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El escándalo de los diésel Renault vuelve a poner a la industria del automóvil bajo sospecha

Renault echa más leña al fuego del escánadalo Volkswagen. El sidnicato CGT reveló ayer que el apsado 7 de enero fueron investigadas varias sedes de la compañía por parte de la Dirección General de la Competencia, del Consumo y de la Represión del Fraude franceses por un presunto fraude en las emisiones de sus vehículos diésel.

El caso, que recuerda demasiado al terremoto de Volkswagen, cayó como una tormenta en el sector (y en la Bolsa). El grupo Renault divulgó a primera hora un comunicado en el que, aunque reconocía la existencia de tales registros, aseguraba que «el procedimiento en curso no pone de manifiesto la presencia de un software malicioso equipado en los vehículos de Renault«.

Y añade: «Los tests en curso permiten anticipar soluciones de mejora para los vehículos de Renault que salgan de las factorías y también para los que ya están en circulación. El Grupo Renault ha decidido que estas soluciones  se presenten rápidamente en un  Plan de Emisiones de Renault, que tendrá como objetivo reforzar el rendimiento energético de nuestros vehículos«.

Por su parte, la ministra de Ecología del Gobierno francés, Ségolène Royal, intervino más tarde para aclarar que las inspecciones se enmarcan dentro de una investigación que atañe a 100 vehículos de ésta y otras marcas, cada una en función de su cuota de mercado, y de los que por el momento se han examinado 22. Royal negaba que se hubiera detectado ningún software o mecanismo diseñado para el trucaje de las emisiones en los vehículos de Renault, aunque confirmaba que éstas eran mayores de lo permitido en emisiones de CO2 y de óxido de nitrógeno.