Quantcast

Nick Cave, creador obsesionado y autodestructivo en la biografía Compartiendo las semillas

MADRID, 12 (EUROPA PRESS)

El australiano Nick Cave, acompañado por sus inseparables Bad Seeds, lleva desde los años 80 firmando discos que muchos consideran clásicos y construyendo una leyenda como poeta maldito. La biografía 'Nick Cave & The Bad Seeds. Compartiendo las semillas' (66rpm), del profesor de la Universidad Popular de Gijón y en el Aula de Música Pop Rock de la Universidad de Oviedo Jorge Alonso, indaga en esos dos extremos.

El autor analiza con meticulosidad todo su cancionero, desde la fase más experimental con su banda iniciática The Birthday Party, hasta los días de elegante mito del underground de gustos bíblicos y con los Bad Seeds y todo el negocio que conllevan a su espalda.

Todo ello sin separar el fruto de la raíz, poniendo el foco allí donde nacen las canciones, en un genio creador compulsivo y a veces hasta dictatorial, que gracias al amor por su obra se escapó del zarpazo mortal de las adicciones.

«Desde los 19 años estuve abusando de la heroína. Durante esa época estaba fuera de control. Tengo dos facetas, una es constructiva, la otra tremendamente destructiva. Cuando emerge esa cara, me enfurezco con todo y con todos, y me niego a ver a nadie. No puedo controlarlo, pero cuando despierto por la mañana inmediatamente sé qué demonios van a decidir por mí el resto del día», señala Cave al inicio de la biografía.

En ocasiones, el libro parece jugar a contar lo que podría haber sido Cave si no hubiera dado el salto hacia la vida y el arte. Se empeña en dejar claro que se trata de un artista amante de la literatura, la pintura y, obviamente, la música, no como otros músicos que sucumbieron al lado más oscuro del éxito a finales de los años 70 y 80 y que procedían de ambientes más marginales.

A Cave le encantaban Johnny Cash (quien acabó versionando su tema «The Mercy Seat»), Lou Reed o T.Rex, y como ellos caminó por el alambre, pero con una característica especial: su obsesión por el trabajo y la creación.

Por ello, y por algún altercado judicial, Cave se sometió a un tratamiento de desintoxicación a finales de los 80 para dejar atrás la heroína, aún con el riesgo de encontrar que sin ciertos estímulos no era capaz de crear.

Por ello (y por su desgarrado romance con Vivianne), se traslada a Sao Paulo, donde encuentra el equilibrio entregado a su trabajo. Y, por ello, rechaza también un premio concedido por la Mtv con un sencillo argumento: «Mi musa no es un caballo y no me encuentro en una carrera de caballos».

EL CAVE MÁS PERSONAL.

Esa forma de conducir su carrera musical y escapar de los excesos fue posible por su talante marcadamente dominante. Alonso relata que llegó a golpear en la nariz a un técnico por no ajustarle adecuadamente el volumen de los auriculares en una manifestación.

Años más tarde, ese mismo carácter le llevó a empapelar el estudio con anotaciones sobre acordes o letras que nadie, salvo él, podía modificar a mano. Y aunque tuvo colaboradores fieles como el miltiinstrumentista Mick Harvey o el guitarrista Blixa, siempre marcó ese tipo de fronteras.

«Llámame antiguo, pero creo que hay cierta nobleza en el trabajo diario», llega a decir Cave, quien, en su afán por tocar la guitarra en medio de un proyecto alternativo a los Bad Seeds que bautizó como Grinderman, se sometió a un aprendizaje intensivo de ese instrumento de ocho semanas.

Entre tanto, el autor muestra un dominio más allá de lo escrito sobre Cave, esconde más de lo que cuenta del propio artista y se pasea por otros aspectos tan llamativos como el idilio del australiano con Pj Harvey o su capacidad para componer una canción en un sólo trayecto a por tabaco.

«Siempre estuve trabajando y escribiendo, de hecho es lo que me mantuvo vivo. Estaba demasiado ocupado para morir», apostilla un Nick Cave que actuará en Barcelona y Madrid, los próximos 21 y 22 de mayo.