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La Barceloneta se manifiesta contra el turismo incívico

Un año después de la rebelión  de los vecinos de la Barcelona, el barrio
marinero de la ciudad condal, las protestas siguen en pie.

Las actitudes incívicas de los turistas que provocan
disturbios a altas horas de la madrugada, beben en litronas por las calles y
muestran los torsos desnudos a cualquier hora son una constante, también, este
verano.

Los vecinos han pedido al consistorio que, además, de los
agentes cívicos
envíe al barrio antidisturbios de la Guardia Urbana. Pretenden que
sirvan de intimidación
y puedan bajar el tono de las fiestas de estos turistas
y, si es posible, les impidan hacer pipí en las esquinas de las calles o en los
mismos portales.

El año pasado, el ayuntamiento de Barcelona abrió 387
expedientes
sancionadores a pisos turísticos ilegales. Esto ha amedrentado a
otros propietarios que no se han visto con ánimo de hacer el agosto por el
miedo a las multas.

Entre los manifestantes de la Barceloneta, la edil
Gala Pin
que ha sintonizado con las inquietudes de los vecinos y está de su
lado en la mayor parte de sus reivindicaciones.

Pertenece al barrio lo que le permite tener un margen de
maniobra más amplio
para conocer cuáles son los problemas y cómo deben atajarse.

Los vecinos de la Barceloneta recurren al aire acondicionado para
poder dormir con las ventanas cerradas. Los gritos, los alborotos y las fiestas
nocturnas aconsejan proveerse de buenos aparatos si el verano transcurre en el
barrio.