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Cinéfilos de 'segunda'… fila: cuando ver una película se convierte en un calvario

'El Renacido', 'Carol', 'La Habitación' o 'Spotlight'. Todos estos filmes han triunfado en las salas de cine en España y convencido a la Academia del Cine estadounidense, que ha decidido premiar su trabajo con los Oscar. Filmes largos (por encima de las dos horas de duración) que suponen un gran problema para los amantes cinéfilos con problemas de movilidad reducida que viven una auténtica tortura cada vez que acuden a ver un estreno.

Cristian, un joven vitoriano de 23 años, ha conseguido a través de Change.org (su petición supera las 1.600 firmas) que su reivindicación haya tenido una mínima repercusión pública. Él, amante del cine, acude cada vez que puede («me encanta, confiesa, como todo el arte») pero asegura que se le quitan las ganas porque supone un quebradero de cabeza ver una película en la fila 2 o en la 4, la que le asignan por sufrir parálisis cerebral y desplazarse con una silla de ruedas.

«Acabamos con el cuello hecho polvo. Puede ser una hora, dos o incluso tres. Yo afortunadamente puedo bajarme de mi silla y mis amigos pueden subirme hasta un asiento más centrado. Si quiero ir solo, es imposible. No puedo ir en contra de mi salud», asegura el joven.

Cristian acudió el pasado sábado con una amiga suya, Amaia, para disfrutar de una película en los cines Yelmo, situados en el Boulevard de Vitoria. Pidió una hoja de reclamaciones para exigir que se hicieran cambios en las salas y hacerlas más accesibles pero en taquilla le explicaron que era más recomendable «hacer una sugerencia».

Sugerencias que caen en el olvido y que ha provocado que Cristian haya decidido proponer a las principales salas de cine que coloquen un elevador en las salas y retirar dos asientos de la parte superior o central de estas para que las personas como él disfruten del cine como el resto.

Este joven no pide descuentos en la entrada («no iría ni aunque me la regalasen», aclara) sino que personas como él sean escuchadas. «Muchos cine se resguardan en la opinión de que no hay personas con movilidad reducida que vayan a ver las películas. ¿Cómo van a ir? Si es un infierno», defiende el joven.

Pese a la repercusión que ha tenido su petición, el joven vitoriano ha denunciado que ha recibido mensajes que le dicen que «hay cosas más importantes». «Las hay, reconoce Cristian, pero igual que voy a un museo y no tengo problemas, debería ir a un cine a disfrutar de una película como cualquier otra persona». De los conciertos no se queja, ya que «te pasa lo mismo que si eres [email protected]». «No se puede hacer nada», aclara.

VACÍO REGULATIVO

El principal problema que impide a las personas con movilidad reducida acudir al cine y disfrutar de las películas como el resto de espectadores es la ausencia de un desarrollo normativo. «No hay una regulación estatal sobre este asunto. Hay veces que nos colocan en las última fila, otras veces en las salidas de emergencia para favorecer su auxilio en casa de emergencias malas», denuncian desde la Federación de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de la Comunidad de Madrid (FAMMA).

Desde FAMMA entienden como «injusto» que las personas con movilidad reducida deban ocupar las primeras filas cuando aseguran que las que no tienen discapacidad «no se sientan en las ocho primeras filas de butacas», las cuales se queden sin ocupar en las principales salas de los cines más grandes de España.

Su presidente, Javier Font, denuncia que les han llegado muchas quejas de personas con problemas de movilidad reducida que han salido con fuertes dolores al salir del cine, síntomas que describía anteriormente Cristian y que han denunciado decenas de personas que se han sumado a su petición en Change.org.

«Cuando podemos pasar a los cine nos ubican a tres o cuatro metros con una pantalla enorme de 600 metros cuadrados delante de nosotros. La fuerza que se produce en el cuello es muy importante», reflexiona Font.

Más allá de discapacidades físicas, lo recomendable es que la distancia mínima entre el espectador y la pantalla ha de ser 1,5 veces el ancho de la superficie de la pantalla. En caso de que la distancia sea menor, se mueve la cabeza para percibir todas las imágenes, algo que perjudica gravemente toda la zona de las cervicales.

La gran mayoría de cines que hay en España (con más de una década de antigüedad) no ven con buenos ojos tener que realizar cambios en sus salas para adaptarse. ¿Por qué? Por problemas «presupuestarios». Cambiar el diseño de todas ellas supondría un gasto de muchos 'ceros', algo que no les compensa en la gran mayoría de los casos.

Desde FECE señalan que «no pueden hacer una valoración general» de la economía de los cines pero tienden la mano a «una reunión con cualquier asociación que nos quiera realizar cualquier tipo de propuesta para su valoración y estudio en profundidad».

¿QUIÉN CUMPLE MEJOR: LOS PEQUEÑOS O LOS CINES GRANDES?

La Federación de Cines de España (FECE) señala que los cines, sean grandes o pequeños, reservan espacios para las personas con problemas de movilidad. Además, defienden que no son siempre al principio de la sala. «En ocasiones se sitúan en la zona central o lateral de la sala. Además, tanto si compran las entradas por Internet, como en la propia taquilla, el espectador puede saber la ubicación exacta de su localidad», advierten.

En Vitoria, Cristian acude habitualmente a dos cines: los Yelmo del centro comercial Boulevard o los Florida, situados muy cerca del céntrica Plaza de España. En concreto, estos últimos cines, mucho más pequeños, paradójicamente, permiten que las personas con movilidad reducida disfruten, más cómodamente, de las películas que proyectan.

«Los cines Florida sí que tienen rampa. Eso sí, tienen sus cosas buenas y sus cosa malas. La entrada es algo más cara y tienes que rascarte el bolsillo», apunta el joven, quien defiende que en otras salas de proyección «les obligan» a situarse en medio del pasillo.

La situación se complica en ciudades pequeñas pero los cines de Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao o Las Palmas de Gran Canaria tampoco favorecen el acceso a las personas con problemas de movilidad.

Hay excepciones, eso sí, como el caso de Kinepolis, que cuenta con centros en Alicante, Granada, Madrid o Valencia, (la gran mayoría de sus salas cuentan con localidades específicas para discapacitados: varias de ellas cuentan con hasta 25 plazas) sí que permiten disfrutar de los estrenos a todos ellos, incluso con descuentos para la gran mayoría de ellos.

Javier Font, presidente de FAMMA, explica a Qué.es que se encuentran trabajando con varias empresas importantes de España para que esos descuentos se hagan efectivos en un corto plazo. «Es necesario porque no es una cuestión de capricho, especialmente en los casos de personas que necesitan acompañante y que tienen un doble gasto para poder disfrutar del cine«, apunta.

Font agradece la labor «por propia voluntad» que han hecho muchas salas de cine. Aun así, considera que queda una larga labor por desarrollar para intentar estipular un plazo prudente de tiempo en el que no solo se actúe en las nuevas salas («apenas se construyen», concreta) sino en las antiguas.

Desde FAMMA consideran como «urgente» atender las necesidades de las personas con movilidad reducida ya que consideran que el cine es un buen «instrumento de socialización» que puede marginar a muchos de los afectados que tienen problemas para acudir a disfrutar de las películas estrenadas cada viernes. Según FECE, los cines tratan por igual a todos los espectadores y «no hay cinéfilos de primeras y de segundas».

En teoría, a partir del año 2017, un real decreto obligará a todos los edificios construidos deben ser accesibles (contando con una plataforma salvaescaleras u otra alternativa similar). Veremos si se acaba cumpliendo la Ley General de Derechos de las Personas con Discapacidad y de su Inclusión Social.