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Reactivación nuclear y recelos conviven en Japón 5 años después de Fukushima

Andrés Sánchez Braun

Tokio, 10 mar (EFE).- El temor y el rechazo a lo nuclear siguen muy presentes en Japón cinco años después de Fukushima pese a la insistencia del Gobierno en reabrir centrales, una de las cuales acaba de ser detenida por orden de un tribunal que ha cuestionado su seguridad.

Las últimas encuestas revelan que el 55,3 por ciento de los japoneses rechaza la reapertura de plantas por miedo a que se repita otra tragedia como la que originó el terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011; y tan sólo el 36,9 por ciento apoya esa medida.

Un sondeo realizado este mes por la agencia Kyodo muestra que dos tercios de las administraciones locales quieren que el país reduzca en el futuro su dependencia energética de las nucleares (de hecho, un 21 por ciento apuesta directamente por el apagón atómico).

Del lado del Gobierno del primer ministro Shinzo Abe, cuyo plan pasa por hacer que Japón genere un 20-22 por ciento de su electricidad a partir de la fisión nuclear para 2030, están las localidades que acogen las plantas y cuya economía depende casi por completo del funcionamiento de las mismas.

Aunque ese porcentaje al que aspira el Ejecutivo queda aún lejos, dos reactores están operativos tras un apagón de dos años y de que el regulador -que fue disuelto en 2012 y refundado por su nefasto papel en la crisis de Fukushima- estableciera criterios de seguridad más estrictos.

Son el 1 y 2 de la central de Sendai (suroeste del país) que empezaron a funcionar los pasados 11 de agosto y 15 de octubre, respectivamente, entre las protestas de activistas y habitantes de la región.

Mucho más polémico es el caso de la central de Takahama, la que mejor encarna el fuerte rechazo que desata en Japón el retorno a la generación atómica y las trabas que están encontrando el Gobierno y las eléctricas en este terreno.

La planta se sitúa en Fukui (oeste), prefectura considerada como el «motor nuclear» de Japón, ya que carga con el mayor peso en cuanto a instalaciones al albergar 11 de los 43 reactores en condiciones operativas que existen en Japón.

Después de lograr el visto bueno del regulador y de un juzgado local que inicialmente prohibió su puesta en marcha ante las dudas por sus sistemas de prevención de desastres naturales, como el de 2011, la empresa operadora de Takahama reactivó los reactores 3 y 4 los pasados 29 de enero y 26 de febrero, respectivamente.

Sin embargo, la unidad número 4, que había registrado una fuga de refrigerante apenas una semana antes de su encendido, entró en parada automática por una sobretensión eléctrica apenas tres días después de ser puesto en marcha.

Mientras este reactor permanecía detenido a la espera de determinar la causa del fallo, otro tribunal atendió el 9 de marzo la demanda de un grupo de particulares que consideran que el funcionamiento de Takahama pone en peligro a toda la región colindante y ordenó la detención inmediata del reactor restante.

La parada de la planta por orden judicial ha reavivado aún más el debate nuclear en el archipiélago, mientras el Gobierno central defiende su política y el criterio del regulador, que considera que ha diseñado el «sistema de seguridad atómica más estricto del mundo».

El Ejecutivo de Abe, refrendado en las urnas en 2014, subraya que si Japón pretende dar un importante empujón a su economía, puede y debe volver a confiar en las nucleares.

El apagón nuclear tras Fukushima ha obligado al país, que carece de recursos energéticos y que obtenía un tercio de su electricidad de la fisión atómica, a incrementar enormemente la importación de hidrocarburos, algo que lastra su balanza comercial.

La tesis es apoyada por las eléctricas regionales, que pierden decenas de millones al día por mantener sus reactores apagados y tener que usar costosas plantas termoeléctricas para compensar el parón nuclear.

Además encararán un entorno mucho más competitivo a partir de abril, cuando se rematará la liberalización del sector. EFE