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'Julieta', culpable de resucitar a Almodóvar

La culpa. Qué cruel el sentimiento de culpa. El orgullo que la nubla y la inseguridad y la empatía que la afloran. La vida llena de culpa, la vida trágica, la vida dramática, pero la vida. Porque se vive, aunque duela. Aunque te destruya todo el alma. 

Sin duda, es lo consigue la nueva película de Almodóvar, destruirte y trastocarte hasta lo más hondo porque puede que durante todo el día te sientas 'Julieta', llena de amargura y soledad. 

Un nombre femenino que ha devuelto a un Almodóvar renovado, renacido en medio de todo un volcán de polémica en torno a su persona. Ha recuperado la esencia de las pérdidas de los seres queridos en sus cintas, la esencia del daño que te deja completamente mudo, la misma esencia que le ha dado dos Oscar. 

La fe hacia el director manchego ha regresado a mí después de la catástrofe aérea pasajera y, en mayor medida, se lo debe a los silencios que lo acaparan todo, que te conmueven, angustian y agobian hasta tal punto que la parece que la aguja del reloj se ha parado y el tiempo pasa tan lento que se te hace eterno. Es difícil expresar con palabras la tormentosa relación entre una madre y una hija a lo largo de 20 años, pero tampoco es que haga falta. Emma Suárez y Adriana Ugarte se han encargado de transmitir los corazones rotos por las tragedias en un ambiente femenino, mitológico y cargado de un misterio fácil de resolver para el que es capaz de ponerse en la piel de las protagonistas. 

La gran pantalla se inunda con sus espléndidas actuaciones, con una feminidad que es el eje central de todo el universo 'almodovariano' que no podría entenderse sin los papeles del resto de actrices secundarias, pero tan protagonistas como Rossy de Palma o Inma Cuesta. Y, por supuesto, la (increíble) voz de Chavela Vargas quebrándote los huesos. Almodóvar ha resucitado.