Quantcast

Los Sin Tierra avisan que «derrotarán el golpe» contra Rousseff en las calles

Eduardo Davis

Brasilia, 1 abr (EFE).- La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, recibió hoy a miembros del Movimiento Sin Tierra (MST), que avisaron que tomarán «las calles en defensa de su mandato» y «derrotarán el golpe», como calificaron el posible juicio político que la oposición impulsa en el Congreso para destituir a la jefe de Estado.

«Siga firme en la lucha, presidenta, porque los Sin Tierra no saldrán de las calles hasta derrotar el golpe que está en marcha», declaró Alexandre Conceicao, miembro de la dirección nacional del MST, en un acto celebrado en el Palacio presidencial de Planalto.

El dirigente campesino aseguró que, detrás de lo que definió como «golpe», está «el 1 % más rico» de los brasileños, «que quiere volver a este Palacio para desfilar» y «retomar su privilegios».

No obstante, dirigiéndose a Rousseff, aseguró que «este Palacio pertenece a todo el pueblo brasileño», que «lo defenderá ocupando las calles en defensa de su mandato».

Conceicao se refirió a unas multitudinarias manifestaciones que se realizaron en todo el país este jueves en favor de Rousseff y dijo que fueron un «aviso» de «lo que es la organización social», que está «movilizada para no permitir ese golpe».

La presidenta está bajo la amenaza de responder a un juicio con miras a su destitución en el Congreso por unas maniobras contables que le permitieron al Gobierno «maquillar» sus resultados de los dos últimos años.

Según la oposición, esas maniobras constituyeron un «delito de responsabilidad», que la Constitución brasileña contempla como una posible causa de destitución de un mandatario, aunque el Gobierno lo niega y sostiene que no fueron más que «faltas» administrativas.

En otro discurso encendido, el secretario de la Confederación Nacional de los Trabajadores de la Agricultura (Contag), Arístides Santos, le exigió al Gobierno un mayor empeño en la reforma agraria pero aseguró que esa organización está «preparada» para defenderlo.

«La forma de combatir el golpe es ocupar las propiedades de los golpistas en los campos», dijo Santos, quien instó a los activistas a «meterse en las casas, las haciendas y las propiedades de todos los golpistas», porque «habrá reforma agraria y habrá lucha, pero no un golpe».

Rousseff, por su parte, dijo estar convencida de que la sociedad brasileña «no permitirá que su democracia sea manchada» e insistió en que no existen razones para procesarla.

Según la presidenta, «hoy Brasil tiene su democracia amenazada» en todas sus vertientes.

«Está amenazado el aspecto formal de la democracia, que es el que las leyes garantizan y establece unas reglas del juego que no pueden ser rotas, porque se compromete todo el juego», declaró.

También aseguró que están en juego los derechos individuales, sobre los cuales afirmó que serían «atropellados por el arbitrio» en caso de que prospere un juicio en su contra.

Rousseff sugirió que quienes promueven el proceso no aceptan que su Gobierno le haya dado prioridad «a los que más lo necesitan», lo que consideró como «otra parte del contenido» de la democracia.

«Queremos una democracia que respete todas las religiones, que no tenga prejuicios y no diga que una es mejor que otra, y que vea las cuestiones de la reforma agraria como un proceso que beneficia a todos», declaró.

También instó a los campesinos y movimientos sociales a «resistir a las provocaciones y a las tendencias antidemocráticas», aunque aclaró: «Nosotros no defendemos la violencia. Ellos son los que la defienden y la ejercen».

El trámite del proceso contra Rousseff está actualmente en manos de una comisión de 65 diputados, que definirá si existen méritos jurídicos para un juicio político.

Esa comisión producirá un informe, que se prevé que será votado dentro de unos diez días y, según el resultado, la causa será archivada o pasará al pleno de los Diputados.

Para que la causa prosiga, deberá ser respaldada por una mayoría calificada de 342 votos y entonces pasaría al Senado, que decidirá si da curso al juicio político.

En caso de que el Senado acepte iniciar el proceso, la presidenta deberá separarse del cargo durante 180 días, plazo que tendrá la Cámara Alta para concluir el juicio.

Durante ese lapso, Rousseff será sustituida por el vicepresidente Michel Temer, quien completaría el mandato que vence el 1 de enero de 2019 en caso de una destitución.

Temer preside el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), la mayor fuerza política del país, que este martes decidió romper con el Gobierno, lo que fue interpretado como un claro respaldo a un eventual proceso contra Rousseff. EFE

ed/cm/cho

(foto) (audio) (vídeo)