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SSANGYONG KORANDO. ¿Y el Norte? ¿Dónde está el Norte?

Hasta en la publicidad nos decían que necesitábamos un poco de Sur para poder ver el Norte. Pero, obviamente, no vamos a hablar de cervezas era de cerveza el anuncio, ¿verdad? sino de coches. Así que vamos a ello. Creo.

El teléfono, el inalámbrico, el móvil y el smartphone

En este mundo hay inventos útiles, evoluciones prácticas de esos inventos y luego, a veces, idas de olla que molan mucho pero que, si lo piensas bien, maldita la falta que hacían. Eso, más o menos, es lo que ha sucedido con el teléfono, el inalámbrico para andar por casa, el móvil para ir por la calle y el teléfono inteligente, que es la forma inteligente, valga la redundancia, de decir smartphone. Y un smartphone es un cacharro que dicen que es muy listo pero que a veces hace que te vuelvas tonto. 

Cuando decides que quieres tener un smartphone empiezas pensando en uno sencillito, pero acabas mirando uno sideral… que vale el doble o el triple. Pero te lo compras con toda la ilusión del mundo y para ser más que tu vecino, ¿verdad?, mientras piensas «la de tiempo que voy a ahorrar revisando los correos del trabajo mientras estoy fuera de la oficina…», pero la realidad es que luego te dedicas a jugar al pou o los angry birds, ver el «güasáp» y te pierdes una buena conversación con los que tienes tomando una caña al lado. Hasta eres capaz de rechazar una llamada porque estás liado viendo las redes sociales y es mucho más importante saber qué tuitea la choni o el cani famosillo de turno que hablar con tu hermano. Pues eso, que estábamos hablando de coches. Porque tú no chateas mientras conduces… ¿a que no?

Ya que…

Porque con los coches, muchas veces pasa poco más o menos lo mismo. Sobre todo con esos coches tan polivalentes como los todoterreno, los crossover, los todocamino, los SUV, los SAV o como los quieras llamar.

Sabes que tu presupuesto tiene un límite y que, en el fondo, lo único que necesitas es un coche con carrocería familiar por su amplitud, pero algo más alto por la sensación de seguridad. Aunque tus amigos que «saben de coches» te dicen, con razón, que un coche más alto es menos seguro. Vamos, que quieres algo que parezca un todoterreno aunque no lo sea. Pero empiezas con los «ya que…» y, al final, como los todoterreno son 4×4 acabas comprando uno que tiene un sistema de cuatro ruedas motrices de última generación, capaz de sacarte de un barrizal en la selva amazónica gracias a sus «nosécuántos» modos de uso. Hablando en plata, unos miles de euros más de lo que tenías presupuestado y de lo que realmente vas a usar. Porque por donde tú vas a circular la Castellana, la Diagonal o la Autovía del Cantábrico no hay barro. O no debería, salvo que se empeñe el Ministerio de Fomento. 

La fiesta… y otra vez el «ya que…»

Está claro que cuando uno se lía, se lía. ¿No te ha pasado cuando te llama un amigo para ver el partido en su casa? Él va y te dice: «Hemos quedado los 8 de siempre. Yo pongo la casa, la tele, cervezas y vosotros traéis algo más de beber y comer». Entonces, calculas: «…a ver, somos 8, llevo refrescos para 8 y tortilla de patatas para 8», pero tus amigos piensan más o menos lo mismo «…vino para 8 y empanada para 8», «…copas para 8 y postre para 8″…

Al final hay comida y bebida para 64 y, por no se sabe qué extraña seguramente etílica razón, ni te acuerdas de cómo acabó el partido. Pero sobrar, sobra de todo, como siempre. Y, como siempre, todos acabáis pensando que os lo habréis pasado genial, pero que habéis tirado el dinero sin necesidad por no calcular bien. Como sucede cuando le pones a tu SUV un equipo de música donde sobran más watios de potencia que lo que tus tímpanos soportan. O un control de crucero adaptativo que acabas por no usar, porque en ciudad no se usa y, cuando al verano siguiente te vas de vacaciones, ni te acuerdas cómo funcionaba ni cómo se activaba.

