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Siria.- Las insurgencias sirias forjan sus propios feudos en la partición 'de facto' del país

La vieja Siria unida ya no lo es, y probablemente no lo sea

BEIRUT, 29 (Reuters/EP)

Tras cuatro años de guerra civil que se han llevado la vida de más de 220.000 personas, el presidente sirio, Bashar al Assad, no es capaz de defender todo el país ni puede mantener las esperanzas de recuperar el territorio perdido, con lo que el país enfrenta el peligro de no encontrar una solución antes de diez años y de no volver a ser una Siria unida nunca más.

Al mismo tiempo, los principales bloques de insurgencias parecen estar forjando sus propios feudos en lo que todo apunta a una partición Siria 'de facto': el grupo terrorista Estado Islámico en el este; una alianza islamista rival en el noroeste; los rebeldes nacionalistas en el sur y los kurdos en el norte.

Mientras pocas cosas parecen seguras en medio del caos en Siria, algunos expertos en el conflicto pronostican un nuevo escenario en el que las fichas de sangriento rompecabezas puedan ser movidas por señores de la guerra.

«Siria se encuentra en posición de una partición no declarada», ha asegurado el director del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, Rami Abdulrahman, organización que recopila información en áreas de difícil acceso para autoridades extranjeras y periodistas.

«El régimen trata de minimizar su despliegue sobre otros frentes para centrar sus esfuerzos en áreas limitadas que poseen una importancia estratégica», ha asegurado a la agencia Reuters.

Asimismo, ha agregado que las autoridades quieren fortalecer las zonas costeras para lo que han creado una brigada especial cuya misión es defender las aldeas predominantemente alauíes, la secta chií minoritaria a la que pertenece Al Assad.

PARTICIÓN 'DE FACTO'

Desde marzo, Al Assad ha perdido de forma incesante grandes partes de territorio, y su cada vez más reducido Ejército, reforzado en los últimos meses por efectivos iraníes y aliados chiíes como los combatientes del partido milicia chií libanés Hezbolá, está siendo empujado a líneas defensivas.

El primer síntoma de que la guerra está cambiando de forma lo aportó la caída de Idlib en marzo, seguido por la de Jisr al Shughur, una estratégica aldea con acceso a Latakia y a la cosa, feudo de la familia Al Assad.

Estas dos victorias se las apuntó la coalición islamista Jaish al Fatá (Ejército de la Conquista), que incluye entre otros a grupos como al Frente al Nusra –filial de Al Qaeda en Siria– y al salafista Ahrar al Sham. La coalición islamista presiona en la actualidad a las tropas leales a Damasco cada vez más hacia el oeste.

Entretanto, Estado Islámico, quien declaró su califato en Siria e Irak hace un año, mantiene fuertes combates con las milicias kurdas por su gran bastión de Raqqa, capital de su autoproclamado califato; mientras que los incesantes bombardeos aéreos lanzados por la coalición internacional que lidera Estados Unidos no han impedido el avance de los yihadistas en Siria e Irak.

Además, el mes pasado se hizo con el control de la histórica localidad de Palmira, en el centro del país y declarada Patrimonio de la Humanidad, mientras que las fuerzas de Al Assad seguían retrocediendo hacia el oeste.

En el sur del país, después del fracaso de una ofensiva liderada por la Guardia Revolucionaria iraní y Hezbolá para frenar a las insurgencias que amenazaban la carretera hacia Damasco, se ha hecho fuerte la alianza 'Frente Sur', que es uno de los últimos puntos de apoyo de los grupos rebeldes no dominados por yihadistas radicales.

En el noreste, los combatientes kurdos han arrebatado a la organización terrorista importantes posiciones cerca de la frontera con Turquía, primero en Kobani, escenario de una de las mayores batallas contra Estado Islámico el año pasado. Las Unidades de Protección Popular (YPG) kurdas, respaldadas por los bombardeos de la coalición, consiguieron expulsar a los milicianos de negro de la ciudad en enero tras cuatro meses de combate. Y después en Tel Abyad, cortando vías de abastecimiento entre Turquía y Raqqa.

LEJOS DE LA ANTIGUA SIRIA

Fawaz Gerges, profesor de Relaciones Internacionales en el London School of Economics, apunta que «la vieja Siria, la nación-estado, y un Estado en sí mismo ya no lo es. Lo que tenemos ahora son tribus enfrentadas y en guerra, actores no estatales y señores de la guerra».

«Será extremadamente difícil que Siria vuelva a ser un único país. Su esencia social y los fuertes lazos que la unían han sido desmantelados», lamenta el experto en Siria.

«El Gobierno de Al Assad controla un área que corresponde más o menos a una zona con una identidad central. Sí, hay muchos suníes y cristianos que viven ahí pero se ven a sí mismos como parte de este núcleo», detalla.

En este sentido, Abdulrahman señala que «la derrota de Idlib tuvo un gran impacto para el régimen porque uno de sus comandos prácticamente ni tan siquiera luchó, mientras que no pudieron defender Palmira por la falta de soldados». El Gobierno perdió alrededor de 300 efectivos en esa ocasión, explica.

El Gobierno de Damasco y Hezbolá apuntan a que los últimos retrocesos son propios del «tira y afloja» de un conflicto donde ya en el pasado perdieron y retomaron varios territorios.

Desde Idlib, las tropas leales a Al Assad han concentrado sus esfuerzos en mantener el control de sus ciudades más importantes, entre las que se encuentran Deraa –foco de una nueva ofensiva rebelde– y Hasaka –donde Estado Islámico ha lanzado varios ataques–. Desde mitad de mayo, miles de iraníes han llegado para brindar su apoyo en la costa noroeste y en los alrededores de Damasco.

«Se acabó», ha sentenciado Abdulrahman. «De ahora en adelante la minoría no gobernará sobre la mayoría. Bashar no está convencido, pero los alauíes, que encabezan las mayores pérdidas en Siria sí lo están», explica. «Más de 80.000 alauíes han muerto según los datos registrados, pero las cifras reales pueden llegar a los 120.000», ha especificado.

¿UNA LARGA GUERRA?

Sarkis Naum, un destacado comentarista, asegura que Rusia, Irán y Hezbolá están convencidos de que Al Assad ha perdido la guerra. «Quizás sea imposible para él mantener en el futuro Damasco, Alepo o Hama», señala.

Sin embargo, algunos analistas advierten de que el futuro del país puede depender del contexto regional entre el chií Irán y la suní Arabia Saudí, lo que añadiría todavía más años de enfrentamientos.

Por el momento, la línea suní más radical que representa Estado Islámico controla el este de Siria y gran parte de la parte occidental iraquí, mientras que incita a sus seguidores a cometer ataques suicidas como los ocurridos el viernes en Francia, Kuwait y Túnez.

«Incluso si el régimen colapsara mañana, no habrá una solución en Siria antes de diez años. Habrá decenas de miles de alauíes que no entregarán sus armas porque serán masacrados. ¿Quién va a eliminar a los más de 50.000 yihadistas que han entrado a Siria», se cuestiona Abdulrahman.