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Soria deja sin esperanza de 'gran coalición' a Mariano Rajoy

En la última aparición del Presidente en funciones, Mariano Rajoy, en un acto de partido en Zaragoza este sábado no hubo ni una sola alusión directa al último caso que ha vuelto a tocar al PP. Ni una vez salió el nombre de José Manuel Soria. Parece que la consigna oficial ante unas elecciones que ya se dan por seguras es olvidar que un ministro ha tenido que dimitir no se sabe si por tener empresas offshore en paraísos fiscales o por haber mentido, o por las dos cosas. Per entre el último caso de corrupción en el PP, el del alcalde de Granada, y las empresas opacas de Soria se han sepultado las escasísimas posibilidades que aún pudiera haber para que Rajoy fuera presidente pactando con el PSOE.

El temor ahora en el PP es que el caso Soria pueda favorecer, a última hora, un pacto de izquierda, y más aún que haga mella en su electorado, en esos votantes que no confiaron en ellos el 20-D y que ahora estaban dispuestos a votarles para evitar un gobierno de izquierdas, tal y como cuenta Carmen del Riego en La Vanguardia.

Rajoy siempre repitió que ningún caso de corrupción le tocaba a él directamente o a personas de su máxima confianza. La corrupción no estaba instalada ene su consejo de ministros o entre sus asesores de Moncloa. Pero ya no puede sostener eso de ningún modo. Ahora lo más que puede hacer es intentar que las filas no se rompan, marchar unidos. El PP tratará de recuperar el crédito perdido en una semana. Ya saben lo que dirán las encuestas. Ayer en Zaragoza la foto era la de la unión, con un Rajoy arropado por Cospedal; los vicesecretarios Andrea Levy, Pablo Casado y Javier Maroto; los ministros Iñigo Méndez de Vigo y Fátima Báñez; la presidenta del PP de Aragón, Luisa Fernanda Rudí; y también el presidente del Senado, Pío García Escudero; el que lo fue del Congreso, Jesús Posada; y los portavoces en ambas cámaras, Rafael Hernando y José Manuel Barreiro.

Con este panorama poco halagüeño, Rajoy hizo una última llamada a Sánchez para una gran coalición que forme un gobierno «estable, serio y que genere confianza dentro y fuera». Una llamada que parecía más bien hecha a futuro, para después de las nuevas elecciones, en un intento de alertar a los ciudadanos sobre «la amalgama de izquierda» que supone la otra alternativa, que sería «letal para España» y que Sánchez tratará de conseguir hasta el último segundo «en una actitud mendicante» que sólo serviría para investir al líder socialista, «pero no para tener el gobierno que España necesita para dar estabilidad política, un mínimo de coherencia y que genere confianza dentro y fuera de España». La gran coalición que el PP propugna, por el contrario, sí ofrecería todo eso, más un gobierno «serio, estable y que tenga objetivos claros».

Con ese gobierno, apoyado por el PP y el PSOE, y con la incorporación de partidos moderados como Ciudadanos, Rajoy cree que se podrían dar los mensajes que quieren los españoles. Cree el presidente en funciones, pensando en las elecciones, que estos cuatro meses han servido para que la gente ya pueda tener las cosas más claras, y poder ver que «esto no es un espectáculo, que cuando se habla de temas que afectan a la gente, hay que tomárselo en serio». Y otra lecciones que deben extraer los ciudadanos: «Al gobierno no se va a aprender se llega aprendido».