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Nguesso aspira a perpetuarse en el Congo con una farsa electoral

Clotaire Hymboud

Brazzaville, 18 mar (EFE).- El presidente de la República del Congo, Denis Sassou Nguesso, aspira a ser reelegido después de haber ocupado el poder durante tres décadas en las elecciones del próximo domingo, una cita con las urnas que la comunidad internacional y la oposición considera una farsa.

La campaña electoral ha estado marcada por las duras críticas de la oposición contra el adelanto a marzo de las presidenciales, fijadas inicialmente para julio, y por la violenta respuesta de los partidarios de Nguesso contra algunos de sus rivales.

El mandatario congolés justificó el adelanto electoral en la necesidad de acelerar la puesta en marcha de las nuevas instituciones previstas por la polémica reforma constitucional del pasado octubre, que también le permitirá a Nguesso aspirar a un tercer mandato, prohibido hasta entonces.

Ocho candidatos intentarán arrebatar la presidencia a Nguesso, quien alcanzó el poder en 1979 aupado por los militares y ocupó el cargo hasta 1992, cuando perdió en las primeras elecciones multipartidistas del Congo.

Volvió al poder en 1997, tras una corta pero sangrienta guerra civil en la que fue apoyado por las tropas angoleñas. Desde entonces, Nguesso se ha mantenido en el poder, tras ganar los comicios en 2002 y ser reelegido en 2009.

La oposición ha criticado la reciente maniobra constitucional para optar a un tercer mandato como una forma de aferrarse al poder -en la línea de otros mandatarios regionales, como los presidentes de Burundi, Ruanda o República Democrática del Congo- y duda de que haya garantías de elecciones libres y justas.

Uno de los principales candidatos y exconsejero de Seguridad del propio Nguesso, el general Jean Marie Michel Mokoko, fue recibido a pedradas y con gas lacrimógeno a su retorno al país el pasado febrero.

«Siento la llamada del pueblo y he decidido cruzar el Rubicón», dijo Mokoko, también exjefe de las Fuerzas Armadas y considerado el único candidato capaz de generar una alternancia en Congo.

La única mujer de entre los candidatos es la escritora Gilda Rosemonde Moutsara Gambou, de La Conciencia Libre, un pequeño partido de la oposición.

El principal partido de la oposición, la Unión Panafricana por la Socialdemocracia (UPADS), estará representado en la carrera presidencial por su secretario, Pascal Tsaty-Mabiala, quien fue ministro de Defensa del expresidente Pascal Lissouba.

Por otro lado, el exministro de Nguesso Andre Okombi Salissa se presentará por la Convención para la Acción, la Democracia y el Desarrollo.

Junto a la oposición, observadores de la Unión Europea y EEUU han denunciado las prácticas antidemocráticas del régimen de Nguesso, especialmente desde la campaña del referéndum del pasado octubre.

La reforma de la Constitución fue aprobada con un apoyo del 92 por ciento en una consulta que, sin embargo, la oposición calificó de «fraude», y que contó con una irrisoria participación del 5 %, según la Comisión Nacional Electoral.

La propuesta de Nguesso prosperó en medio de protestas y una violenta represión en la capital, Brazzaville, donde murieron cuatro personas, según fuentes oficiales, y una veintena según los manifestantes.

Posteriormente, se produjo la detención y el arresto domiciliario de opositores, entre ellos antiguos ministros.

La embajadora de EEUU en Congo, Stéphanie Sanders Sullivan, ha abogado por la alternancia y el respeto a los derechos humanos, y ha sido acusada en los medios oficialistas de participar en un «complot para desestabilizar a Nguesso» tras reunirse con la oposición.

Por su parte, la Unión Europea no enviará observadores a las elecciones del 20 de marzo porque considera que la nueva ley electoral congolesa no garantiza la celebración de comicios «democráticos, inclusivos y transparentes».

«Las reformas introducidas en la ley electoral en enero son limitadas», expresó la UE en un comunicado emitido el mes pasado.

El presidente congolés respondió a estas críticas aludiendo al «desconocimiento de África» por parte de los occidentales y pidió a su pueblo que le «deje terminar su trabajo». EFE