O unos faldones laterales de los que solo te acuerdas cuando, como sucede con la pintura metalizada, les das un buen rozón en algún sitio. Por no hablar de lo que sube la prima del seguro con cada elemento opcional que le añades al coche, que todo hay que tenerlo en cuenta.

Ya vale de hablar de coches.

Y para cambiar de tercio, voy a dejar de hablar de coches, que ya está bien. Porque este Ssangyong Korando D20T Premium 4×2, tiene un maletero francamente grande, está razonablemente bien acabado, tiene ese aspecto de SUV o crossover tan de moda actualmente y en los 20.000 euros que cuesta incluye un equipamiento en el que, sin pijadas salvo la cámara trasera, tiene todo lo necesario. Bueno, no tiene tracción total pero, para subirte a la acera cuando vas a recoger a los niños al colegio, te puedo asegurar que no hay necesidad de complicarte la vida con una transmisión a las cuatro ruedas que añade peso, rozamiento y consumo. Por altura libre al suelo (180 mm) y por ángulos de ataque (22,6⁰), de salida (28,3⁰) y ventral (18,5⁰), el Korando da para eso y bastante más.

Es más, te puedo asegurar con conocimiento de causa que si realmente vas a circular por carreteras con firme deslizante, va mejor un 4×2 calzado con neumáticos de invierno que un «súpermegaSUV4x4» con unos de asfalto, que es lo que suelen traer de serie. Y, sí, puedes tener un Korando con tracción total capaz de sacarte de situaciones en las que no creo que te metas, como puedes ver en esta prueba que hizo mi compañero Fernando González , donde además podrás conocer algo más en detalle lo que tiene toda la gama Korando, lo que puede llevar y lo que cuesta en comparación con el resto del mercado. Eso sí, hay mejores noticias en cuanto al precio, aunque parezca complicado, porque desde enero pasado los Ssangyong Korando con motor diésel llevan de serie un equipo multimedia con navegador integrado en vez de portátil, cámara de visión trasera en lugar de sensores de aparcamiento traseros y sensores de luces y lluvia. Si tienes en cuenta que las llantas de 17 pulgadas, las luces diurnas de leds, el climatizador y los asientos delanteros calefactables también vienen si sobreprecio, la verdad es que el coche está la mar de completo.

Hay cosas que no tiene, como el glamour de otras marcas. Pero si te paras a pensar en que quieres un SUV con lo justo y necesario más algún capricho, a buen precio, aquí tienes desde mi punto de vista una de las mejores opciones. Con uno de los mejores maleteros de su segmento si no el mejor (486 litros) aunque el borde de carga quede alto, cómodo de suspensión, con ideas prácticas como el respaldo de los asientos traseros reclinable y con un motor diésel de 149 CV que dan para moverte con soltura aunque vayas cargado, que no gasta demasiado a pesar de no tener sistema stop&starten torno a 6,5 l/100 km en uso normal y conductor solo y que no suena ni vibra o, por lo menos, no te puedes quejar en este sentido. Casi te puedes quejar algo más de que a bajo régimen empuja un poco menos de lo deseable, pero a partir de 1.700-1.800 rpm se nota bastante brío.

El único pero destacable que le veo, incluso teniendo en cuenta el enfoque del coche y el cliente tipo al que pretende satisfacer, es que tiene una dirección algo lenta en la primera fase del giro cuando circulas por carretera. Y no hace falta ir rápido para notarlo. Igual peco de sabiondo, pero me da que la junta universal de la columna de la dirección es la responsable de ese comportamiento. Sin entrar a considerar las cotas de dirección o el tarado de la dirección asistida, creo que cambiando el equilibrado o compensación de la junta de marras, seguramente este Korando iría mejor en este sentido, aunque eso tendría que ser la propia marca la que valorase si es posible meterse en ese berenjenal. Porque, a lo mejor, conseguimos que la dirección sea un poco más rápida y precisa en curva, pero en recta tenemos un coche algo nervioso. Y, precisamente, una de las mejores virtudes del Korando es el aplomo en autopista y autovía. 

Por cierto, tenga o no tenga brújula el Korando, lo que sí puedes hacer es seleccionar en el navegador que oriente la pantalla hacia el Norte. Así sabrás siempre dónde está. Y no te liarás comprando ese smartphone que cuesta el doble, ni te sobrará comida y bebida en la próxima timba que organices con los amigotes.