Si tenemos en cuenta que los principales microbios -micrococos, estreptococos o las enterobacterias- que viven en los váteres están relacionadas con diferentes patologías de la piel, problemas en el tracto intestinal y el tracto urinario, tiene todo el sentido del mundo pensar que los baños públicos son el escenario perfecto para contraer una enfermedad, efectivamente.

Pero que no cunda el pánico: las probabilidades de contraer una infección por sentarse en el váter, incluso si este está contaminado con agentes patógenos, son prácticamente nulas ya que si tu sistema inmunológico está sano, y adoptas medidas simples de higiene como lavarte las manos, no hay razón para temer a un baño público como al mismísimo diablo.

                                  

Para empezar, si tenemos en cuenta que la piel es una barrera efectiva contra los gérmenes, no tendríamos porqué contraer ninguna enfermedad por posar nuestras nalgas sobre el inodoro. Al fin y al cabo los virus y bacterias que hay en un váter público son muy parecidos a los que podemos encontrar en cualquier otro lugar. Y por supuesto, el contagio es similar.

Pero en segundo término, los médicos recomiendan un lavado de manos como el mejor remedio. El simple hecho de frotarse las manos con agua y jabón evita enfermedades como la diarrea, hasta el punto de reducir en un 50% las muertes por esta causa, según los datos de la OMS. Tan importante es lavarse las manos después de ir al baño que hacerlo solo con agua reduce la transmisión de bacterias a otros objetos que toquemos en un 23%, aseguran los investigadores de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. No hacerlo implica llenar todo aquello que toquemos con las bacterias y microbios que tenemos en las manos.

Pero el problema es que eso no lo hace todo el mundo. Según una encuesta estadounidense, sólo el 67% de las personas cumple siempre con el ritual tras sentarse en el 'trono'. Y así, llenamos todo aquello que tocamos con las bacterias y microbios que tenemos en las manos.

Hay que añadir que sobre las enfermedades de transmisión sexual hay mucho de mito, ya que nadie las contrae por sentarte en un váter público. De hecho, la presidenta de la Asociación Americana de Microbiología, Abigail Salyers, aseguró en una entrevista a WebMD que «nadie nunca ha contraído una ETS en un váter».

Por resumir y recordando que lo más grave que podemos hace en el baño es no lavarnos las manos o no bajar la tapa del inodoro tras utilizarlo, apoyar las posaderas en la propia taza del váter es lo de menos. Puedes hacer uso tranquilamente de cualquier aseo público si es que se puede llamar así porque merezca ese nombre…