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La «guerra sucia» que dejó 30.000 desaparecidos y cientos de vidas borradas

Rodrigo García

Buenos Aires, 21 mar (EFE).- El periodo más oscuro de Argentina, la dictadura de cuyo inicio se cumplirán el próximo jueves 40 años, dejó 30.000 desaparecidos y alrededor de 400 jóvenes que aún hoy desconocen su verdadera identidad.

«Son muy pocos los que vieron por dónde pasaron los desaparecidos y los que tienen datos y recuperaron los huesitos de sus hijos. A la mayoría los tiraron al mar. Solo los que llegaron hasta las costas de Argentina y Uruguay pudieron ser identificados», narra a Efe Teobaldo Altamiranda, padre de Omar, desaparecido con 23 años.

Piloto comercial e integrante de la juventud peronista y colaborador de la juventud peronista montonera, el joven desapareció el 13 de enero de 1977, unos meses después del golpe de Estado que inició la última dictadura (1976-1983). Nadie volvió a saber de él.

«Estaba en Miami y me avisó mi hija mayor que Omar no había venido esa noche a dormir y que ya lo daban por desaparecido. Inmediatamente me volví en el vuelo que salía para Buenos Aires», señala Altamiranda, expiloto de Aerolíneas Argentinas, con una fotografía de su hijo colgada al cuello.

Fue así como comenzó una incesante e infructuosa búsqueda.

«Íbamos a la policía, a los cuarteles, a cuanto lugar nos decían. Nunca existió algo tan perverso, tan horroroso e inhumano de que hagan desaparecer a las personas y no te digan nada de nada. Simplemente decían: desapareció y no está más», señala con la emoción en el rostro.

Rememora hasta cómo en una iglesia a la que muchos padres acudían para pedir ayuda, un personaje «siniestro» guardaba un grabador bajo la mesa para «sacar información» sobre los compañeros de sus hijos, con el fin de que corrieran el mismo destino.

Con 87 años, Altamiranda solo pide que Dios «ilumine» a alguno de los «genocidas» y diga «dónde están los huesos» de sus hijos.

«Los que cayeron al mar va a ser muy difícil pero hay muchos que están enterrados por todo el país en fosas comunes y de los 30.000 desaparecidos (según las organizaciones de DD.HH) se ha encontrado el 1 %», argumenta.

El secuestro, desaparición y ocultamiento de la identidad de hijos de los detenidos desaparecidos fue una práctica sistemática durante la dictadura, y localizar y restituir a sus legítimas familias a todos esos niños ha sido durante estos 40 años parte la incansable lucha de las madres y abuelas de la Plaza de Mayo.

«Seguimos levantando la bandera de aparición con vida porque esas criaturas que nacieron ya son hombres y mujeres y queremos que vuelvan a su hogar pero con vida. Esa es la lucha más ardua de las madres y las abuelas», señala a Efe Carmen Ramiro, cuyo esposo e hijo desaparecieron a la vez en octubre de 1976.

«Estaba visitando a mi madre, que estaba muy enferma, y me avisaron de que ellos no habían vuelto a casa y desde ese día nunca más supe qué pasó», dice.

Como tantas otras mujeres, recorrió por su cuenta hospitales, comisarías y todo lugar donde pudieran darle alguna pista. «Pero nunca tuvimos respuesta. Con los años pedimos un hábeas corpus y llevamos todo a tribunales», subraya.

En un momento dado, una madre dijo que una a una por separado no iban a conseguir nada.

«Por eso el 30 de abril del 77 se formó Madres de Plaza de Mayo y empezamos todas a hacer todo en colectivo», rememora Ramiro, quien señala cómo tuvo que trabajar para sacar adelante a sus otros dos hijos y vio cómo su familia «por miedo» no se acercaba a su casa por el terror implantado en la sociedad, en la que la gente «no se ponía en contacto con los familiares de desaparecidos».

Hasta hoy, 119 identidades de bebés fueron recuperadas, recuerda a Efe Gisele Teper, miembro de la organización Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio, aunque muchos más desconocen su origen.

«Hay alrededor de 400 personas que hoy no conocen su identidad y que nacieron en un centro clandestino de la dictadura genocida» y algunos dados en adopción, agrega.

«Esto fue un genocidio. Acá fueron afectadas personas de diferentes nacionalidades», evoca por su parte María del Socorro Alonso, militante de izquierdas de familia peronista y detenida en agosto de 1976, para ser torturada, encarcelada y puesta en libertad vigilada a inicios de 1978.

Sin «causa ni proceso», afirma que las torturas le hicieron perder el bebé que esperaba.

«Yo cuando caigo detenida era parte de la Comisión de Derechos Humanos de capital federal y de la primera comisión de detenidos desaparecidos», añade Alonso, quien en 1982 se marchó del país. Vivió en Brasil y en Canadá y en 1984, con la democracia recién estrenada, regresó a Argentina.

También su compañero sentimental fue arrestado y puesto en libertad al cabo de los meses, aunque inmediatamente desapareció.

Ella es solo uno de las tantos argentinos que integran la asociación Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, la primera, de las todavía existentes, nacida en tiempos de la dictadura.

Una organización que se empezó a gestar en 1975, tras las primeras desapariciones provocadas por la Alianza Anticomunista Argentina, conocida como la Triple A, cuyo fin era perseguir y exterminar a personas vinculadas a grupos como la ERP y los Montoneros.EFE

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