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La violencia individual cobra fuerza en Colombia a las puertas de la paz

Cynthia de Benito

Bogotá, 10 mar (EFE).- La violencia individual o a pequeños grupos cobró fuerza en Colombia en 2015, año en el que el avance de las negociaciones de paz con las FARC redujo el conflicto armado a niveles históricamente bajos, según un informe del Comité Internacional de Cruz Roja (CICR) divulgado hoy.

El documento, titulado «Colombia: Retos humanitarios 2016», fue presentado hoy en Bogotá por el jefe del CICR en Colombia, el suizo Christoph Harnisch, quien destacó que pese a la proximidad de la paz «la realidad de las personas no ha cambiado mucho».

«A la espera del fin del conflicto armado, muchos colombianos no sienten aún el impacto de los avances de las negociaciones en La Habana. Siguen sufriendo múltiples formas de violencia y siguen necesitando ayuda humanitaria», apuntó.

El CICR registró el año pasado en las zonas en las que está presente 812 posibles violaciones de los derechos humanos, cifra que está en «los mismos niveles de violencia contra la población que en años anteriores», si se tiene en cuenta que en 2014 el organismo reportó 875 incidencias.

Esas presuntas violaciones de los derechos humanos, así como otros ataques a la población dentro y fuera del conflicto armado, dejaron en 2015 unas 19.000 víctimas, que según los registros del organismo correspondieron en su mayoría a amenazas de muerte, desapariciones y violencia sexual cometidos por diferentes actores.

Son datos que contrastan con, tal y como reconoce el CICR, el «alivio» que vivieron muchos colombianos en el campo con la reducción del conflicto armado, que ha contribuido a que el último semestre de 2015 haya sido «el más pacífico de los últimos 51 años», según el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac).

Para explicar esta situación el CICR sostiene que los ataques se produjeron «gota a gota», es decir, agresiones «en contra de una sola persona o grupos pequeños, lo que suele impedir que se hagan visibles», especialmente los casos de amenazas y violencia sexual.

Como dato a destacar, el informe subraya que la mitad de los actos fueron cometidos contra niños y mujeres.

«La conclusión para nosotros es que hay una mejora pero esta mejora no es suficiente para impactar de manera concreta en la vida de las personas», apuntó el jefe del CICR en Colombia.

Además del análisis del 2015, el organismo centró su atención en cuatro retos humanitarios para el país este año: la búsqueda de desaparecidos, la presencia de minas y otros artefactos explosivos, la violencia que se origina por fuera del conflicto armado y la crisis del sistema penitenciario.

Con respecto a los desaparecidos, se cuentan ya 79.000 en Colombia, donde durante 2015 se reportó una ausencia «cada hora».

En este sentido, el CICR pidió al Gobierno colombiano y las FARC «acelerar la implementación del acuerdo» que alcanzaron en octubre para buscar a desaparecidos y aliviar así el sufrimiento de los familiares, cuyas preocupaciones recogió por primera vez en el informe «No los olvidamos», también presentado hoy.

Por otro lado, el organismo subrayó que la erradicación de las minas antipersona será un reto fundamental este año, ya que con la reducción del conflicto y su previsible fin en próximas semanas, las personas desplazadas «retornan a sus sitios de origen sin la certeza de que los caminos estén libres de artefactos explosivos».

La sobrepoblación en cárceles es otro elemento «preocupante» para el CICR, que afirma que las prisiones colombianas «albergan a 42.783 detenidos de más», lo que representa un hacinamiento del 54,9 %.

Una de las consecuencias de esta situación es que muchos reos «no han podido acceder a servicios de salud a pesar de sufrir complicaciones graves», una situación definida por el organismo como «insostenible» desde el punto de vista humanitario.

Por último, el CICR alertó sobre la «nueva geografía de la violencia» más allá del conflicto armado, que incluye a bandas armadas y pandillas que ejercen extorsiones, control territorial y desplazamientos que ahora se producen en las ciudades.

De hecho, una de cada cuatro presuntas violaciones de derechos humanos en 2015 ocurrió en entornos urbanos, según el estudio. EFE

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