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Cómo se contagia la Hepatitis C

La Hepatitis C es una infección producida por el virus de la Hepatitis C y se encuentra en la sangre de aquellas personas que padecen esta enfermedad. Esta infección afecta a alrededor de 170 millones de personas en todo el mundo. Pero, ¿cómo se contagia? Principalmente el virus se contagia a través de la sangre, en pocas ocasiones por mantener relaciones sexuales y rara vez de madre a hijo. 

Entre las formas de contagio más usuales están las transfusiones sanguíneas, el uso compartido de jeringuillas y por tatuajes y piercings.

Desde hace mucho tiempo es poco frecuente que este contagio se produzca por transfusiones sanguíneas, ya que la sangre se somete a varios controles para determinar su calidad. Sin embargo, antes de los 90, muchas personas se contrajeron la enfermedad por este medio.

Sin duda, el uso compartido de jeringuillas es lo que ha provocado mayores contagios, sobre todo entre los pacientes adictos a drogas y aquellas personas que fueron tratadas con jeringuillas no desechables

Con los tatuajes y los piercings también hay que tener mucho cuidado. A la hora de realizarte uno tienes que cerciorarte que lo haces en un lugar con licencia, con todos los materiales necesarios y, por supuesto, con las medidas higiénicas adecuadas. La persona que hace piercings tiene que llevar guantes y lavarse las manos después de cada trabajo.

Otra forma, rara, pero posible para el contagio del virus es el uso compartido de cepillos de dientes o maquinillas de afeitar, las cuales pueden poner en contacto la sangre de un paciente afectado con la de uno no afectado.

También es importante dejar claro que la Hepatitis C no se contagia a través de la leche materna, la tos, estornudos o compartiendo comida o bebida, así como platos y vasos.

La hepatitis puede ser al principio una enfermedad asintomática y pasar desapercibida, por lo que muchos pacientes no son conscientes de que la padecen. En la fase aguda solo un 5% de los afectados tienen un cuadro típico de cansancio, orinas oscuras o falta de apetito. Una vez que avanza y es crónico, los síntomas que aparecen son hinchazón en las piernas y el abdomen, aparición frecuente de hematomas y un tono amarillento en la piel.

Actualmente existen varias posibilidades para tratar esta enfermedad. El tratamiento farmacológico consiste en una combinación de un fármaco antiviral con el interferón pegilado, aunque no todos los pacientes responden bien al tratamiento. El principal problema es su mala tolerancia. La respuesta al tratamiento depende en gran medida de lo avanzada que esté la infección.